En el ropero de Helenita Vargas

En los años de 2003 y 2005, la revista CROMOS, realizó una visita a ‘la Ronca de Oro’, para explorar con ella, sus vestidos llenos de brillantes y colores. Ésta fue historia.
En el ropero de Helenita Vargas

Su casa parecía más un camerino: un lugar brillante y colorido habitado por lentejuelas, mostacillas y canutillos. La ronca más célebre de Colombia no tenía un vestido de la suerte, con todos le iba bien.

“A la hora de salir al escenario ya el vestido no importa. Ya es mi cordón umbilical con el público”. Pero –antes de que la encandilen las luces del show- a Helenita Vargas le gustaba estar impecablemente arreglada. Elegante, clásica. Con sus trajes de hermosas telas hasta el piso, siempre de manga larga y nunca con grandes escotes.

En su apartamento había clósets por todas partes. Uno enorme en su cuarto, otro en la cocina y uno más en el estudio. Tenía ropa de invierno y verano en constante rotación (salvo las pieles que le han regalado y que son inamovibles). No se aferraba a sus vestidos de cantar y no guardaba ninguno por cábala. “Con todos me va bien”.

Los beneficiarios de sus cambios de ropero eran otros artistas y sus fanáticos gays, que se visten y cantan como ella para vivir. “Una vez fui a ver a uno imitándome en Cali. Impresionante. La voz, las cejas, la figura… Cuando terminó el show fui a saludarlo, se emocionó y lloró. Yo también lloré. Al otro día le regalé tres vestidos”.

Las lentejuelas

Helenita Vargas era una mujer a la que le gustaba lucir siempre muy elegante y tenía bastante claro que cuando se trata de hacer un show no se podía subir al escenario con un vestido sencillo. Para ella la ropa era tan importante como la voz, la música y el montaje que tuviera el espectáculo.

Perdió la cuenta de cuántos vestidos de gala tuvo en sus 36 años de vida artística, pero sí se supone que había mandado a hacer o comprado diez por año daba como resultado 360, pero siempre insistió en que no se atrevía siquiera a calcular. Nunca le importó cuántos años tuvieron los trajes, lo que le es que todavía le gustasen, por la talla jamás se preocupó porque siempre mantuvo el cuerpo delgado como cuando empezó su carrera en el canto.encajes franceses y sedas de la India enriquecidas con lentejuelas hasta vestidos completamente recamados en mostacillas y canutillos que alcanzaban a pesar hasta diez kilos, pero que ella manejaba como si fueran unas vaporosas batas de playa. Sus preferidos eran los del diseñador caleño –radicado ahora en España- 

Para ella el brillo era fundamental. También lo era la comodidad. Por eso las telas eran fundamentales en sus diseños. En ellos se encontraban desde los más finosCarlos Arturo Zapata. Tenía uno de cada firma colombiana y muchos otros de los grandes de la moda mundial, así como otros de creadores desconocidos que lograron conquistarla.

La vida de Helenita Vargas se resume en años y años y espectáculos, canciones, bohemia, fanáticos, premios, grabaciones en todo el mundo, en las que siempre brilló no sólo por su voz son también por su vestuario.

Hasta las 8:00 p.m. del martes 8 de febrero estará el cuerpo de la actriz en el Teatro Municipal de Cali para que aficionados y familiares le den el último adiós.

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