Adiós al Amazonas

La lente del fotógrafo español Daniel Beltrá ha captado durante casi 10 años la continua deforestación de la selva amazónica en Brasil. Sus fotos son una denuncia constante de la práctica aberrante de quemas que ya han acabado con cerca del 20% de este ecosistema pero que además producen cerca del 80% de la contaminación mundial por dióxido de carbono. Imágenes que indignan.
Adiós al Amazonas

Hace una semana el caudal del río Negro, uno de los afluentes que da origen al Amazonas, produjo alarma entre las autoridades brasileñas. De los 30 metros de profundidad que habitualmente posee, quedaron apenas 13,63. Era el nivel más bajo en 40 años. Casi la totalidad de sus 700 kilómetros dejó de ser navegable y más de 60.000 familias del norte del país quedaron aisladas. Se declaró la emergencia en 37 de los 62 municipios del estado Amazonas y los daños en cultivos, ganadería y el comercio aún son incalculables.

Hace cinco años, por esta misma época, se registraba otra fuerte sequía. “La peor desde 1902, época en la que se empezaron a hacer mediciones”, decía la prensa. En aquella ocasión no fue uno sino casi todos los ríos que nacen o atraviesan esta selva, conocida como el pulmón del mundo, los que quedaron hechos apenas un hilo.

Hoy, como hace cinco años, las opiniones se dividieron en torno a las razones que están produciendo estas sequías, que aunque cíclicas, son cada vez más fuertes. Una corriente de científicos argumenta que los huracanes del Atlántico “arrastran” la humedad de esta zona, mientras que otros aseguran que el calentamiento global es la principal razón para que los niveles de los ríos bajen cada vez más.

“No podemos seguir negando los efectos del calentamiento global. Es claro que la mitad de la lluvia que cae en la selva es generada por evaporación en la selva misma. Si cortas los árboles, hay menos lluvia”, dice Daniel Beltrá, un fotógrafo español que desde 2001 le hace seguimiento a los estragos que causa la deforestación del Amazonas.

Llegó a finales de agosto, invitado por Greenpeace, la más grande organización conservacionista del planeta. Fue dramático, según recuerda, porque por esos días ocurrió el atentado contra las Torres Gemelas, en Nueva York, y no fue posible salir de Brasil, así que se fue con la policía federal y las autoridades ambientales a seguir un decomiso de caoba talada ilegalmente.

En medio del trabajo se subió a un helicóptero. “Me gustó lo que vi y cómo lo vi. Desarrollé una habilidad para tomar fotos aéreas. Desde arriba puedes poner una situación en contexto. Te separas del problema para ver una imagen global. Cuando caminas ves detalles, pero desde arriba se percibe la extensión del daño”.

A partir de ese momento, Daniel decidió que la mejor manera de captar el daño ambiental en el Amazonas sería con fotografías aéreas. En su archivo reposan miles de imágenes captadas durante dos o hasta tres viajes anuales, en los que ha registrado los impresionantes incendios ilegales que han destruido cerca del 20% de esta selva tropical y las fuertes sequías que afrontan sus habitantes.

Cada foto es una impactante denuncia. “Me interesa crear imágenes que chocan”, dice desde Seattle, donde vive los pocos meses al año que no viaja. Y sin duda lo logra. Este trabajo le ha merecido el premio World Press Photo en 2006 y 2007 y el China International Press Photo Contest. Pero quizá el más importante galardón fue el que recibió en 2009, de manos del Príncipe de Gales, el Prince’s Rainforests Project, que le financió una investigación de tres meses en el Congo, Amazonas e Indonesia.

Las fotos de esta investigación fueron plasmadas en un libro de edición limitada que el Príncipe Carlos les entregó a los jefes de Estado que se hicieron presentes en la Cumbre de Copenhague, en diciembre del año pasado. “El mensaje era directo: el 80% de emisiones de carbono viene de las quemas de selva. La mejor forma de frenar el calentamiento global es parando la deforestación”, recordó.

Beltrá es ante todo un activista. No sólo trabaja para Greenpeace sino que hace parte de la Liga de Fotógrafos por la Conservación. Su lente también ha estado enfocada en el Antártico, donde se ha obsesionado por capturar el deshielo. Este tipo de reportería le ha permitido establecer una conexión entre el derretimiento de las capas de hielo, los incendios en las zonas selváticas y el calentamiento global.

Daniel nació en Madrid y antes de convertirse en fotógrafo estudió dos años de ingeniería forestal y luego hizo cuatro años de biología, así que le sobra autoridad para criticar el crecimiento de la frontera agrícola y pecuaria:“En Brasil hay más de 200 millones de cabezas de ganado, es la mayor ganadería del mundo”. Y detrás de las talas y quemas hay actividades legales e ilegales, desde la venta de maderables, la siembra de soja para alimentar vacunos y de eucaliptos para la producción de papel, hasta la creación de fincas ganaderas y la apropiación de tierra.

Según las Naciones Unidas, el 70% de las tierras deforestadas en la selva amazónica se utilizan para el pastoreo de ganado o para la producción de animales de granja (a nivel mundial este porcentaje llega al 30%). Por eso muchos de los esfuerzos están dirigidos a trabajar directamente con los grandes productores de carne.

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