Encuentros y despedidas

Constantemente estamos conociendo gente que de alguna manera entra a formar parte de la vida. Esta semana sumé dos contactos más a mi BBM. Y me considero de las minorías antisociales (a veces).

Facebook tiene cinco más y Twitter es incontable. ¿Pero cuál es el motivo de ir sumando y sumando? ¿Qué pasa con esos personajes que llegan y en dos días causan estragos, amor y pasión, y el lunes siguen de largo?

Hace poco un chileno arrasó entre algunas mujeres, hubo todos los ingredientes del romance, y luego cada uno de los participantes se esfumó a sus respectivas ciudades. ¿De qué se tratan esos romances efímeros que duran 24 horas? Son los mismos que suceden durante los viajes. Los chicos disponen de toda su capacidad de coquetería porque deben resumir en tres minutos su pase para llegar más lejos.

Nosotras damos esa primera aprobación, dejando abierta la posibilidad de que estamos disponibles para sus miradas. Ojalá una sostenida. Y ahí sí al ataque. ¿Y el motivo es cuál? Sumarle al disco duro del ego del cerebelo para presumirle a la vejez, será; o, mi teoría actual, es un camino que se va recorriendo para prepararse a la llegada de ese hombre con quien vamos a recorrer un largo camino.

Mi amigo Salomón dejó como respuesta al ‘perfect match’ (mi profundamente light artículo pasado) un video de Youtube que lo pueden ver en el web page. Una ecuación matemática, sumando un par de cualidades para encontrar al hombre de la vida, dio como resultado un 0.0001% de probabilidad de encontrarlo. Debe ser ese el motivo por el cual estamos de encuentro en encuentro; ya que la probabilidad es casi nula, nos la pasamos en una constante búsqueda.

¿Y esa persona que vimos en un semáforo, cuya mirada nos deja cautivados? Ya que no lo vamos a volver a ver, ¿de qué se trató ese contacto? Sentir un pequeño mariposeo, idealizar lo que pudo haber sido, y suspirar… ¡qué tal que…!

Muchos atacan el tan impostor pasado condicional. Yo lo defiendo, no hay mejor manera de engañar al cuerpo que seguir soñando. Antonia duerme hasta 15 horas porque aprendió el arte de construir sus sueños y en cada uno de ellos ha tenido los mejores encuentros. Les dice adiós cuando se para de la cama con sonrisa plasmada. Sí, aceptémoslo, ustedes hombres y nosotras mujeres, por más diferencias físicas y creer que Marte y Venus están muy separados, estamos apuntando al mismo lado: salir del aburrimiento consciente y dejar que el único placer, que además es gratuito, nos rebote. Y a diario.

Sin importar la relación que se lleve, de años, de meses, de días, los encuentros románticos nos elevan y los otros nos dan trabajo. Pero son las despedidas las que cargan con todo el peso del sentimiento. Mientras lo estábamos viviendo, todo giraba a tal velocidad que no se caía en la cuenta del personaje que se tenía al lado. Pero para nuestro bienestar, las despedidas se encargan de hacérnoslo recordar todos los días.

O es una manera de salir del letargo para sentir que por un momento estamos logrando la elevación, “porque ser amado es un regalo no merecido”, como dijo Milan Kundera. Con el encuentro despertamos la devoción al sentido de gustarse, y con la despedida se deja impreso. Las despedidas son nuestro polo para imaginar ese lugar donde conectamos canciones, situaciones, dichos, para tener presente que sí existieron.

Aunque despedirse es indispensable, es cosa difícil hacerlo; por más corto que haya sido el encuentro, se lleva un pedazo grande de algo. Y aun cuando pongamos toda la fe para reencontrarlo, el día a día dice que va haber otro encuentro diferente, otro semáforo, otro chileno, que incite otra despedida que le prosigue a otro encuentro. Y ya que estamos en Semana Santa, alabemos los encuentros, que se nos pele la frente y no de rezar… ¡de encontrarnos!