Mónica Wagenberg, la nueva cara de Festicine Cartagena

Esta bogotana es la encargada de devolverle al Festival de Cine de Cartagena el prestigio de sus mejores épocas. Por el momento, ya confirmó un jurado de renombre.
Mónica Wagenberg, la nueva cara de Festicine Cartagena

Mónika Wagenberg ya no se acuerda de los teatros de Bogotá en los que vio sus primeras películas, y a los que se escapaba del colegio con la complicidad de una profesora, a ver filmes europeos. Han pasado más de 25 años desde entonces.

En principio, el cine no parecía ser más que una afición. De hecho, se graduó de economista de la Universidad de Los Andes, y luego viajó a Filadelfia a especializarse en Finanzas. Pero de pronto combinó los análisis financieros con estudios de Literatura comparada y más tarde terminó en Nueva York estudiando Cine.

Unos años después, Mónika se sorprendió montando su empresa de promoción y distribución de cine latinoamericano, Cinema Tropical, y vinculándose como programadora de festivales como el de Nuevos directores del Museo de Arte Moderno de Nueva York, el Film Society del Lincoln Center, el Internacional de Cine Latino de Nueva York y el de Miami. Su verdadera pasión había reclamado sus derechos.

Toda la experiencia adquirida en los últimos 10 años la aplica ahora como directora artística del Festival Internacional de Cine de Cartagena (Ficci). Por el momento, ya tiene lista la programación, algo que no era común en este evento, que prende proyectores el próximo 24 de febrero. Sin embargo, tendrá que hacer mucho más que llenar las pantallas. Ante todo, su deber será que la prensa latinoamericana vuelva a creer en un evento que alguna vez fue vitrina del cine regional y anfitrión de reconocidas figuras de la cinematografía mundial, y que de repente se fue hundiendo hasta casi naufragar.

El reto comenzó en octubre pasado, cuando fue nombrada oficialmente, aunque ya estaba vinculada al festival como programadora desde hace dos años. En tres meses movió sus contactos en todo el mundo, convenció a directores y organizó una muestra que recoge lo más actual de Colombia e Iberoamérica, al tiempo que le da un vistazo al cine mundial que aún no ha entrado en el circuito comercial.

Una de las primeras lecciones fue darse cuenta de que en Cartagena las cosas no funcionan como en Nueva York, donde reside. A Mónika le tocó mezclar su entusiasmo con algo de “carpintería”, ese karma que consiste en que el director artístico no puede concentrarse en su trabajo porque debe resolver otros problemas. Pero así son las cosas en un evento al que no le han servido 50 años de existencia.

Lo segundo que aprendió fue que hay mucho por hacer. Empezando por el acondicionamiento de los teatros. Hace unos meses trajo un experto para que verificara técnicamente las salas. Los resultados se verán en esta edición del festival. El Adolfo Mejía, donde se proyectará la competencia oficial, tendrá sonido surround y nuevo telón. Entre tanto, el Centro de Convenciones Cartagena de Indias reparó los lentes del proyector, que tenían hongos. El experto descubrió, además, que el sonido fallaba por la mala ubicación de los parlantes.

“A veces suena obvio cuando digo que mi meta es darle prioridad al cine, pero la realidad es que el festival ha sobrevivido porque la gente es magnífica, los que vienen tienen en su mente pasarla bien y la pasan increíble”, dice.

Tiene razones para afirmarlo, pues en un festival pasado estaba con un director que se molestó por la mala calidad de la proyección. “Pero después empezaba la rumba, se le olvidaba y decía que volvía cuando quisiéramos. Eso no pasa en otra parte, creo que Cartagena ha corrido con esa buena mala suerte, aunque no le ha permitido enfocarse en campos que son básicos”.

El carisma de la ciudad ha permitido, por ejemplo, la asistencia para esta edición de estrellas de la talla del actor Willem Dafoe, y de directores como Sebastián Silva, Pablo Larraín, el actor Luis Tosar (Celda 211). De los demás, Mónika prefiere no hablar mientras no le llegue una confirmación definitiva. No obstante, se arriesga a asegurar que el 90 por ciento de los directores y actores de los filmes en competencia vendrán. “Nunca fue tan fácil confirmar películas como este año. La gente quiere venir, también porque el cine colombiano está resonando”.

El jurado estará integrado por el director mexicano Arturo Ripstein; Caroline Libresco, programadora del Festival de Cine de Sundance, y Mike Goodridge, editor de la revista Screen International y miembro de la Fipresci (Federación internacional de críticos de cine). Estos dos últimos serán claves para el futuro del festival, pues serán los embajadores de Cartagena una vez retornen a sus actividades cotidianas.

Con una emoción controlada, como si no quisiera pasar algún límite, Mónika Wagenberg muestra satisfacción. Ya logró traer Poetry, un filme coreano por el cual luchó hasta el cansancio, y espera, hasta el último día, la confirmación de Carlos, la más reciente película del director Olivier Assayas, de quien habrá una retrospectiva. Una emoción que está sustentada en algo que ya ha oído en los últimos meses y puede ayudar mucho al festival: que gracias al cine “Colombia is the flavor of the month” (Colombia es el sabor del mes).