Austin Visschedyk, el paparazi más joven del mundo

A sus 17 años no tiene nada que envidiarles a los profesionales. No ha terminado el bachillerato y ya sus fotografías son peleadas por algunas de los tabloides más importantes de Estados Unidos. 
Austin Visschedyk, el paparazi más joven del mundo

En Hollywood nada es lo que parece y muy pocos son quienes dicen ser. Aunque muchos se rehúsan a ser parte de este mundo de apariencias, Austin Visschedyk, de 17 años, supo adaptarse como todo un profesional. Es el paparazi más joven del mundo.

Su inocencia es el mejor camuflaje para acercarse a las celebridades, pues al verlo en la calle lo confunden con un adolescente común y corriente. No imaginan que el encuentro no ha sido casual. En realidad, Austin lleva horas esperándolos para tomarles una foto y vendérselas a los tabloides interesados en precios que han llegado a los 1.500 dólares.

Nada mal si se tiene en cuenta que su trabajo de paparazi empezó por accidente. Su primer encuentro fue nada más y nada menos que con Paris Hilton a la salida del spa que la mamá de Austin suele visitar. La vio hablando por teléfono y, sin pensarlo, se le acercó y le tomó una foto con su celular. Lo que para una de las mujeres más fotografiada del mundo fue un gesto de ternura, para Austin fue toda una revelación. “Cuando ella salió del lugar la esperaban un montón de paparazis y hubo algo en medio del caos y los flashes de las cámaras que simplemente me fascinó”, le confesó a CROMOS.

Desde ese día cambió su rutina. La bicicleta que utilizaba para divertirse con sus amigos se volvió su herramienta de trabajo. Las calles de West Hollywood se transformaron en su sitio de juego y los paparazis, en sus nuevos compañeros.

Su habilidad para capturar situaciones casuales pero de interés general la heredó de su abuelo, fotógrafo profesional en Holanda que le enseñó la importancia de poner atención a los detalles. Por eso todos los días hace juicioso la tarea. A diferencia de sus amigos, Austin no va al colegio. Por las mañanas recibe clases particulares, por la tarde se dedica a buscar datos y chismes de los famosos en internet, y por la noche sale a buscarlos. El horario, que él le encanta, ha sido tema de discusión entre familiares e incluso colegas que no entienden cómo sus padres dejan que trabaje de diez de la noche a tres de la madrugada. Según explicó su mamá en una entrevista para el portal de internet TMZ, ”lo único que me interesa es que mi hijo sea feliz, y ser un paparazi es lo que más le gusta hacer”.

Pero, ¿qué impulsa a un adolescente a dejar de lado a sus amigos y su colegio para dedicarse a perseguir celebridades? El actor Adrian Grenier, protagonista de la exitosa serie de televisión Entourage, se hizo esta pregunta la primera vez que se topó con Austin a la salida de Koi, uno de los restaurantes preferidos de las celebridades en West Hollywood. La molestia cuando sintió el flash de la cámara en los ojos, se tornó en incredulidad cuando se dio cuenta de que se trataba de un niño. Era Austin, quien en ese entonces tenía 14 años. La curiosidad llevó a Grenier a proponerle hacer un documental con su vida.

Un año duró la filmación, tiempo en el que el propio Grenier pasó de ser el director para meterse en el papel de paparazi y convertirse en la sombra de Austin durante sus largas y extenuantes jornadas de trabajo. Teenage paparazzo muestra el mundo de estos odiados y temidos fotógrafos a través del más joven del grupo. Claro que Austin tiene una ventaja: su contextura. Al ser delgado y con cara de niño, enternece a las actrices y nunca se va con las manos vacías. Tanto así que Lindsay Lohan y Paris Hilton lo tienen dentro de sus contactos y lo llaman para avisarle dónde van a estar.

Es tanta la atención que despierta este adolescente que él mismo es ahora una celebridad. Desde la presentación de Teenage paparazzo en el festival de cine de Sundance el año pasado, donde fue bien recibido por la crítica, Austin es ahora víctima de las cámaras de otros. Su profesionalismo y disciplina llaman la atención de sus colegas, que ya lo reconocen como uno de los suyos. Mientras tanto, Austin ya tiene su propio portal de internet, donde exhibe su trabajo y recibe ofertas.

Es tan bueno en lo que hace que cada fotografía la vende mínimo en 1.000 dólares. Por supuesto, ya vendió su bicicleta para comprarse un BMW, porque como él mismo le dijo a CROMOS, si hay algo que les ha aprendido a los famosos que persigue, es a vivir con estilo.