La verdadera identidad de Tola y Maruja

Llevan 20 años dando “lora” y ahora están más famosas que nunca con sus entrevistas en El Radar y NP& del canal Caracol.
La verdadera identidad de Tola y Maruja

Insinuar que ellas son el caballo de Troya de dos humoristas es una total herejía. Las únicas que existen son ellas y no más que ellas. Ellas, con sus pañoletas y sus carteras. Ellas, cogidas de gancho. Ellas, condenadas a una sombrilla. Ellas, poniendo incómodo al entrevistado de turno. Ellas, tan ingenuas y tan astutas. Ellas, de verdad, sí borran todo rastro de su identidad secreta, después de bajar de un escenario. Y lo hacen no como Superman o el Zorro, que creen esconder a Clark Kent y a don Diego de la Vega detrás de unas gafas y de un pequeño antifaz. Tola y Maruja en su otra vida sí que saben despistar al enemigo. Es una pareja extraña. Cada una duerme sola, pero si se monta guardia en sus cuartos, de cada uno también sale un paisa flaco con pinta de poeta y un bogotano calvo con ojos de psicópata. Dos seres bien esquivos y anodinos a la hora de preguntarles por “ellas”. Por sus comentarios picantes bien podrían ser de la familia, pero niegan de manera rotunda cualquier vínculo con las ancianas. Es cuestión de convivir más de un día con las bicentenarias, con la excusa del Minicromos, para darse cuenta de que aquellos dos hombres de perfil bajo, que apenas hablan en las comidas y que andan en tenis y sandalias, son nada más ni nada menos que las “cuchas” cotizadas. Así prefieran morir antes que revelar su secreto, no hay la menor duda de que ellos son ellas… ¡y punto! Quién si no podría decirle a la policía gorda de la comitiva, con tanto desparpajo, que le hace falta una dieta de perseguir, por lo menos, a un ladrón al día; o al cirujano plástico que él consigue a sus novias en obra negra para operarlas a su gusto; o que Tola y Maruja tuvieron que estar muy necesitadas para convertirse en travestis de la tercera edad. Sorprendidos in fraganti con frases de este calibre, Carlos Mario y Luis Alberto no tuvieron más remedio que aceptar a regañadientes esta entrevista. ¡Ah, pero eso sí, vestidos de señoras! A las irreverentes les choca hablar de su doble personalidad… Pero les encanta la fama.

¿Quién está detrás de Tola y Maruja?

Dos hombres tan feos que se ven pispos vestidos de viejitas.

¿Verdad que ustedes “mantienen” a dos humoristas varados?

Los mantenemos… pero informados.

¿Cuál es su verdadera identidad?

Carlos Mario Gallego y Luis Alberto Rojas. Dos hijos de… vecino.

¿Quiénes son?

Ellos son hombres.

¿Prestaron el servicio militar?

Betto sí, en el Batallón Guardia Presidencial (conoció el sótano de la Casa de Nari) y Carlos Mario no sirvió pal Ejército porque le gustaba mucho visitar a la mamá y le hubiera tocado hacer muchos “falsos positivos”.

¿Qué estudiaron?

Carlos Mario es comunicador social de la Niversidá de Antioquia y Betto ha estudiado de todo, hasta rumorología con J. J. Rendón.

¿En dónde han trabajado?

–Betto ha pelusiao en Colmundo Radio, Radio Súper, La luciérnaga, El cocuyo, Sábados felices, La banda francotiradores, También caerás y actualmente en Los reencauchados y El radar.

–Carlos Mario ha fingido trabajar en El Mundo, El Colombiano, Cambio, CROMOS, El Espectador, Credencial, Teleantioquia, Sábados felices, Radiosucesos RCN, La banda francotiradores, Los reencauchados y El radar.

¿Fueron empleados alguna vez?

–Betto ha sido mesero, vendedor, recreador, payaso, mimo, asesor en crédito hipotecario, mercaderista, tallerista, conferencista… menos uribista.

–Carlos Mario fue comunicador social del Seguro Social en Medellín (adivinen quién lo colocó: ¡Bernardo Guerra!)… Ahí comenzó el fin del Seguro.

¿Fueron al siquiatra?

–Betto sí, pero no volvió porque el siquiatra tenía muchos “problemas”.

–Carlos Mario dice que no hay mejor diván que una mesa con una botella de aguardiente en el bar Tangolandia.

¿Que hobbies tienen?

–A Betto le gusta leer (libros de superación personal), imitar voces y caracterizar personajes.

–Carlos Mario vive muy preocupado porque no tiene jóbis… En su niñez se hurgaba la nariz, pero ya no le saca gracia a ese jobi.

¿Qué tanto de “ellos” tienen ustedes?

La facilidá pa hacer el ridículo… La diferencia es que ellos cobran.

¿Sufren de doble personalidad?

A veces nos provoca orinar paradas… Un sueño de todas las mujeres, y que solamente se cumple en la tercera edá, gracias al pañal.

¿Lo más jarto de tener doble personalidad?

Que sin darnos cuenta nos hemos vuelto machistas y hemos llegado al estremo de pensar que las mujeres somos un karma.

¿Lo mejor de tener doble personalidad?

Que nos gusta ver fúrbol, jugar billar y nos está gustando la silicona… en cuerpo ajeno.

Para su otro “yo”, ¿es rentable ser humorista?

Después de varios años de mirar pal páramo se puede vivir del humor sin necesidá de ser amigas de Uribito y recibir un susidio.

¿De dónde surge Tola y Maruja?

De nuestros sobrinos que botaban corriente en las cafeterías de la Niversidá de Antioquia y hablaban como dos mamáes y los compañeros se partían de la risa.

¿Qué son, humoristas, comediantes, dos señoras raras, dos travestis viejos?

Todas las anteriores y otras peores.

¿Son una especie de Mafalda mezclada con doña Florinda?

Maruja es cabezona como Mafalda y Tola es enrulada como doña Florinda.

De verdad, ¿siempre quisieron ser lo que son?

Betto quería ser astronauta pero por cabezón no le cupo la escalfandra y Carlos Mario quería ser payaso… o presidente de Venezuela.

¿Alguna vez se imaginaron terminar en esto? ¿Vestidas así?

Nunca… Los papáes de Carlos y Betto siempre les inculcaron que vestirse de mujer era cosa de mariposos.

¿Son creyentes? ¿En quién creen?

¡Avi María!, más creyentes que hastái… Creemos en Uribe, tanto que lo queremos de alcalde pa Bogotá… Es que si nos han de chuzar, que lo haga un esperto.

¿Dónde viven?

¿Pa qué pregunta eso? ¿Pa carculanos el estrato?

¿En el barrio los reconocen?

A Carlos Mario más, porque es igualito a Tola… A Betto lo reconocen porque es glotón como Maruja.

¿La gente qué les pide?

Autógrafos, fotos, que hablen como nosotras… Y plata prestada.

¿Los personajes que ustedes entrevistan confían en Tola y Maruja?

No todos, pero usté sabe que la vitrina jala mucho.

¿Es cierto que algunos personajes evitan sentarse con ustedes?

Claro: la mayoría con la disculpa de que no pueden decir nada porque es “reserva del sumario” y otros quizque porque no se aguantan el perfume que nos untamos: Naftalina Fashion.

¿Oso a que ustedes los “corchen”?

El que nada debe… no está en Datacrédito.

¿Las han amenazado?

Claro, nos dijeron que si no votábamos por la U nos sacaban de familias en acción… Y José Odulio nos dijo que si seguíamos hablando de él nos leía sus libros.

Lo más difícil a la hora de sentarse a entrevistar a alguien.

Que de pronto nos quedemos dormidas.

La pregunta que no falta.

¿Le tocó trancón?

La que nunca harían.

¿Ya almorzó?

La que les faltó decirle a Uribe.

Oites Álvaro, ¿cómo se nos oye la voz por teléfono?

La que no han podido con el nuevo Presidente.

Ole Juanma, ¿qué vas a hacer con Uribe de alcalde de Bogotá?

Una para las Farc.

No luchen tanto por defender a los pobres que los pobres son muy desagradecidos y mueren por las recompensas.

Una para Amparo Grisales.

¿Verdá que jugates muñecas con la mamá de la Barbis?

Su preferida para las reinas de belleza.

¿Ese morado es de qué?

¿Por qué aceptaron venir al Minicromos?

Porque nos prometieron que nos iban a alojar en el mismo hotel de lujo de las reinas… Lo que no nos dijeron es que nos iban a dar la misma comida de las reinas: poquita y sin nada dañino.

¿En qué zona del país se ríen más de ustedes? ¿Y en dónde menos las entienden?

Se ríen más en Antioquia y el viejo Caldas, porque somos paisanos y nos celebran todo… Y nos entienden menos en China, por el idioma.

¿En qué no se han podido poner de acuerdo?

En sacar fiada una sombrilla nueva… Ninguna de las dos quiere ser la fiadora.

¿El tema que las pone a pelear?

Cuál de las dos es más vieja.

¿Ustedes se consideran pareja? Si de Batman y Robin se hablan cosas...

Dicen que somos lesbis… Pero nosotras somos únicamente pareja… humorística.

¿El peor negocio de sus vidas?

Sacamos una marca de café y quedamos más quebradas que los Nule… Parece que nos equivocamos en el lema: “Café Tola y Maruja, el preferido en los velorios”.

¿Qué es lo más absurdo que les ha pasado por culpa de las bicentenarias?

Que sabemos tanto de historia que la gente nos pregunta si somos las hermanas menores de Diana Uribe.

La peor metida de pata.

Votar por Pastrana.

Con la mano en el corazón, ¿detrás de ustedes no hay alguien más?

Podemos garantizar que no hay nadie, ni siquiera Bernardo Moreno.

¿Un músico o un escritor frustrado?

Hoy en día, con la piratería, todos los músicos y los escritores son frustraos.

En el fondo, ¿ustedes no están explotando a dos ancianas?

Para nada… De lo que CROMOS nos pague por esta entrevista separaremos una parte para ellas y se las consignaremos en DMG.

¿Para ustedes cuál es el encanto de la tercera edad?

Los descuentos.

Lo mejor de Tola y Maruja.

Nuestros maridos Ananías y Perucho, que son dos bultos pero son nuestros.

¿Y lo peor?

El alzháimer… ¿Usté quién es? ¿De cuáles Dueñas? ¿Dueño de CROMOS?

Por lo pronto, aprovechen y hagan público los seis “esquivos” que quisieran entrevistar y no se han dejado.

–El Procurador dijo que no se dejaba entrevistar de dos travestis viejos.

–Pachito Santos nos dejó “vestidas y alborotadas”. Después sacó la disculpa de que estaba en clases de locución.

–Otra que nos dejó esperando fue Aura Cristina Guéiner, cuando era candidata al Congreso… Seguramente se güelió que le íbamos a preguntar qué es “quórum”.

–Otra que no quiso dejarse entrevistar fue Natalia París… Parece que sospechó que le preguntaríamos qué se puso en la boca que se ve boquejarra.

–Monseñor Rubiano nos mandó decir que no habla con parejas que no estén unidas por la Iglesia.

–Y Valencia Cossio quizque nos quiso evitar la impresión de verlo de cerquita.

¿Cómo se imaginan el final de Tola y Maruja?

Nos vemos otra vez amigas de Amparo Grisales, yendo las tres a la ginasia pasiva, cuidándonos el puesto en la fila de los pensionados.

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