Tómbola con Juan Gossaín

Su fruta preferida es el zapote, la palabra que más le gusta es agua, el ex periodista radial nos habló de sus gustos.
Tómbola con Juan Gossaín
> ¿Cuál sería una bella tarde para morir?

Una bella tarde de verano, cuando el mundo es más bello.

> Una contrariedad en su corazón.

No tener el coraje que se necesita para regresar cuando hay que regresar, sino cuando se pudo regresar.

> Una derrota que no haya tenido revancha.

Siempre tuve la ilusión de estudiar periodismo en la Columbia University.

> Una cuenta pendiente.

Regresar a San Bernardo del Viento.

> Ya retirado de la radio, ¿ha empezado a desandar el camino?

Como quien recorre un río al revés.

> Una deuda eterna.

Cuando me botaron de El Espectador en el año 71, Óscar Alarcón, Javier Ayala y Antonio José Caballero me pagaron el almuerzo durante seis meses.

> ¿En relación con la muerte, es mejor despedirse o pedir auxilio?

Lo que falta es tiempo para despedirse.

> ¿Realidad o ficción?

Cuando la realidad aprieta mucho hay que refugiarse en la ficción.

> Alguien tan bueno como el pan del desayuno.

Javier Ayala.

> Un recuerdo que todavía palpite y muerda.

No haber ido nunca a la Heladería Cartagena.

> Lo mejor y lo peor de tener 18 años.

Lo mejor, la capacidad de ilusionarse. Lo peor, descubrir que el mundo es distinto a las ilusiones.

> Lo mejor y lo peor de tener 60 años.

Sin ilusiones ni utopías, la vida no es más que un largo ensayo para morirse. Yo creo que mañana será mejor.

> Un bolero que habría salvado a Bolatriste.

”Cantando quiero decirte lo que me gusta de ti, las cosas que me enamoran y te hacen dueña de mí...”.

> La mayor desmesura que se haya imaginado.

Que una gaviota pueda seguir navegando después de muerta.

> La palabra que más le gusta.

Agua. Es la palabra más influyente y orgánica del idioma.

> La que más usa.

Utopías. O sus variantes: ilusiones, sueños.

> La que más odia.

Muerte.

> Una amanecida que haya valido la pena.

El día que amanecí oyendo boleros en el estudio de una amiga, y resolví casarme con ella. Fue la noche que conocí a Margot.

> Su trago preferido.

El vino tinto.

> La mejor época del año para observar el mar.

Entre el 15 y el 29 de diciembre a las seis y cinco minutos de la tarde. Es cuando se produce el verdadero ocaso.

> El sitio más extraño al que haya ido.

Estuve dos días en un calabozo porque me negué a revelar una fuente.

> Un placer descubierto ahora.

Sentarme en silencio a mirar el mar.

> La música popular que más escucha.

Vallenatos sin música. Lo que me interesa del vallenato es la historia.

> ¿Cree en los milagros?

Cuanto menos los necesito, más creo en ellos.

> El deporte que más le gusta ver.

El béisbol.

¿Cuál es el pasaje de la Biblia que más le gusta?

El evangelio de San Juan sobre la resurrección de Lázaro. ¿Qué noticia puede ser más asombrosa que un hombre resucitado?

> ¿Tiene algún amuleto?

No. Soy un creyente, llevo en mi bolsillo una estampa de la Virgen del Carmen y un Corazón de Jesús que en la Costa llaman “Detente”.

¿A qué destino no pudo escapar?

Al periodismo. No pretendía ser periodista, yo quería ser escritor.

Un escrúpulo que lo tenga cercado.

Mi incapacidad para acercarme a las mujeres. Delante de ellas soy capaz de enredarme tomando agua.

Un libro que no haya podido terminar de leer.

Noticia de un secuestro. Como literatura es malísimo, como periodismo es peor.

Un poeta para aprender a amar.

Antonio Machado.

Una buena definición de diccionario.

Es la canción de cuna con que se arrulla el idioma. Nada es mejor que el diccionario, salvo las mujeres.

La película mala que más le gusta.

Son Nosotros los pobres y Ustedes los ricos, con Pedro Infante.

El refrán más divertido que ha escuchado.

Lo dice Bolatriste, es muy fatalista pero muy sabio: “Cuando uno nace cagado, del cielo le llueve mierda”.

Una fruta.

El zapote, es lo más lujurioso que hay.