Museos fuera de las guías tradicionales

Atrévase a ver muestras que exhiben almas en pena, zapatos para no usar, arte de mala calidad, máquinas de tortura, partes humanas y hasta un museo navideño.
Museos fuera de las guías tradicionales

A unas cuadras de la torre Eiffel, en París, siguiendo la línea del río Sena pero debajo de la ciudad, la majestuosidad desaparece y el aire cambia. A unos metros bajo tierra hay otra ciudad menos glamurosa: la red de cloacas más grande del mundo que hoy se ha convertido en otra atracción para los millones de turistas que caminan arriba, por entre palacios, iglesias y templos de arte y moda.

Es el Museo de las Cloacas, donde un visitante puede recorrer un kilómetro de los 2.100 que componen esta red de túneles que empezó a construirse en el siglo XIV y se perfeccionó a finales del siglo XIX, para separar el agua potable de las aguas negras.

Una obra de ingeniería que todavía es desconocida por muchos pero que es célebre por ser escenario de historias como Los miserables, de Víctor Hugo, el musical El fantasma de la ópera y, recientemente, Ratatouille, la película animada sobre una rata cocinera y habitante de este complejo subterráneo que, además, fue búnker de los nazis y de la resistencia durante la Segunda Guerra Mundial.

Hoy pasan unas 90.000 personas al año por este particular museo donde el olor no es precisamente a perfume parisino, pero que tiene el atractivo de lo oscuro. Hay pasajes con galerías informativas que muestran los canales, las bolas metálicas de limpieza, los botes y carros especiales para el transporte de los trabajadores. Hay también expuestos objetos encontrados en las cañerías, como armas antiguas y nuevas; y casos curiosos, como una lavadora que inexplicablemente llegó a los túneles, y el registro del hallazgo de un cocodrilo de 80 centímetros, en 1984.

París no es la única ciudad con museos ocultos. Sólo basta con mirar las guías turísticas y blogs de viajeros curiosos para descubrir museos sorprendentes, raros e incluso repulsivos donde se exponen cucarachas vestidas de Marilyn Monroe, collares de perro, carruajes fúnebres diseñados para inducir el llanto o una colección con objetos, hechizos y personajes oscuros en el Museo de la Brujería. Lugares que dan cuenta de la historia del hombre pero que no alcanzan a entrar en la categoría de templos del arte.

Arte para los pies

En este museo se satisface el fetiche de muchas mujeres por los zapatos, pero también se muestran 4.500 años de historia de un accesorio que sigue evolucionando. Es el Museo Bata de Zapatos, en Toronto (Canadá). La colección recoge 12.000 piezas que van desde la antigüedad hasta los diseños contemporáneos más extraños, y que están resguardadas en una sede diseñada por el prestigioso arquitecto Raymond Moriyama. Este peculiar museo comenzó cuando la esposa de Thomas J. Bata, el creador de la marca de zapatos que lleva su apellido, decidió coleccionar los zapatos tradicionales de cada país, los que compraba en cada viaje. Hoy es un gran espacio donde siguen llegando piezas que, en muchos casos, son casi obras de arte. www.batashowmuseum.ca

Fijación artística

El Museo del Falo, en el pueblo pesquero de Húsavík (Islandia), es quizás el único en su género. Una típica casa de la isla es la sede de esta colección de 273 penes y otras partes de este órgano, de 92 diferentes especies de mamíferos marinos y terrestres. Hay, por ejemplo, 55 de 17 tipos de ballenas, 36 de focas y morsas, 115 de mamíferos terrestres y uno de oso polar. La muestra la complementan piezas artesanales y rarezas artísticas en torno al tema fálico. Húsavík es la capital del avistamiento de ballenas en Europa y parece que el museo es la nueva atracción, pues el año pasado 11.000 personas lo visitaron. www.phallus.is

Mal arte

En Nueva York está el Museo de Arte Moderno (MoMa), y en Dedham, a 16 kilómetros de Boston, el Museo de Arte Malo (MoBa) –sigla en inglés de Museum of Bad Art–. Es el único museo en el mundo dedicado a la colección, preservación y exhibición del mal arte en todas sus expresiones. Abrió en 1994 y ahora tiene una colección de 500 piezas entre retratos, paisajes y bodegones. El objetivo es mostrar al público lo peor del arte, pero hay un criterio para estar allí: las obras deben ser originales, tener una intención seria y evitar lo kitsch. Hacer parte de este museo puede ser tan difícil como serlo de uno de buen arte. www.museumofbadart.org

Huellas de almas

Una colección espeluznante que puede aterrar hasta a los no creyentes: el Museo de las ánimas benditas del purgatorio. Un salón de la iglesia del Sagrado Corazón del Sufragio, en Roma, reúne piezas donde quedaron marcadas las apariciones de ánimas en pena. Impresiones quemadas en biblias, mesas o ropa son las señales de las almas que trataron de contactar a sus seres queridos para que oraran por ellos y así acelerar su paso al cielo. El museo comenzó después de un incendio en la iglesia que dejó al descubierto la imagen de un rostro que un misionero consideró que era de un alma en pena. Iglesia del Sacro Cuore del Suffragio, Lungotevere Prati 18, Rione Prati, Roma.

Máquinas de dolor

Ámsterdam tiene un lugar donde se le rinde homenaje al dolor: el Museo de la Tortura. Cuartos en penumbra y una atmósfera extraña hacen parte de esta muestra cuyo objetivo es documentar la historia de la crueldad humana. Hay guillotinas, mesas de estiramiento, prensas para diferentes partes del cuerpo, máscaras metálicas, un triturador de cabezas, el tenedor herético, y el potro y la silla de la inquisición, junto a otros instrumentos y pinturas que explican los métodos que en el pasado se usaron para causar dolor a pecadores o para lograr confesiones. www.thetorturemuseum.com

Anatomía a la vista

La medicina, así como las enfermedades, son también objetos de exhibición y varios museos en el mundo se disputan el puesto de mostrar el cuerpo humano en todo su esplendor. Uno de estos es el Museo del Royal London Hospital, donde entre instrumentos, historias clínicas y libros, hay objetos de los asesinatos de Jack el destripador, estudios del Hombre Elefante y hasta una dentadura postiza que encargó George Washington.

Pero hay otros donde hay que llegar sin escrúpulos, como el Museo del Parásito, en Tokio, creado para la investigación médica y que reúne 300 variedades de piezas. La más valiosa es una solitaria de nueve metros. Aquí los visitantes pueden comprar llaveros con parásitos encapsulados.

En Moscú, una parte del Museo de Antropología y Etnografía expone piezas que apasionaron a Pedro el Grande, un estudioso de anatomía, a quien le generaban un macabro interés. La colección la componen cerebros deformados, cuerpos de niños, fetos y partes humanas y animales. Otra “curiosidad”: el museo también guarda la cabeza de un amante de Catherine I.

Al otro lado, en la Escuela de Médicos de Filadelfia, está el Museo Mütter, dedicado a preservar materiales importantes para la ciencia. Hoy tiene 20.000 piezas entre partes anatómicas, una colección de calaveras, instrumentos médicos, modelos en yeso de casos especiales y un colon de 2,7 metros.

Una historia de Navidad

Los amantes de las tradiciones navideñas y de diferentes creencias se sentirán en el cielo si visitan el Centro Nacional de la Navidad, en Paradise (Pensilvania). Una experiencia no apta para los seguidores del Grinch pero sí para los niños y para toda la familia, que comprende un recorrido por la villa Tudor, donde se mezclan cientos de figuras, luces, representaciones de la Navidad desde hace cien años, miniciudades con trenes, la evolución de Santa Claus y las leyendas de San Nicolás, los objetos decorativos, antigüedades y un pesebre con figuras de tamaño real que representan la gruta donde nació Jesús. Además, no se necesita viajar sólo en diciembre para descubrir este museo pues está abierto todo el año. www.nationalchristmascenter.com