Lo relativo que es lo importante. Editorial

Hablaba con un amigo cuyo padre enviudó y ahora anda de novio a los 80 años. Hoy, para su papá, eso es lo más importante. Sé de otro conocido que se levantó un día y abandonó su “puestazo” en la bolsa porque le pareció más importante quedarse leyendo una novela rusa.

Y eso cambió su vida. Y del administrador cuadriculado que decidió viajar a Buenos Aires a estudiar para ser director técnico de fútbol porque no le importaba nada más. Las importancias nos cruzan como flechas. Algunas son certeras y marcan un camino. ¿Cómo dudar de la pasión del doctor Gabriel Ochoa Uribe por los estadios toda su vida?

Irradia fútbol. Respira fútbol. Muere por el fútbol. Otras, en cambio, apenas nos rozan y creemos literalmente estar flechados por su destino y así actuamos en ese sentido en la brevedad de nuestros días. O, peor aún, creemos estar tocados porque alguien nos lo dijo y nos comimos el cuento de otro. Podemos morir así, creyendo que el gris de nuestra vida tenía que ser así de ese color.

Pero también puede ser que un día cualquiera seamos de nuevo el blanco de otra importancia que, esta vez sí, nos atraviese el cuerpo, y entonces de verdad nos sintamos heridos de vocación, de inspiración o de amor. Todo puede llegar cuando uno menos piensa. Qué tal Nathan Sawaya, el niño que despertó convertido en un aclamado escultor de figuras con fichas de Lego.

¿Cuántas personas pueden crecer y ser profesionalmente exitosas haciendo lo que siempre hicieron de niños? Pocas. Hacer de la vida un juego es privilegio de pocos. Afortunados Kaká, Thierry Henry, Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, “El Niño” Torres y Wayne Rooney. Basta verlos. Lo importante para ellos es la pelota. Esa es su realidad. Una realidad que dura lo que tenga que durar, dentro de todos nosotros, hasta que se nos interponga otra por accidente, por casualidad o simple y sencillamente por la edad. Claro que también la importancia puede caer de súbito como una lluvia intensa y tocar a una buena parte de la humanidad. Esa importancia se llama Copa Mundo en Sudáfrica. Y es tan válida y pasajera como la importancia más seria y existencial. Esa fue la que nos tocó el corazón para poner el tema sobre los cuerpos de Paola, Melissa, Daniela, Tatiana, Mariángela, Natalia, Luisa y Alejandra. Ocho mujeres hermosas con el mundial en la piel.