La caverna está creciendo

Gustavo Petro, que tiene a Dios en la boca y que fue uno de los grandes electores del beato Procurador, tuvo el otro día una amistosa conversación con el periodista radial Fernando Londoño Hoyos, “el héroe de Invercolsa”.

Celebraban su triunfo sobre el “viejo y caduco” Carlos Gaviria, ese ateo despreciable que legalizó la eutanasia y despenalizó la dosis personal. No cabe duda de que el senador Petro fue la sorpresa de la consulta del Polo y de que su triunfo fue un golpe saludable a la clientela de la Anapo.

Pero oyéndolo hablar el otro día pensé que el gran derrotado en las “primarias” del Polo fue el idioma. Oír hablar a Carlos Gaviria, con su riqueza lexical, su dicción cuidadosa y su perfecta sintaxis, ha sido siempre un placer para la inteligencia. Oír a Petro, en cambio, es asistir a una catástrofe de la gramática. Para muestra esta perla: “Ahora todo el partido se debe de colocar en campaña”. ¡Ay, no me duele la política, pero qué triste derrota para el castellano!

Ese mismo procurador apoyado por Petro estuvo hace poco en Medellín azuzando a la caverna que ha intentado bloquear un bonito proyecto de la alcaldía de Sergio Fajardo: la Clínica de la Mujer. Un columnista de El Colombiano, apologista de los paramilitares, uno que dice leer mis artículos tapándose la nariz, ha sido el gran abanderado de esta “campaña moral contra la clínica abortista”.

Toda la batería, toda la beatería conservadora de la ciudad se metió de lleno contra el alcalde. Y al fin Salazar, en una melancólica carta al Arzobispo, determinó que en la Clínica de la Mujer no se harían abortos. Lo hizo, tengo entendido, para salvar al menos el proyecto donde se dará asistencia a las mujeres violadas y maltratadas, donde se asesorará a las adolescentes para que no se empiecen a embarazar a los trece años, donde se les dirá cómo evitar enfermedades venéreas como el papiloma, el sida o la sífilis, donde se les dirá que aunque el condón sea pecado, si se lo usa bien puede ser una buena medida para evitar embaraír hablar a Carlos Gaviria, con su riqueza lexical, su dicción cuidadosa y su perfecta sintaxis, ha sido siempre un placer para la inteligencia. Oír a Petro, en cambio, es asistir a una catástrofe de la gramática. Para muestra esta perla: “Ahora todo el partido se debe de colocar en campaña”. ¡Ay, no me duele la política, pero qué triste derrota para el castellano!

Ese mismo procurador apoyado por Petro estuvo hace poco en Medellín azuzando a la caverna que ha intentado bloquear un bonito proyecto de la alcaldía de Sergio Fajardo: la Clínica de la Mujer. Un columnista de El Colombiano, apologista de los paramilitares, uno que dice leer mis artículos tapándose la nariz, ha sido el gran abanderado de esta “campaña moral contra la clínica abortista”.

Toda la batería, toda la beatería conservadora de la ciudad se metió de lleno contra el alcalde. Y al fin Salazar, en una melancólica carta al Arzobispo, determinó que en la Clínica de la Mujer no se harían abortos. Lo hizo, tengo entendido, para salvar al menos el proyecto donde se dará asistencia a las mujeres violadas y maltratadas, donde se asesorará a las adolescentes para que no se empiecen a embarazar a los trece años, donde se les dirá cómo evitar enfermedades venéreas como el papiloma, el sida o la sífilis, donde se les dirá que aunque el condón sea pecado, si se lo usa bien puede ser una buena medida para evitar embarazos y enfermedades.

La godarria cree que lo mejor sería no hacer esta Clínica de la Mujer, tan peligrosa para las sanas costumbres sexuales de las antioqueñas. Ellos aspiran a que en algunas parroquias se impartan cursos de abstinencia sexual hasta la noche de bodas. Los jóvenes, en vez de aprender a usar preservativo, deberían asistir a retiros espirituales. Y así como apoyan la “seguridad democrática”, también aspiran a que la consigna uribista de “aplazar el gustico” sea también una política de Estado.

La Corte Constitucional sentenció con independencia y valentía que en Colombia es legal que se practiquen abortos en caso de violación, malformación del feto o grave peligro de vida para la madre. Es una sentencia buena, así sea tímida. Nos acerca un poco a los países civiles de toda Europa y a Estados Unidos. Era obvio que en la Clínica de la Mujer se pudiera prestar asistencia también en este aspecto fundamental de la salud reproductiva. Ya no se hará, por decisión de Salazar, pero al menos las mujeres podrán abortar, porque así lo permite la ley, en el Hospital General.

Pero la caverna trabaja para que esto se caiga y para que las “asesinas de niños” (así las llaman) no sólo sean condenadas por la Iglesia, sino también por la ley. El procurador de Petro ha declarado que la Ley de Dios está por encima de las leyes de la República. No quiere entender que nzos y enfermedades.

La godarria cree que lo mejor sería no hacer esta Clínica de la Mujer, tan peligrosa para las sanas costumbres sexuales de las antioqueñas. Ellos aspiran a que en algunas parroquias se impartan cursos de abstinencia sexual hasta la noche de bodas. Los jóvenes, en vez de aprender a usar preservativo, deberían asistir a retiros espirituales. Y así como apoyan la “seguridad democrática”, también aspiran a que la consigna uribista de “aplazar el gustico” sea también una política de Estado.

La Corte Constitucional sentenció con independencia y valentía que en Colombia es legal que se practiquen abortos en caso de violación, malformación del feto o grave peligro de vida para la madre. Es una sentencia buena, así sea tímida. Nos acerca un poco a los países civiles de toda Europa y a Estados Unidos. Era obvio que en la Clínica de la Mujer se pudiera prestar asistencia también en este aspecto fundamental de la salud reproductiva. Ya no se hará, por decisión de Salazar, pero al menos las mujeres podrán abortar, porque así lo permite la ley, en el Hospital General.

Pero la caverna trabaja para que esto se caiga y para que las “asesinas de niños” (así las llaman) no sólo sean condenadas por la Iglesia, sino también por la ley. El procurador de Petro ha declarado que la Ley de Dios está por encima de las leyes de la República. No quiere entender que nadie está obligando a abortar a las católicas. Ellas pueden decidir lo que les dicte su conciencia. Pero otras mujeres, católicas o no, pueden decidir legalmente otra cosa. Es esto lo que está vigente en Colombia.

Lo que pasa es que la caverna está creciendo, la godarria se apodera cada día más de todos los espacios de libertad, y con esta nueva reelección se prohibirá de nuevo fumar marihuana, morirse dignamente si padecemos una enfermedad terminal, usar anticonceptivos o condón (si nos parece mejor para evitar el sida o el embarazo), o no dejar que crezca en el cuerpo de la mujer la infecta semilla de un violador violento.