Cristina Umaña !buena la condenada!

El papel de presa colombiana en Capadocia, la serie de HBO Latinoamérica que va por su segunda temporada, le cambió la carrera a esta prolífica actriz. Hace ocho meses es madre y escucha ofertas para volver a la pantalla.
Cristina Umaña !buena la condenada!

Cuando Cristina Umaña prende el televisor para ver Capadocia, mira sus escenas con mucho cuidado, buscando algo diferente. Lo hace porque cuando estuvo en México grabando el año pasado, ya estaba embarazada y está segura de que haber tenido en ese momento en su vientre a Baltazar, hoy de ocho meses, influyó en su personaje de Consuelo Ospino: “La Colombiana”.

Cristina asegura que su paso por esta serie, con la que lleva dos temporadas, le cambió su carrera. “Siento que me dio una pauta diferente. Es otro paso que me exige otras cosas, otros retos, no conformarme, querer ir por más. Me refiero a otras historias, personajes y mercados”.

Como “La Colombiana”, además, alcanzó otro nivel interpretativo, el de ser también más latinoamericana que local. En Capadocia se le midió a situaciones extremas, incluidas relaciones homosexuales y una carga de sensualidad innata del personaje.

El embarazo puso a flor de piel algunas de esas experiencias pero Cristina no sólo encontró que podía satisfacer sus necesidades actorales, a pesar del cansancio natural de su estado, sino que tuvo el apoyo de la producción y de su compañera de set, la actriz mexicana Ana de la Reguera, con quien tiene una relación intensa en la serie y ahora una gran amistad.

El resultado fueron escenas fuertes y exigentes que le permitieron experimentar con su talento y saber hasta dónde podía llegar. “Cada vez que hago mi trabajo, siento que uno se vuelve un poco analista de la condición humana. Compruebo que todos somos todo en potencia, depende de cómo tengas la cabeza y el corazón”.

El balance ha sido satisfactorio. Trece años de trabajo a partir de su debut en televisión, le han enseñado que cuando termina un proyecto, debe sacar tiempo para hacer otras cosas en su vida. Antes de que naciera su hijo, nutría su oficio con viajes, vivencias, estudios y paseos fuera de la ciudad, a la espera de otro proyecto tentador. Era una especie de rutina que la exorcizaba y la dejaba lista para volver a enamorarse de su trabajo.

La dinámica la puso en práctica tan pronto terminó Yo amo a Paquita Gallego, en 1997, su debut en el melodrama con una historia de Julio Jiménez. No era su primer papel grande. Un año antes había llamado la atención en su debut, La mujer del presidente, en el papel de una joven delincuente con la cabeza rapada. “Robin marcó la pauta de lo que podía hacer como actriz. Me avaló porque logré representar un ser humano con cosas bonitas y no tan bonitas. En cambio, Paquita me dio la fama”.

En un medio tan delicado como el de la televisión, tomarse un respiro entre proyecto y proyecto le ha permitido siempre hacer falta, ser una actriz necesaria que, cuando regresa, deja huella. “Me gusta hacer las cosas bien. Cuando tenía 20 años hice todo al tiempo, pero ahora soy mamá y no salgo a trabajar corriendo. Hay días en que quiero actuar ya, pero también días en los que quiero algo más”.

De ahí que no sean muchos los papeles en casi quince años de carrera, algunos más exitosos que otros, como Mascarada, Cartas a Harrison, Amores como el nuestro, La traga maluca, Siete veces Amada, Punto de giro, Todos quieren con Marylin, Vuelo 1503 y La dama de Troya, además de algunos episodios de Tiempo final y Mujeres asesinas.

Siente que ya ha estado en muchos melodramas. Aunque nunca dice no a una buena historia, espera poder explorar otros géneros. “Todos soñamos con el cine porque en dos horas desarrollamos un personaje que se defiende por el mundo entero. La telenovela exige mucho tiempo; me gustan los proyectos cortos. Además, mi alma me pide también hacer teatro”.

No hay un orden, simplemente sigue su instinto de supervivencia de actriz: “Cuando empiezo a descubrir que me estoy conformando, huyo. Me da angustia y me hace romper, ponerme a prueba con todo”, dice. Por eso prefiere tener la mente abierta. Le gustaría un antagónico o interpretar mujeres de dramas contemporáneos.

Es probable que el 2011 le traiga todo esto a Cristina y, si todo conspira, como ella dice, saldrán proyectos incluso fuera del país. Mientras tanto, por estos días, los domingos, sigue buscando en Capadocia lo que el pequeño Baltazar le cambió a “La Colombiana”. Tal vez no lo descubra fácilmente, pero seguramente ahí está.

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