El poder del ex

Cabe mencionar que el tipo de ex del que estoy hablando incluye, exclusivamente, a la mujer que haya dejado una impresión significante en el hombre; sin importar si esta fue descorazonadora o sofocante, pero impresión en todo caso.

El ex viene a cobrar poder cuando ya toda huella de dolor y de rencor ha pasado por cirugía plástica y no quedan ni los puntos de la relación; lo que queda son una cantidad de preguntas sobre lo que no fue y lo que pudo ser, que fácilmente se van borrando con un par de sesiones de masaje. Ese poder, aunque muchas veces ignorado, tiene más fuerza que el de la actual pareja, exceptuando durante el período de infatuación; en esos tres meses no penetra nadie. Y tiene más fuerza porque –aquí más de uno va a reaccionar– el hombre en su darwiniano deseo de cacería, siempre va a querer tener a sus presas, así sean muy del siglo pasado, dentro de su radar y no va a dejar que se pierdan para siempre. Por esa razón cuando la ex aparece (cuanto más esporádico, mayor el efecto) tiene su devota atención puesta en ella.

Eso va por los chicos. En cuanto a la ex, ella, en su vanaglorioso deseo por saber que fue presa, quiere dejar el territorio marcado de por vida y está alerta a aprovechar cada oportunidad que llegue a su mesa, para sacar su resaltador y trazar una línea visible (si pudiera lo haría en la frente) en alguna parte del cuerpo del ex, para que sepan quién mandó primero. Suena demasiado a película de vaqueros, pero cualquier parecido de Jennifer Jones en Duelo bajo el sol, con la realidad no es coincidencia. ¿O acaso ha pasado desapercibido el encontrarse al ex y hacerle el comentario sobre que la camisa que lleva es nueva? Jamás pasarlo por alto.

Y en el fascinante delirio por conservar la ex familia del pasado, la ex y el ex siempre encontrarán un motivo para salirse de la ruta y darse un abrazo. ¡Gracias a Dios ser ex tiene su encanto! Es la manera inofensiva de desquitarse (en caso de haber sido echado) y recobrar la dignidad. Surge un mayor respeto, el cual probablemente se había ido diluyendo durante la relación; cualquier ayuda que la ex necesite, el ex va a dársela. Más de uno le ha prestado su casa de campo (y le ha dicho a la actual que no pueden ir porque están los padres)… Triple ¡ja!

Ni qué decir de los encuentros que incluyen a los ex suegros. Cosa complicada. Ahí sí la chica nueva puede ser fácilmente una lámpara sin enchufe, porque la dejaron detrás del hombre, aún con la mano apretada, pero nadie le habla, a lo mejor ni la presentan. La chica nueva sufre las consecuencias, pero qué más da, seguro ella también es la ex de alguien y se desquita por su lado. Porque ni por más explicaciones rebuscadas del chico, NADA va a eliminar esa sombra que dejó la ex. No sabría si la fuerza de ese ser que aparece cual fantasma llegue a destruir el nuevo romance con sus opiniones, pero lo que sí logra es un par de peleas por la ex perra, adjetivo más utilizado luego de un encuentro con ella.

El poder de la ex es gigante, si hay hijos de por medio ni hablar; si fue ex amante, grave, hay residuos de testosterona guardados; si es ex de noviazgo de años, su palabra siempre va a ser más importante… Mírelo por donde lo mire, ser ex viene siendo más placentero que ser la actual. Hay muchísima atención, exceso de respeto, abundancia de consejos, y lo mejor, siempre hay tiempo.

Lo real es que todos llevamos un ex por dentro, y lo cierto es que vendrán más.

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