La seducción del Baileys

Esta bebida, de sabor dulzón y textura sedosa, se compone de un lácteo mezclado con whiskys irlandeses.

No me equivoco al decir que la mayoría de mis mujeres cercanas estarán ahora mismo a punto de levantar una copa del cremoso Baileys para celebrar, en familia, el Día del Padre.

Incluyo en el adorable grupo a mi esposa, mis cuñadas y concuñadas, mi mamá, mis hermanas, mis tías, mis amigas, las esposas de mis compañeros de tenis y un sinnúmero de desconocidas que sin un Baileys en la mano no “cancionan”.

Lo mismo ocurre en otras latitudes. La bebida registra récords de venta en Estados Unidos, Gran Bretaña, España y Alemania. Y en América Latina no falta en los hogares ni restaurantes de México, Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Ecuador y demás confines. Simplemente, el Baileys encanta.

Gusta su textura y su alegre sabor dulzón. Pero su mayor virtud es su toque de whisky rústico, que genera sonrisas, abrazos, amistad y uno que otro coqueteo.

Pocas bebidas alcohólicas logran vender anualmente 7,5 millones de cajas de nueve litros en 130 países del mundo. Cada minuto se venden 2.260 vasos en el planeta.

Y aunque los entusiastas son cada vez más numerosos (las ventas aumentan a un ritmo del 6% anual), la oferta es tímida: apenas 1% cada año. En otras palabras, no parece haber Baileys para tanta gente.

Las comparaciones son odiosas, pero pocos pueden evitar el recuerdo del sabajón en las noches decembrinas, cuando todos pedían un poco más de la criolla bebida, preparada con dos litros de leche, una lata de leche condensada, ocho yemas de huevo y media botella de aguardiente.

Sin demeritar al sabajón, hay que decir que el Baileys nos lleva todavía mucha ventaja. Para empezar, la receta original es secreta. La preparación demanda una cadena de manejos artesanales que le dan a la bebida su toque inconfundible.

Empecemos por el componente lácteo. La materia prima, que se prepara diariamente, es una crema de leche proveniente del ordeño de 40.000 vacas, alimentadas en pequeños grupos en un total de 1.500 fincas. El alimento está conformado por cuatro diferentes tipos de pasto. Y cada finca, debidamente certificada, debe ser supervisada directamente por la compañía productora.

 La logística se vuelve cada vez más complicada, porque la leche para la crema debe procesarse dentro de las 36 horas siguientes al ordeño. Después, la crema se mezcla con whiskys irlandeses sometidos a un proceso de destilación triple. Gracias a una fórmula especial, la crema no necesita ningún preservativo adicional (con el whisky irlandés es suficiente).

Para alimentar la producción de la bebida son necesarios unos 275 millones de litros anuales de leche irlandesa.

Muchos han sido los imitadores del Baileys, pero ninguno ha podido superar al maestro. Existen, claro está, cremas de licor similares, hechas con mezclas de café y chocolate. Con muy pocas excepciones, exhiben sabores desagradables. Las cremas colombianas, en particular, presentan un sabor rancio, derivado, posiblemente, de compuestos químicos no naturales. Además de la crema de leche, el sabor final del Baileys es el resultado de una combinación de cacao, vainilla, azúcar y caramelo.

Toda esta historia se remonta a 1971, cuando un grupo de ejecutivos de la firma irlandesa Gilbeys, especializada en la importación de vinos, presentó la idea de desarrollar una bebida que reflejara el verdadero espíritu natural de Irlanda. La idea fue mezclar crema de leche con whisky, sin tener en cuenta que son dos líquidos que se fusionan con dificultad. Tres años después del primer intento (es decir, en 1974), la primera botella fue lanzada al mercado. Inicialmente, la forma de beberlo fue al clima. Pero hacia 1980 se introdujo el estilo de servirlo en un vaso con hielo. A partir de ese momento comenzó una de las historias más célebres de las bebidas creadas en años recientes. Hoy en día es difícil imaginar un lugar del mundo donde la bebida no se venda.

Lo más sorprendente es que, a pesar de su reciente introducción, el Baileys representa el 50% de las exportaciones de bebidas alcohólicas exportadas por Irlanda. Las posibilidades de evolución tampoco se han hecho esperar. A partir de 2006, existen versiones de menta y chocolate, así como de crema de caramelo.

A las mujeres cercanas a mi casa les gusta tomar el Baileys frío. Mi mujer, Ana María, nunca deja de tener una botella en el refrigerador. Y mi hija, Anita, gasta parte de sus ahorros en cada cumpleaños o Navidad para suplir el consumo familiar.

Para los hombres amantes de los licores puros, el Baileys es, quizá, demasiado untuoso y ligero. Pero, con los años, los productores de la bebida han introducido nuevas recetas para atrapar consumidores rebeldes. Están el Baileys Frappé, el Baileys con hielo, el Baileys batido y el Baileys café latté. Son presentaciones diversas que nos muestran caminos interesantes para nuestros rones y aguardientes locales, que, si no se beben puros, no parecen existir.

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