La moda de la paz, el Quijote del siglo XXI

La moda, como la literatura y la historia, está llena de ídolos, de íconos, de momentos memorables.

El cantante que se inmortalizó con la camisa negra, y que además la puso de moda (nunca antes se vendieron tantas en el mercado masculino), hoy es el hombre de la camisa blanca, poniendo de moda no sólo su vestimenta entre los demás cantantes con un mensaje de paz sino sus conciertos sin fronteras.

Así uniformó con camisetas blancas a más de un millón de cubanos y los llenó de alegría y esperanza. Cinco horas de conexión, de comunicación, de entrega del mundo que todo lo tiene a una juventud que sueña con lo que nunca ha tenido. La moda de la paz traducida en camisetas blancas.

¡Wow! Muchos han escrito sobre Juanes, sobre sus sueños y sus logros. Sí, quijotes del siglo XXI como nuestro cantante paisa, que intenta cambiar el mundo a su manera con lo que tiene y lo que sabe. ¿Por qué no apoyarlo? Es posible que Cuba no haya cambiado después del concierto, pero la gente joven vivió una alegría que no había sentido desde que nació. Una juventud ávida, que hace lo indecible por un par de jeans, unos tenis o una sencilla camiseta. La falta de libertad de expresión no tiene ninguna visión de esperanza.

Esa esperanza y esa inspiración las sembró Juanes con su música. Muchos de los asistentes, que nunca habían pisado la Plaza de la Revolución y que estaban acostumbrados a verla como un escenario político, elevaron sus brazos al cielo cantando y bailando vestidos de blanco, acompañando a Juanes, a Miguel Bosé, a Olga Tañón; a Silvio Rodríguez, a quién el colombiano admira desde pequeño, que ha sido su inspiración; y a todos los demás.

Sus canciones, su mensaje, su energía… fue una quijotada extraordinaria que comenzó sin vacilaciones, sin echar un paso atrás, y se desarrolló con inocencia, con una dedicación incondicional para llegar a una gente ajena a todo lo que pasa en el mundo joven, ajena a algo tan natural como poder asistir a un concierto bien montado, totalmente pagado por Juan Esteban de su bolsillo, con el apoyo de su manager, el genial y visionario Fernán Martínez, y de los amigos que siguen a este trovador del futuro a donde vaya. Se acercaron con fe y cariño a una gente que lo necesitaba.

Juanes tuvo el valor de gritar ¡Viva la Libertad!, con su guitarra terciada en plena Plaza de la Revolución. Gritó sin querer convertir el concierto en algo político, pero sembró… sembró con cada acorde, con cada frase, con cada gesto, sembró. Los periodistas internacionales de distintos medios que cubrieron el concierto pueden aportar mucho, escribiendo crónicas sobre lo que vivieron y eso puede llegar a cambiar la realidad cubana. La gente joven cubana que está en el exilio, con buenos apartamentos, carros lujosos y llevando una vida llena de abundancia, puede, después de este apoteósico concierto que ya figura en los récords como el tercero más grande del planeta, hacer algo por sus contemporáneos habitantes de la isla.

Nada aplastó el sueño, nunca se perdió la fe, hubo toda clase de emociones encontradas. Todos escucharon la música llevando notas de paz sin fronteras, cargados de optimismo sin esperar nada a cambio.

Juanes convocó a la juventud a través de su música. Un verdadero campeón. Esas camisetas blancas que todos llevaron puestas el domingo 20, serán el símbolo de un sueño que los transportó, por unas horas, a ser parte de la juventud Juan Esteban de su bolsillo, con el apoyo de su manager, el genial y visionario Fernán Martínez, y de los amigos que siguen a este trovador del futuro a donde vaya. Se acercaron con fe y cariño a una gente que lo necesitaba.

Juanes tuvo el valor de gritar ¡Viva la Libertad!, con su guitarra terciada en plena Plaza de la Revolución. Gritó sin querer convertir el concierto en algo político, pero sembró… sembró con cada acorde, con cada frase, con cada gesto, sembró. Los periodistas internacionales de distintos medios que cubrieron el concierto pueden aportar mucho, escribiendo crónicas sobre lo que vivieron y eso puede llegar a cambiar la realidad cubana. La gente joven cubana que está en el exilio, con buenos apartamentos, carros lujosos y llevando una vida llena de abundancia, puede, después de este apoteósico concierto que ya figura en los récords como el tercero más grande del planeta, hacer algo por sus contemporáneos habitantes de la isla.

Nada aplastó el sueño, nunca se perdió la fe, hubo toda clase de emociones encontradas. Todos escucharon la música llevando notas de paz sin fronteras, cargados de optimismo sin esperar nada a cambio.

Juanes convocó a la juventud a través de su música. Un verdadero campeón. Esas camisetas blancas que todos llevaron puestas el domingo 20, serán el símbolo de un sueño que los transportó, por unas horas, a ser parte de la juventud del mundo, esa que se divierte, que tiene el derecho de llenar estadios y de ver a sus ídolos, de ser libres y felices. Por unas horas olvidaron su realidad, su tristeza y sus limitaciones.

Mañana, esta misma camiseta será como una escafandra que los protegerá y traerá recuerdos de un momento único, de una vivencia que les abrió la mente, que los conectó como nunca antes con el resto del mundo gracias a este quijote colombiano que se acordó de ellos, y que a pesar de todos los obstáculos de quienes lo tienen todo, no desistió de llevarles su alegría, su talento y su fe.

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