Juan Emilio Posada, muy bien montado

El que fuera presidente de aces, asume la dirección de una nueva aerolínea de bajo costo que comenzará a funcionar en Colombia el año entrante. aficionado a los caballos y Adicto declarado de la Blackberry es, además, amante de los viajes y un líder nato apasionado por su trabajo.
Juan Emilio Posada, muy bien montado

“Hace un tiempo tomé la decisión de que todos los días son bonitos –dice Juan Emilio Posada, ex presidente de Aces, Avianca y cabeza de la nueva aerolínea de bajo costo que entrará al mercado colombiano–. Todos. Hasta los más lluviosos y los más nublados”.

En la sala de su apartamento, ubicado al norte de Bogotá –casi encima de los cerros que bordean la ciudad–, hay libros de viajes, de negocios y de liderazgo. Arriba, en su oficina del segundo piso, se ven fotos suyas montando a caballo y una escultura con uno de los relojes derretidos que hacen parte del cuadro La persistencia de la memoria, de Salvador Dalí.

“Tiene que ver con la puntualidad –dice–. Con el trabajo”.

Abajo, en la sala, hay una escultura de dos viajeros; una foto enmarcada del presidente Andrés Pastrana condecorándolo con la Cruz de Boyacá, y varias figuras de caballos que sirven como adornos.

“Si tuviera que decir cómo me siento –contará luego, sentado en el sofá que da contra una enorme ventana–, diría que soy especialmente un líder. Es algo que me apasiona; creo que el buen líder sabe comunicarse. El liderazgo es comunicación, comunicación, comunicación”.

Su vida, parece, gira en torno al tema. Lee libros de negocios y de liderazgo, y revistas de empresas consultoras. Nunca novelas ni biografías. Se ve en el futuro como una persona activa –jamás estancada–, que participa en el direccionamiento de negocios. Escribe en su cuenta de Twitter frases optimistas: “Disfrutando unas horas de sol en medio de tanta lluvia. ¡Claro que los colores de la lluvia son espectaculares!”. O, también: “Inspiradora variedad de colores de las nubes bogotanas esta madrugada”. Y escucha canciones que le levantan el ánimo, que le hablan de cosas buenas: “Me encanta Qué bonita es esta vida, de Jorge Celedón. También Color esperanza, de Diego Torres, y Me gusta la gente, de un grupo español que se llama A dos velas”, dice.

Pero hay cosas que, al menos por un momento, lo sacan de esa realidad. Los caballos, por ejemplo. “Es una pasión que viene de familia, de mi papá que era criador. En una época vivimos en una casa finca y yo montaba todos los días a las cinco de la mañana. En vacaciones viajaba siempre a la finca para montar y trabajar con los vaqueros. Teníamos algunos ejemplares para exposiciones; de hecho, mis hermanos aún tienen. Yo he sido menos dedicado que ellos para el tema”, cuenta.

Lo que no impide que aún hoy monte a caballo cada vez que puede en la finca de su familia en Rionegro (Antioquia) acompañado, a veces, del ex presidente Álvaro Uribe. “Nuestras familias han sido siempre muy amigas por ese tema y porque tienen fincas vecinas –confiesa–. Pero la verdad es que no tengo un caballo preferido ni tampoco es que sea muy apegado a ellos”.

Quizás por eso dice que no resultó tan “finquero” como sus tres hermanos, seguramente debido a la afición por viajar que adquirió desde que era joven y ha mantenido hasta hoy. Y es que, además de sus viajes por placer, Juan Emilio ha tenido la oportunidad de vivir en distintas ciudades del mundo. Primero fue Nueva York, donde estudió en el Lubin School of Bussines, y luego Londres, donde se especializó en el London School of Economics. “De Nueva York recuerdo la energía –dice–. Estábamos jóvenes, teníamos esas ganas de conquistar el mundo, y para eso nada mejor que vivir en la ciudad donde los negocios estaban ocurriendo con más dinamismo”.

Fue allí donde conoció a su esposa, Denise Webb, con quien viajó a Londres, a Holanda y de vuelta a Colombia cuando le ofrecieron ser presidente de Aces, empresa que se liquidó bajo su administración en 2003 luego de una fallida unión con Avianca y SAM conocida como la Alianza Summa. Años más tarde se convirtió en padre tardío: tuvo mellizas –María Antonia y Emilia–, después de mucho tiempo de estar buscando un hijo. “Fui padre a los 41 años y por eso considero que ha sido un proceso más racional –cuenta–. Leo muchos libros sobre el tema y he tomado varios cursos con mi esposa. Ha sido muy interesante”.

En su casa vive también una perrita french poodle llamada Tea cup (tacita de té, en inglés), que ladra y corre todo el tiempo. En la sala hay un cuadro con la silueta de un caballo y una jaula de pájaros grande, vacía.

—¡Mi papá no suelta la Blackberry! –dice de pronto su hija Emilia.

Y es cierto: Juan Emilio no se despega ni un minuto de su teléfono. Vestido con saco azul claro y pantalón gris, acepta, entre risas, que usa el aparato todo el tiempo. De paso cuenta que ha cogido la disciplina de hacer ejercicio por las mañanas porque, además de cuidar la mente y el espíritu, dice que debe vigilar la carrocería. “Nunca he sido un deportista consumado –asegura–. Sólo en una época jugué tenis todos los días porque había cancha en el conjunto donde vivía. Ahora hago más que todo estiramientos, yoga y ese tipo de cosas”.

En ocasiones acompaña a sus hijas a jugar golf o tenis pero la verdad es que prefiere ver los deportes por televisión. “Me gustan los mundiales de fútbol y los partidos de tenis. Veo muy poco fútbol nacional a pesar de que soy hincha del Medellín. Un hincha bastante paciente, por cierto: años y años esperando una copa”, dice. Y ríe.

Lo cierto es que, al final, ninguno de esos deportes iguala su pasión por los equinos. Una afición que llega incluso a relacionar con su vida: “Destacaría que con los caballos uno aprende a ser muy paciente. Entenderse con este animal requiere de mucha paciencia, algo muy útil para relacionarse con las personas”, concluye. Una paciencia que lo hace sentir líder y pensar, siempre y bajo cualquier circunstancia, que no hay día malo. Que todos son bonitos. Todos. Hasta los más lluviosos y los más nublados.  

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