Pinot Noir del Cono Sur

Además de sus profundas raíces en Borgoña, es una de las variedades esenciales en la producción de espumantes.

La primera señal de madurez de un país productor de vinos es su habilidad para criar vinos memorables con la variedad Pinot Noir. Entre los tipos de uva cultivados en el mundo, el Pinot es quizás de más difícil manejo. Es frágil y propensa a enfermedades y debe controlarse en cada fase de su elaboración para evitar una muerte prematura. Por dicha razón, los consumidores más exigentes la tienen entre las favoritas.

Pocas regiones igualan a Borgoña, la cuna francesa de este maestral cepaje. Allí no sólo la Pinot ha hecho una perfecta simbiosis con el suelo y el clima, sino que sus viñateros han entendido cada uno de sus íntimos secretos para sacarle su máxima expresividad.

Nueva Zelanda y el estado de Oregon  ofrecen las mejores alternativas en el Nuevo Mundo, pero aún no superan al maestro. No obstante, con cada cosecha que pasa se acercan a la plenitud. Países como Chile y Argentina, consagrados a variedades más robustas y adaptables como la Cabernet Sauvignon, la Caménère o la Malbec, también han comenzado a trabajar con la Pinot y es claro que, en muchos casos, están moviendo la balanza a su favor.

Antes de mirar algunos buenos ejemplos, vale la pena detenerse en la historia y evolución de esta variedad. Estudios de diversas fuentes indican que se la cultivaba en Francia desde tiempos prerromanos. De esto hace ya más de veinte siglos.

Aunque en un principio su producción estuvo a cargo de aldeanos, sus principales cultores fueron los monjes cistercienses, para quienes el cuidado de las parras y la elaboración de vinos con Pinot Noir eran prácticas sagradas. Algunos escritores han llegado a sugerir que la delicadeza aromática de un buen Pinot es la representación más cercana a la sangre de Cristo.

El Pinot Noir es una de las variedades esenciales en la producción de espumantes o espumosos, especialmente en el caso del champán. Puesto que no se adapta a cualquier terreno, como sí lo hace la Cabernet Sauvignon, a los viñateros del Nuevo Mundo les ha costado tiempo, sudor y lágrimas  encontrar los terruños adecuados y emplazar los mejores procedimientos para darle vida a un buen Pinot.

A la Pinot le gustan el clima frío y los suelos minerales. Entrega vinos de gran sutileza y refinamiento en nariz y boca. Sus aromas recuerdan la cereza, la frambuesa, las violetas, el regaliz, la canela y los champiñones. En la mesa acompaña a quesos frescos, pato, salmón, atún, sushi, carnes blancas y risottos tipo funghi.

En la Patagonia argentina sobresalen los Pinot de Humberto Canale, Bodega Chacra, Bodega del Fin del Mundo, Schroeder, NQN y Universo Austral. En el Valle de Uco, casas como Salentein, La Celia y Jean Bousquet y Álamos. En Luján de Cuyo y otras áreas de Mendoza se destacan Doña Paula, Luigi Bosca, Miguel Escorihuela, Zuccardi y Trapiche.

Los chilenos de mayor trascendencia incluyen Amayna, Matetic EQ, Las Brisas, Viña Mar, Agustinos, Casa Marín, Viña Montes, Morandé, Cono Sur, Errázuriz, Casillero del Diablo y Veramonte.

El vino recomendado

Cuando hace un par de años Piero Incisa della Rocchetta, el productor de este vino, dijo que se había instalado en Río Negro, Argentina, para hacer el mejor Pinot Noir del Nuevo Mundo, sus palabras eran más elocuentes que los hechos. Pero este Barda confirma que va muy adelante en la consecución de su meta. Es profundo y delicado, mineral y frutado, y con gran sedosidad. Y eso que es el hermano menor del Chacra Treinta y Dos y el Chacra Cincuenta y Cinco (de la misma casa), que marchan firmes hacia el firmamento del vino.

Importa: Inverleoka.

Temas relacionados