Lina Thomas no sueña con ser famosa

En su primer año en las pasarelas, esta samaria fue elegida modelo revelación en los Premios Cromos de la Moda 2009. Ahora tiene más trabajo que nunca, pero sueña con ser publicista.
Lina Thomas no sueña con ser famosa

Tiene un aire a Doutzen Kroes, la modelo holandesa de Victoria’s Secret. Es un aire, apenas. En la boca tal vez. En los ojos quizás. Habría que ver a Kroes de pelo crespo. O a Lina Thomas de pelo liso. Y luego dirimir.

A Lina, en todo caso, le tiene sin cuidado. “Ah, sí, ya lo escuché”, dice más bien poco convencida, sin un dejo de sorpresa en su rostro. Es una respuesta automática, como si no le importara. Llegó al modelaje sin buscarlo, “para ganar plata”, y no se obnubila por llegar a la cima, ni siquiera por equipararse con alguien. Doutzen Kroes no le quita el sueño. Puede que ni siquiera la conozca.

La playa

Lina Thomas es una samaria como-dios-manda; sabrosa, alegre, risueña, amante de la rumba y de la playa. Tiene 19 años y ha pasado los últimos dos en Bogotá. Antes no se había movido de Santa Marta. Obsesiva con sostenerse por sí misma, inventaba negocios en los salones de clase. Luego, en vacaciones, jugaba a ser mesera en un restaurante del Parque Tayrona. “Decía que trabajaba, pero en realidad no hacía nada. Me tumbaba en la arena a broncearme todo el día”.

¿Qué más le podía pedir a la vida?

Para empezar, un trabajo de verdad. Sus 1,80 m de estatura, su pelo ensortijado y encendido, sus ojos verdes que cambian de tono dependiendo de la luz que los ilumina, no podían pasar inadvertidos demasiado tiempo. Sus propios amigos le pronosticaron que su mejor oportunidad económica era el modelaje. A Lina, en cambio, le parecía un despropósito. “A todas nos pasa, creemos que somos demasiado feas para aspirar a modelos. No lo imaginaba. Lo que yo quería era ser decoradora de interiores”.

Tenía 17 años, el salitre pegado aún en la piel y los pies enarenados y libres, lejos de la tortura de los tacones, con la ilusión intacta de comenzar su carrera. Pero su papá la frustró. O eso dice, que la desencantó pronto de una profesión en la que él no creía. Entonces llegó la propuesta: alguien cercano a Mauricio Sabogal, uno de los ejecutivos de La Agencia Model Management, conoció a Lina en el Tayrona y le sugirió a Sabogal que la viera. Fue, como dicen las señoras, amor a primera vista. “Era un diamante en bruto –cuenta Sabogal–. Tenía la estatura ideal y un porte excelente, pero lucía el pelo y la piel descuidados. Con disciplina, podría transformarse en una buena modelo”.

La nevera

Lina decidió arreglarse muy bonita, pero no tanto porque creyera en ganar, sino por el honor del evento. El jurado de los Premios Cromos de la Moda 2009 la había nominado en la categoría de Modelo Revelación, por su desempeño en las pasarelas de Colombiamoda, Plataforma K y el Círculo de la Moda. Estaba distraída, segura de que alguien más se llevaría el premio y de que lo suyo había sido una feliz casualidad. Cuando Lina Marulanda nombró a la ganadora, una compañera suya tuvo que hacerla reaccionar: “¡Es a ti a la que están llamando!”.

Llevaba apenas año y medio en Bogotá y, con el premio, las puertas del modelaje se le habían abierto definitivamente. Había salido de Santa Marta sin un peso en el bolsillo, pero con la seguridad de que podía triunfar. La tentación fue la oportunidad de participar, por La Agencia Model Management, en un desfile de Karl Lagerfeld en París. Pero según Mauricio Sabogal, no hubo tiempo de tramitar la visa. Luego la ocasión se presentó en Milán, pero pasó lo mismo.

Los consulados en Colombia no funcionan a la velocidad que las agencias europeas desean. Así que Lina tuvo que quedarse… y morder el polvo. Fue una duda sutil, pero duda al fin, en una ciudad extraña y fría como Bogotá, a la espera de que, por fin, arrancara el trabajo. Y arrancó. Una campaña para una cerveza femenina fue suficiente para que su rostro, de un momento a otro, invadiera las vallas de las calles en todas las ciudades. Mientras tanto, llegaron las pasarelas. “La primera vez, desfilé como si me estuvieran apuntando con un revólver –narra Lina–. Pero luego fui relajando las facciones y soltando el cuerpo. ¡Ahora es una delicia!”.

La pasarela

Una delicia que le rinde dividendos. Después de ser la Modelo revelación de los Premios Cromos el año pasado, Lina Thomas ha multiplicado el número de desfiles. En el más reciente Cali Exposhow hizo 17 pasarelas, en comparación con las 7 del año pasado. En Plataforma K, en Barranquilla, hizo 15; en Colombiamoda, unas 20. En el Círculo de la Moda, otro tanto. “La gente ya sabe quién es Lina Thomas, ya no necesita presentarse” –afirma Sabogal.

“Escogimos a Lina porque en todas las pasarelas se veía diferente. Porque aunque llama la atención, hace muy bien su papel de modelo y no le roba el protagonismo a la ropa. Sabe desfilarla. Era la combinación exótica de ojos claros y un pelo crespo que la hacían lucir distinta de las demás”, asegura Íngrid Wobst, uno de los jurados de los Premios Cromos 2009, al lado de Merceditas Baquero y Aura Marina Hernández.

Quizás esa sea la razón de su éxito: su estatura de espiga, la mezcla de razas que se funde en su rostro con coqueta gracia, el pelo revuelto que estalla al natural desde su cabeza como juegos pirotécnicos. “Ese tipo de belleza hace furor afuera: la belleza étnica –opina Sabogal–. Uno no sabe si Lina es negra, o si es mulata, si su pelo es teñido o natural. ¡Su belleza intriga! Por eso ya la están tentando de Europa y de Estados Unidos”.

Y, sin embargo, puede que Lina no quiera dar el salto. “No sé si sea el momento. Uno ve a esas niñas que son como de diez años, con cincuenta centímetros de cintura y 60 centímetros de cadera… ¡y una es latina! Tiene sus curvitas y cadera… Por ahora quiero concentrarme en mis estudios. Y además no sueño con ser famosa”.

La mujer doble

Cuando Lina no está desfilando ni posando para las fotos, anda de camiseta, jeans y tenis. No se maquilla, se recoge el pelo. “Alguien me puede decir ‘esa zarrapastrosa qué hace de modelo’ –ríe–. Yo vivo en dos mundos: en el primero soy nerda y descuidada; en el segundo me maquillo, me peino, me visto, estoy siempre regia. Ambos los disfruto, pero son totalmente diferentes”. En el primer mundo, conserva los amigos de siempre, ajenos a la moda y al modelaje. No le importa que su novio sea diez centímetros más bajito y no le hace caso cuando él le pide que no use tacones. “Tú me conociste así, no esperes que cambie”, le contesta. En el segundo mundo, anda pendiente de cómo caminar mejor; se mira al espejo en busca de sus mejores gestos, de sus ángulos más acertados, de sus sonrisas más elocuentes, para poder repetirlos en las sesiones fotográficas y en las pasarelas. “Es también muy chévere sentir que te maquillan bien, que te visten bien. Me sentí feliz, por ejemplo, de desfilar la colección ‘Alicia en el país de las maravillas’, de Amelia Toro; me encanta cuando me viste Ricardo Piñeres, que es muy urbano y se conecta muy bien conmigo. Y qué decir de Roberto Cavalli. ¡Por Dios, fue espectacular!”.

Eso sí, el mundo del modelaje produce envidia y genera prejuicios. Antes de estudiar Publicidad, Lina decidió que, si no podía ser decoradora, sería ingeniera civil. Era buena para los números, para el cálculo, la química y la física. Entonces entró a la Universidad Santo Tomás. “Fue muy desagradable. No me iba mal en las materias, nunca perdí ninguna, pero notaba que algunos profesores me discriminaban. No aceptaban que yo tuviera que trabajar. Tenía compañeros que trabajaban en marroquinerías, en un café internet… No les decían nada. A mí no me dejaban ser modelo. Incluso una vez una profesora me dijo de frente: ‘usted tiene que escoger entre ser bonita y ser inteligente’. No aguanté. Pero, en cambio, ahora estudio Publicidad y estoy feliz. Cuadra perfectamente conmigo y con lo que hago”.

La ascendencia

Es inevitable, Lina tiene cierto aire a Doutzen Kroes, la holandesa que desfila para Victoria’s Secret. Puede parecer exagerado, pero así es.

–¿Por qué da esa impresión?

–¿Por mis ojos, tal vez? –contesta–. Mi apellido, Thomas, no es de acá, es inglés.

–¿Y tu segundo apellido, Illidge?

–Ah, ese es holandés.