Lindsay Lohan: Una joyita pero ¡con semejantes padres!

Como si no fuera suficiente tener a medio mundo pendiente de cada uno de sus movimientos, Lindsay Lohan tiene que soportar la ambición de sus propios papás, quienes encontraron en la desgracia de su hija, un negocio muy rentable. El precio de la fama precoz.
Lindsay Lohan: Una joyita pero ¡con semejantes padres!

ÉL, UN ALCOHÓLICO; Y ELLA, una adicta al protagonismo. Michael y Dina Lohan son los papás que nadie quisiera tener. Son tan disfuncionales que las reuniones familiares sólo se dan en los tribunales, cuando se acusan entre sí de ser padres irresponsables. La triste verdad es que ambos viven del salario de su hija de 24 años.

Son tan descarados que mientras Lindsay se encuentra internada en el Betty Ford, un reconocido centro de rehabilitación para tratar su adicción a las drogas, Michael le vende a la prensa conversaciones privadas con su hija, mientras Dina contrata un grupo de camarógrafos del programa Entertainment Tonight para que la acompañen el día de visita y graben su actuación de mamá ejemplar.

Esta aterradora dinámica familiar comenzó en 1998, cuando Lindsay Lohan, la adorable y extrovertida pelirroja de 11 años, se ganó el papel protagónico en Juego de gemelas, de Estudios Disney. Le siguieron las taquilleras Un viernes de locos (2003), Chicas pesadas (2004) y Herbie a toda marcha (2005). Poco a poco fue haciéndose adulta y sus curvas, más allá de su talento, la convirtieron en el centro de atención de Hollywood.

Aunque esos 15 minutos de fama ya eran bien conocidos por otras actrices jóvenes como Kirsten Dunst y Natalie Portman, Lindsay cayó en el error de nombrar a su mamá como su mánager. Lo que en un momento parecía ser la solución perfecta para asegurar una carrera exitosa, fue el principio de su desgracia. Dina, ex bailarina y cantante, encontró en su hija mayor la oportunidad de sobresalir. Fiestas, eventos, apariciones en programas de televisión, entregas de premios, películas... Donde estuviera Lindsay, estaba Dina. Enceguecida por los paparazis y las cámaras, se tomó tan en serio su papel de mánager que se olvidó de ser mamá.

En 2003 la policía de Los Ángeles le informó que su hija, de 17 años en ese entonces, tenía un acosador. Pero a Dina pareció no importarle. Hay más de 20 llamadas registradas en los archivos policiales con mensajes advirtiendo la gravedad del problema. Y ni un mensaje devuelto. Lo que sí hay son fotografías de madre e hija pasadas de tragos en bares de esa ciudad, lo cual hace creer que Dina era quien le pasaba el alcohol. Ni corto ni perezoso, Michael Lohan aprovechó para pelear la custodia de Lindsay y de sus otros tres hijos, argumentando que Dina no era lo suficientemente responsable para cuidar y criar a su familia.

Irónicamente, si alguien necesitaba aprender a ser responsable era este ex operador de Wall Steet. Cuatro años de prisión por conducir borracho y estrellar su carro contra un poste de luz no fueron suficientes para que aprendiera su lección. Amenazas de muerte a uno de sus cuñados y manejar ebrio y sin licencia le valieron seis semanas más en un centro de rehabilitación. Según una entrevista con el portal RadarOnline.com, fue en este lugar donde encontró la luz y entendió que tenía una segunda oportunidad. Pero a la semana quedó claro que lo que encontró fue la oportunidad perfecta de hacer plata: abrir un nuevo centro de rehabilitación, exclusivo para mujeres, basado en métodos holísticos lejos de las drogas, un proyecto con el que este hombre de 45 años planea recuperar a su hija.

Pero ella no quiere tenerlo ni a un metro de distancia. Así lo dejó claro el pasado fin de semana, cuando el personal de seguridad del Centro Betty Ford le prohibió la entrada a Michael por petición de la propia Lindsay. Ella, por su parte, sí parece haber despertado. Según médicos del centro de rehabilitación, Lindsay quiere coger las riendas de su vida. Por el momento, ya habló con sus abogados para despedir a su mamá del cargo de representante y esperar a que asuma el papel que le corresponde por naturaleza. “Estoy cansada de mantener a mi familia y de jugar a ser el papá y la mamá de mis hermanos. Quiero mi vida para mí”.

Sólo falta que la gente, que no le quita los ojos de encima y está esperando a que la embarre para caerle encima, le dé una oportunidad, porque aunque pudo haber escogido otro camino, lamentablemente no pudo escoger otros papás.

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