Los 30

Quien sea que dijo que los treinta son los nuevos veinte, tiene 33. Y sabe por experiencia lo que está diciendo.

El look ha mejorado sustancialmente, con un poco de ayuda cosmética, por supuesto; algunos hasta ahora comienzan a tomarse el año sabático; las mujeres esperan hasta el final de la década para ser madres. En cuanto al arte del dating se refiere, es donde se hace más válido quitarse esos 10 años de un tacazo. ¿Acaso olvidamos la irresistible seducción que florece en los primeros años de universidad, cuando todos, o casi todos, categóricamente nos oponíamos a la monogamia?

Pues eso mismo les pasa a los de treinta. Les pesa la idea de ‘ir estable’, los sofoca pensar en aferrarse a una sola persona cuando el mundo entero, ahora a disposición gracias a la netmanía, está poblado de otros cientos más bonitos que la pareja y son juguete nuevo.

Parece que el generador de este insaciable deseo por el cambio es la internet llegada tarde. ¡Clarísimo! Esta generación no creció con la red, aunque sabe perfectamente cómo usarla, y se inscribe a cuanta página semipopulada existe. Debe ser para no quedarse atrás y ser para siempre de 21. Este bombardeo de mensajes en Facebook, en el pin de BB, en el messenger, en myspace, en Twitter, deja a cualquiera iniciado. Casos se han visto, públicamente, en el wall de Facebook: personas que se echan los perros descaradamente, aun cuando el status marital diga “comprometido”. Si a eso se le suman las fotos seductoras que acompañan el profile… al diablo la monogamia. De las ocho personas con las que trabajo, seis tienen una pareja diferente de la que tenían al principio de año. Los otros dos ya se están mandando mensajes clandestinos ya que hay que probar todas las manzanas de la canasta antes de escoger… otro canasto.

Puede ser la comunicacionmanía o, tal vez, la obsesión por lograr el éxito en el trabajo, o a lo mejor es tan simple como no querer llevar la misma vida de pareja que llevaban nuestros padres: la casa con jardín, el perro, los hijos llorando, el carro familiar, la madre dando órdenes a la empleada, el padre gruñón de la rutina de trabajo… hay que aceptarlo, es una vida aburrida de la cual nadie quiere hacer parte. Por ahora. Sea cual sea la razón, estos nuevos veinte tiene bastante claro que en cuanto al arte del dating se refiere, la idea es no usar el sentimiento hasta agotarlo, sino todo lo contrario: dejarlo comenzado.

Son maravillosos estos nuevos veinte, llegan en el momento necesario. Lo único que se puede tomar a pecho es el trabajo, de resto todo va fluyendo y llegando. Como diría una amiga, es la generación del amor platónico insatisfecho. ¡Bienvenido el coqueteo descarado, que no espera nada a cambio!.