Neurosis, porque de amor no tiene nada

Quién quiere cumplir años? Nadie. Porque nadie se está volviendo más joven, y nadie quiere que le canten, ni cantar esa melodía sonsa. Estamos fregados.

El sol es malo. Todo lo que nos dijeron los padres que es bueno, es malo. El sol, la carne roja, la leche, cumplir años, las amigas, los deportes... casarse.

Ese plan de los papás de llevarlo a uno a la playa a reproducir melanina y de paso acumular las tiernas pecas que con el tiempo se vuelven manchas, es malo; pésimo. Coco Chanel, muy bella ella al compartir con el mundo la sensualidad de una bronceada, nos introdujo con lujo el estar color canela pero olvidó decirnos que, luego de tres días de sol, la piel se curte, se despelleja. Ellos se ven divinos con las líneas marcadas por los rayos y la madurez, ellas se ven viejas y arrugadas. Injusto, desde niños ya nos llevan ventaja.

Luego le hicieron barra a la proteína. Haciendo avioncitos con el tenedor para que su hijo por fin coma carne. Y lo celebraban llamando a todas las amigas para compartir el hecho de que su hijo por fin masticó. Cuando todos sabemos que las toxinas envejecen prematuramente, que la grasa coagula las venas, que da celulitis, que es mejor ser verde como los vegetarianos.

Después –o durante– fue la leche. Milo, frescavena, cereal, jugos en leche, paletas… todo para que sus hijos fueran fuertes, de dientes blancos y los huesos de hierro: pero que si la tomas en exceso te dan cálculos, y si careces vas dejando los huesos por ahí tirados. ¡Estamos fregadas!

¿Dónde dejamos el cumpleaños, ese día de festejo con bombas, invitados, torta, regalos, paseos? Pero hoy por hoy... ¿quién quiere cumplir años? Nadie. Porque nadie se está volviendo más joven, y nadie quiere que le canten, ni cantar esa melodía sonsa, ni mucho menos apagar las velas porque los pulmones no dan abasto, y la torta engorda… estamos fregados.

¿Las amigas? ¿Cuáles, las nuevas, las de la infancia, las que no hablan, las que le dicen a uno con insistencia que el chico no llama porque está ocupado? ¿Las que cambian de parche como cambian de dieta, las que uno va olvidando? Ahí los hombres les llevan ventaja a las mujeres, ellos tienden a tener los amigos de siempre, si algo, le van sumando. En cambio nosotras, por algún motivo hormonal o de mecanismo de defensa, cada año cambiamos la lista de contactos.

Y tanta insistencia para que nos apasionáramos con un deporte nos dejó fue fritos: el resultado se ve en el Mundial. Está comprobado que los deportes son, en definitiva, un espantanovios. Que las repeticiones, que los goles, que las pollas, que la madrugada a las seis de la mañana para ver a Eslovaquia contra Nueva Zelanda. ¡A ver!… en Risk, Nueva Zelanda no vale nada. Y nadie sabe el nombre de ningún jugador eslovaco, ni nunca nadie ha comentado en medio de alguna conversación: Eslovaquia pasó a finales. ¿Quién diablos sabe algo de Eslovaquia? Con todo respeto, nadie. Por eso mismo Agassi se divorció de Brooke Shields y se casó con Steffi Graf, porque el deporte es una secta y ahí no entra nadie que no tenga raqueta.

¿Y casarse? Hace unos meses le di todo mi apoyo al matrimonio, pero ahora lo estoy replanteando porque si los mismos papás de uno se casan de a tres veces, ¿cuál es la idea de gritarle al universo que se firmaron los papeles, si lo más probable es que todo termine de nuevo firmado, pero en divorcio? La fiesta, esa hay que rescatarla, aun cuando los únicos que se diviertan son los invitados. Los esposos, por lo general, no recuerdan nada de lo que aconteció, y luego de años de amor todo se torna mecánico, rutinario, aburrido… y se separan.

Y como todo en la vida gira alrededor del amor: el amor al padre, a la madre, al vecino, al esposo, al esposo de la otra, al futbolista, al actor, al amigo, al hermano, al sol, a la carne… de la misma manera vehemente en la que nos invade, de la misma manera sale. “Porque el amor más caliente tiene el final más helado”. Sócrates