La educación sentimental

La educación sentimental no puede ser una guía para encontrar pareja por medio de trucos. ¡Noooo!, me opongo a dejar que los sentimientos sean clasificados y, peor aún, manipulados.

Todos esos libros de autoayuda para “levantarse a la persona de tus sueños”, o los que te guían para que la relación sea armoniosa, ¿sí sirven? ¿Alguien ha seguido paso por paso el índice y ha logrado conseguir estar con esa persona que tenía en la mira desde hacía como un año? Es más, ¿acaso alguien domina el comportamiento humano a tal perfección que da cátedra, y lo publica... y lo vende?

Leí en el periódico que esos libros son los más vendidos. ¡Terrible! Es estar constantemente pensando en qué decir, con qué tono y a qué velocidad, aplicando todo cuanto te van diciendo. Tiene que dejarlo a uno agotado. Pues eso dicen los libros que te resuelven la vida sentimental y te van revelando, paso por paso, cómo hacer que esa persona te mire. ¡Qué horror! Y lo peor es que alguien los compra, los aplica y los relee cuando ve que no le contestan el teléfono.

Existe la teoría de la inteligencia emocional, popularizada por Daniel Goleman, que explica el proceso físico de lo que sucede en el cerebro cuando el cuerpo reacciona a un afecto. Si se conoce el proceso, sería posible manipularlo. ¿Pero alguno de esos libros lo aplica? No creo, o no sé, pero me parece desolador dejar en manos de un desconocido –que a lo mejor está sentado solo en su sofá sin ni siquiera la compañía de un vecino– el futuro de una relación sentimental. ¿Qué pasó con dejarse deslumbrar por alguien que te gustó y mirarse y coquetearse y hacer estupideces porque el nerviosismo descontrola todos los músculos? ¡Eso es bello! No puede ser reemplazado por una lista de comportamientos que dictamina un extraño.

La educación sentimental no puede ser una guía para encontrar pareja por medio de trucos. ¡Noooo!, me opongo a dejar que los sentimientos sean clasificados y, peor aún, manipulados. Hay que dejar que todo fluya, que se ruborice la cara y lata el corazón como si se fuera a salir, y se trabe la lengua porque no sabe responder, y se vuelvan torpes las manos y se tenga insomnio porque no llama. Eso le da emoción a la vida. Al fin y al cabo se trata de eso, de sorprenderse cada mañana.

Me voy más por lo místico, me parece más romántico o menos comprensible cuando te dicen que no estás lista para enamorarte porque hay que esperar que los astros se alineen y confabulen. Porque cuando confabulan en el momento menos esperado… ¡explota!

Voy en contra de la inteligencia emocional, según la cual los sentimientos deben ser manejados. Quiero sabotear todos los libros de autoayuda que pretenden darte la respuesta a cómo hacer para que el vecino te ponga bolas. Lo siento por los devoradores de excusas, pero no sirven de nada. Cuando te gusta alguien, si la química de los olores se identifica, pues ahí se puede dar un primer paso… y sumarle lo que viene en la caja. Porque tampoco pretendamos tapar un envase redondo con una tapa cuadrada.

Hay que ser honestos y algo crueles para comprender que no todos están a su merced. Primero, porque no se puede, y segundo, porque no hay nada mejor que estar locamente enamorado de uno, no de varios. Todo se ve mejor. ¡Es totalmente cierto! Bueno, la verdad no se ve casi nada, porque todo está enfocado en un objeto de deseo, pero lo de alrededor, así sea un borroso, es un borroso bello.