La amigoterapia

Si yo fuera adulto tendría más amigos, jugaría tiempo completo y me daría la mano con mi compañero de trabajo.

Me montaría en el bus y le hablaría al del asiento de al lado. Me olvidaría por un instante qué es estar enamorado y le daría toda la atención a mis amigos, a los que ya conozco y a los que se van sumando. Porque aunque estar enamorado es bellísimo, aísla a aquellos locos que te hacen reír a carcajadas porque el espacio de al lado lo está ocupando ese otro y le cuelgas el teléfono al posiblemente más maravilloso de los seres: tu hermano-parcero-amigo-camarada.

Y de esos hay una extensa gama.

El intenso: llama desde las ocho de la mañana a preguntar en qué andas. Necesita una narración meticulosa de cada uno de los movimientos de la noche anterior, incluidos nombres, lugares, horas y clase de trago. Hay que ponerle restricción porque deja mensajes en el chat, por Facebook, Twitter, manda e-mail y llama. Y en cada uno hay una conversación diferente.

El narcisista: cualquier parecido con Owen Wilson en The Royal Tenenbaums no es coincidencia. Cuando aparece es para hacer alarde de sus logros y sus virtudes. Muestra fotos de todas sus conquistas, cambia la foto del perfil a diario, y en estatus dice estar “feliz”. El Times Magazine dijo que los narcisistas son más propensos a usar Facebook. Con lo cual se concluye que todos mis amigos son narcisistas… ja, ja, ja, ¡estamos fregados!

El social: por lo general no musita palabra, sólo está presente en cocteles, galerías, restaurantes, bares, discotecas, after parties... Y quiere repetir toda la semana. Pero sabe que a cada evento debe cambiar de pareja. Por lo cual sus llamados se dan una vez al mes.

El depresivo: ese se pone en speaker phone cuando llama mientras uno está por otro lado twitteando, porque no hay prozac que lo salve.

El ubicuo: no se pierde la movida de un gato, está en todas las fiestas, sabe de todos los nuevos romances… es el que hay que llamar cuando se llega de viaje para que lo tenga a uno al tanto.

El ocioso: a este hay que sacarlo cada dos semanas del chat y decirle que el teléfono se lo robaron, porque lo que tiene es tiempo para escribir: y escribir bobadas.

El entusado: después de salir, llevarlo, enrumbarlo, darle helado, hacerle un discurso de los beneficios de la soltería, pide uno a gritos que se ennovie con él mismo o con otro, pero lo haga rápido.

El idealista: este se sienta horas enteras con uno a cambiar el mundo, las parejas, las series, las leyes, se inventa películas, revistas, fundaciones… Y al otro día nadie hace nada. ¡Mi favorito!

El necio: con este hay que llevar agenda a la mano para escribir cada una de las “mentirillas” en las que lo han involucrado, para no llegar a embarrarla cuando aparece el amante. Pero tiene las historias más interesantes porque cada una es una ventura y oírlo es casi untarse de colágeno.

El mago: aparece cada año en el momento menos esperado y al partir deja una bella nostalgia.

¿Cuál me falta? El que te cae mal y nunca te ha gustado su humor, su cabeza, sus ideas, su look, pero igual siempre llega, y llega invitado.

Un brindis por todos los amigos en el Mes del Amor y la Amistad y por los que se fueron para siempre. No hay nada más maravilloso que tener amigos, inclusive los virtuales que no se dejan ver pero mandan besos y corazones de vez en cuando. Los quiero con locura. No quiero tener perros, ¡quiero tener amigos que me hablen!