Tan lejos y tan cerca. Editorial

Primero todo es oscuridad. Luego las luces se encienden y todo es vanidad. El aire se carga de glamour y de mujeres en pasarela. Justo entonces me llegan por mi iPhone las fotos de mi entrevista en Bogotá con Luis Fernando Santos y su adiós de El Tiempo, el trabajo de toda su vida.

Primero todo es oscuridad. Luego las luces se encienden y todo es vanidad. El aire se carga de glamour y de mujeres en pasarela. Justo entonces me llegan por mi iPhone las fotos de mi entrevista en Bogotá con Luis Fernando Santos y su adiós de El Tiempo, el trabajo de toda su vida.

Veo en la pantalla de mi celular una secuencia de imágenes profundas y sentimentales de este hombre curtido en el negocio del periodismo, conversando en el noveno piso de una oficina que ya no es suya. Un drama muy virtual. Parpadeo y cruza frente a mí Claudia Lozano, imponente y ligera, vestida con ropa de Leal Daccarett dentro de la agenda oficial de Colombiamoda 2010 en Medellín.

Una fantasía muy real. Pasa en las películas, pasa en la vida real, igual pasa en las páginas de esta edición de la revista. Dos anécdotas diferentes dentro de un mar de historias: la de un hombre que termina un ciclo importante en su vida y la de una pareja, Francisco Leal y Karen Daccarett, los diseñadores ganadores de los Premios Cromos de la Moda que toman vuelo en el cielo de la alta costura. Pero ambos con algo en común, sus ganas de decir lo que les pasa en sus trabajos y en su vidas. Se encienden de nuevo las luces y pasa Hanna Gaby, la modelo belga, consentida de Esteban Cortázar, con uno de sus diseños. Revientan los flashes y la mujer muy blanca se disuelve.

Abro los ojos y ya es otro día. Y la misma belga desfila pero ya no en un escenario de moda sino en una piscina, más fresca y burbujeante, en topless, con un poco de champaña y ya no tan producida. Sin tanta ropa parece más blanca. Se hunde en el agua. Vuelven las luces y una fila interminable de modelos rompe el aire con Karen Martínez a la cabeza. Se abre Twitter y Juanes escribe: “Aquí, mi parcera desfilando la ropa de Adriana Arboleda y Johanna Ortiz en Medellín”. Una campanita suena como las que anuncian un nuevo asalto en boxeo, pero un poco disfónica y, finalmente, aterriza en un mensaje a mi móvil la foto de Valerie Domínguez, nuestra portada.

La miro y no puedo dejar de mirarla. Estoy de acuerdo con Óscar Wilde cuando dice: “Me gusta contemplar a los hombres geniales y escuchar a las mujeres hermosas”. Afuera aplauden a Mónica Holguín por sus vestidos cortos. Aplaudo en medio de mi burbuja editorial. Son los gajes de cerrar revista a distancia. Aunque eso de la distancia es relativo con lo cerca que puedo tener a la ex reina barranquillera, con su vestido elástico negro muy pegado a su cuerpo y con sus zonas transparentes que insinúan su piel canela. Tan lejos y tan cerca pero igualmente encantadora y escultural.

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