Moda masculina, un momento preciosista

Pocas veces se había visto tantas camisas rosadas, verde limón y azul cielo; en rayas, cuadros e incluso estampados florales de varios tamaños. Las corbatas andan más brillantes que nunca.

No tengo que entrar en detalles sobre las diferencias que se presentan en el género masculino en su forma de ver la vida y de verse a sí mismos.

El hombre, desde siempre, ha sido vanidoso y preocupado por su apariencia, tanto que la mayoría de las prendas básicas femeninas derivan del ropero masculino: la gabardina, el sastre pantalón, el chaleco, la camisa blanca, en fin… Sin los hombres, las mujeres estaríamos en problemas para escoger nuestras prendas en la mañana antes de salir a trabajar.

Hoy la moda es un tema mucho más masculino. Hace algunos años existía la idea de que la moda no era un asunto de varones. Hoy no hay hombre que se respete a quien no le guste estar informado, bien vestido y pendiente hasta del mínimo detalle en el gimnasio para no tener barriga o papada.

La preocupación masculina por detener el tiempo está a la orden del día. Han surgido cremas para evitar arruguitas en los ojos, trasplantes para la calvicie y hasta cirugía para eliminar las bolsas de los párpados, que los hacen ver cansados y viejos. Los spas y gimnasios están llenos de máquinas ocupadas por el peso pesado.

En siglos pasados, los hombres de la Corte usaban pelucas perfumadas con moños de cinta y se pintaban labios y lunares; ni hablar de las medias veladas y los tacones. Los “mignones” de la corte de Enrique III en Francia tuvieron toda clase de excesos en el campo del preciosismo y de los adornos en sus vestimentas. Curiosamente estamos viviendo un momento “preciosista” en las tendencias masculinas. Pocas veces se había visto tantas camisas rosadas, verde limón y azul cielo; en rayas, cuadros e incluso estampados florales de varios tamaños. Las corbatas andan más brillantes que nunca. Pasa lo mismo con los suéteres, ya no son oscuros como el carbón, más bien lilas, rosados, amarillo canario… mucho chaleco de fantasía sobre camisetas con impresos llamativos y cortes vanguardistas como el láser.

Existen chaquetas de cuero en todas las formas y –desde luego– la infaltable chaqueta de jean. En cuanto a los pantalones, el blue jean sigue estando presente en el atuendo laboral, combinado con blazer de paño o gabardina. Los pantalones de los trajes masculinos son ahora apretados, casi tubos en el ancho de la bota, una moda con la influencia inglesa de los Beatles en los años 60, pero con una innovación excéntrica: el color. Los hombres han dejado atrás el recato y la timidez y ahora se visten de pantalones rojos, verdes y morados, a rayas o a cuadros, en tonos muy vivos que les otorga un aire juvenil de desenfado. Quieren que los vean no tanto importantes como felices.

Las solapas vienen más livianas y delgadas, así quitan esa imagen pesada y rígida de años anteriores. Las chaquetas traen varios botones, aunque el clásico cruce de los años 40 sigue vigente, lo mismo que el moderno y sencillo de dos y tres botones. Los materiales varían mucho, desde el raya tiza hasta la pana y el terciopelo en blazers para la noche.

Los zapatos son puntudos de horma muy delgada, y se usan de amarrar para el día y la oficina y más sencillos, como mocasines, para salir de noche.

Atrás quedó el cliché de que la ropa para los señores exige un mínimo de color y de diseño, como Willie Loman, el vendedor de La muerte de un viajante, un hombre sombrío y gris. Hoy tienen mil diseñadores y diseños de dónde escoger. Hoy el hombre es deportista, tiene hobbies, hace ejercicio, viaja, se divierte y –desde luego– trabaja, pero en cada campo y oficio quiere destacarse y verse muy atractivo.

Las colecciones para ellos han avanzado mucho. Hay un mercado amplio de marcas y diseñadores especializados en suplir a cabalidad las necesidades del ejecutivo, desde los clásicos trajes de oficina, pasando por elegantes abrigos, gabardinas, chaquetas deportivas, jeans, camisetas y –claro– todo para hacer ejercicio. Las monturas de anteojos, una atractiva e impecable ropa interior, un buen reloj y hasta el maletín del computador reflejan el estilo y personalidad masculina, sin olvidar las mancornas, que son un signo muy personal. Colombia es un lugar privilegiado para vestirse y sentirse a la moda.

Hoy, con todas las posibilidades para el bolsillo, un ejecutivo se puede vestir como si su guardarropa viniera de las mejores colecciones del extranjero. Las grandes marcas españolas, por ejemplo, se han encargado de suplir el mercado masculino con buenas prendas.

Que no digan los señores que no tienen la suerte de las mujeres para verse guapos y elegantes.

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