Alicia Cano, la geisha virtual

Esta paisa de 24 años tiene su propia vitrina en internet donde se desnuda y muestra toda su fantasía.
Alicia Cano, la geisha virtual

 Voy por el Occidente de Medellín buscando una dirección en Belén, un barrio de estratos 2, 3 y a veces 4. Es una sensación extraña porque voy a verme con una mujer que no conozco, en su apartamento (eso acordamos por teléfono), a pesar de que ella en su oficio porno sólo acepta visitas virtuales.

Luego de dar muchas vueltas por un laberinto de calles y casas, y de pasar dos veces por la misma cuadra con olla comunal y sancocho sobre un fogón en la acera, típica de un sábado, por fin aparece un edificio lo suficientemente alto en la zona para asegurarme de que allí está la puerta del 1004 donde vive y trabaja Alicia Cano, o Aliciatulatina.com, como quieran llamarla.

No hay un matón en el corredor, custodiando la puerta, ni puerta pesada con mirilla, solo un timbre y un tapetico inofensivo sobre un piso blanco de baldosas. Todo es tan normal que asusta. Mucho más cuando lo primero que aparece es un gato inmenso color crema y luego unos pies muy blancos con sandalias negras y uñas rosaditas... Y sobre ellos Alicia con sus 24 años, una camiseta esqueleto capaz de contener su brasier 36D, unos ojos verdes y una sonrisa lenta y pegajosa como miel.

Adentro el espacio se resume en dos sofás, un comedor rimax, un mueble adosado a la pared, un balcón estrecho, una cocina de juguete y al fondo cuatro puertas, la del baño y la de los cuartos donde –se supone– instala sus cámaras y presenta su show “caliente” en tres páginas de internet.

Quiero ver su lugar de trabajo. Ella, demasiado fresca, me dice que no hay problema pero que hay que esperar a que salga su marido. ¡Su marido! La situación se vuelve mucho más absurda. Tiene marido –bueno, así llama a su novio– y, obviamente, está enterado de lo que ella hace.

Mientras sale comenzamos la entrevista. Dos preguntas y una mirada de reojo a ver quién va a salir por esa puerta. Otras dos preguntas y de nuevo los ojos en alerta a ver si se asoma un tipo ruidoso, con cadena de oro y camisa abierta.

La zozobra dura toda la entrevista, hasta que apago la grabadora y, como si estuviera esperando a que termináramos, sale un tipo callado, muy prudente, con pinta de estudiante de arquitectura (en realidad es fotógrafo), que saluda y se retira con la discreción de una soprano en una ópera. Todo es tan normal que asusta. Lo de ir a su “oficina” donde se desnuda y juega con sus clientes a mirar y no tocar, se pospone para más tarde. Por ahora ella quiere hablar.

¿Casada o soltera?

Unión libre.

¿Cómo maneja esto con su pareja?

Al principio fue difícil pero se va convirtiendo en una cosa de no darle tanta cabeza.

Si le tocara llenar en una hoja de vida el espacio donde dice profesión, ¿qué pondría?

Que soy diseñadora gráfica, pero no tendría ningún problema en poner modelo webcam.

¿Modelo webcam? ¿Cómo explicarle a una amiga en lo que usted trabaja? ¿Qué le diría?

Que me desnudo ante personas sólo prendiendo mi camarita en el computador, ese es mi trabajo.

¿Todas las mujeres tienen una exhibicionista oculta?

Absolutamente todas. Pienso que todas las mujeres llevamos una exhibicionista, una salvaje y una coqueta muy adentro.

¿Su cuerpo es su herramienta de trabajo?

¡Claro! Y hay que mantenerlo porque esto es lo que en este momento de mi vida me está dando dinero y me permite estudiar diseño de modas.

¿Cómo funciona el negocio?

Es un trabajo que se presta para muchas cosas, para hacer las cosas muy reales y sentirlas al ciento por ciento, como en la actuación. Es cómo me muevo, cómo me desempeño, cómo utilizo mis juguetes, cómo seduzco a los clientes. Eso es lo que la gente ve. No es sobre mi vida, porque si no me verían todo el día en una mesa de dibujo haciendo trazos y un montón de cosas que obviamente la gente no va a pagar por ver.

¿Cuánto tiempo se exhibe?

Yo tengo unos horarios. Básicamente entre tres y cuatro horas al día.

En una rutina normal ¿qué hace?

Estoy casi 15 minutos hablando con los clientes por chat, sonrío, me quito la blusa, el pantalón... Es una especie de striptease con conversación, muy lento, muy sensual, muy provocativo. Y lo hago una y otra vez de diferentes maneras.

¿Cuándo descansa?

Para tomar agua, ir al baño o retocarme un poquito el maquillaje.

¿Se siente un poco actriz de televisión? ¿Qué es lo más difícil frente a las cámaras: el encuadre? ¿Le preocupa eso?

Obvio, porque toca dar una excelente imagen y mostrar tu mejor ángulo. Y claro que me siento actriz porque hay que hacerlo de la mejor manera posible para que no se vea actuado sino muy natural y fluido.

¿Usted no se levanta a veces con ganas de hacer algo diferente?

Sí, en esos días en que uno está con la depresión.

¿Qué la deprime?

A veces el estar tanto acá, entre estas paredes. El encierro me deprime. Pero salgo, doy una vuelta por el centro comercial, me como un helado, regreso y digo: bueno, vamos a trabajar.

***

Es el momento perfecto para que nos deje ver el estudio donde ella se muestra literalmente como un libro abierto. Nos lleva a uno de los cuartos, demasiado estrecho, y entiendo que se sienta mal con esa luz enferma y en esa cama de sábanas verdes. Con toda tranquilidad nos explica dónde va ella con su portátil, junto a las almohadas también verdes, y dónde pone las cámaras: una al lado izquierdo que toma de la cintura hacia arriba, otra del lado derecho que “poncha” de la cintura hacia abajo, y una frontal que ella aleja y acerca y con la que manipula a su audiencia.

***

¿Qué es lo más fuerte qué hace?  ¿Hay límites?

Sí, claro, porque esto es porno pero individual. A veces piden que me chupe los pies y eso tampoco lo hago, pero hay muchas cosas que sí hago. ¡Ah, pero eso sí, no hay contacto con nadie!

Hablemos de los clientes, ¿cómo sabe cuánta audiencia tiene?

Aparece en la pantalla el número de personas que me están viendo.

¿Cuánta gente ha llegado a verla por sesión?

Estoy en tres páginas diferentes. En estos días había 1.700 personas conectadas. Pero eso depende: por ejemplo, por la tarde hay muchas personas, pero por la noche son menos porque hay muchas más modelos conectadas.

¿Hay mucha competencia?

Sí, este medio está lleno.

¿Esto cuánto lleva en Colombia?

Yo tengo amigas que llevan seis años. Yo solo un año.

Le va mejor en el día.

A mí me va bien a cualquier hora, pero en el día hay menos competencia, claro que también hay más “chichipatos”.

¿Un “chichipato” es un mal cliente?

Los clientes del día son personas que solo quieren ver que uno esté ahí moviéndose siempre, quieren ver show todo el tiempo y no se preguntan: ¿Quién sos vos? ¿Qué te gusta? Sólo piensan en ellos. Son “chichipatos” porque no te valoran, no te dan regalos, no te dan propinas. En cambio los de la noche son clientes que más que buscar a una vieja que se desnude, están buscando una persona que los satisfaga no tanto sexualmente sino anímicamente.

¿Cómo le dan propinas?

Ahí, en la pantalla, aparecen regalitos, perritos, florecitas y eso es dinero adicional.

Para usted ¿cuáles son los buenos clientes?

Los que entran y me preguntan: ¿Cómo estoy? ¿Cómo va mi día? ¿Qué quiero hacer? No los que llegan y de una me dicen: “¡Tetas!”, porque soy una persona, no una maquina a la que le das clic y aparece lo que quieres.

¿Cuánto puede llegar a ganar en un mes?

Si estoy juiciosa conectándome cinco días a la semana, tres horas diarias, en un mes pueden ser cinco millones de pesos.

¿Por qué cree que la gente paga por verla?

Porque todos en nuestro interior somos voyeristas, a todos nos encanta el porno, a todos nos da curiosidad y queremos ver más y eso se va convirtiendo en una adicción.

¿Qué es lo que a la gente más le gusta ver de usted?

Los senos. Ese es mi atributo, aunque también los ojos.

¿Qué palabra le molesta que le digan?

Odio que a mis senos les digan “¡las chichis!”, así les dicen los mexicanos.

¿De dónde son sus clientes virtuales?

La mayoría de Estados Unidos, pero no gringos sino mexicanos, peruanos, colombianos.

¿Y en Colombia?

De Medellín, Bogotá y Cali.

¿Se viste para ir a trabajar o se disfraza?

Me visto, porque así como estoy acá contigo, así entro. Soy demasiado relajada, no me gusta emperifollarme.

¿Puede saber quiénes la ven? ¿Qué clase de personas son?

Si ellos ponen también su camarita puedo saber quiénes son.

¿Son muchos los que la ponen?

Uno que otro.

¿Pero sabe más o menos cuál es su público?

Sé que la mayoría son adultos, de 30 para arriba.

¿Frente al computador se siente observada y deseada?

Sí, todo el tiempo.

¿Le gusta?

Me encanta. Uno tiene que meterle más cizaña al cuento cuando sabe que está siendo observada y eso se vuelve algo adictivo. Es como cuando estás en la calle y pasas por una construcción y tú sabes que todos esos obreros te están viendo, entonces tú vas a caminar mejor. No sé, es algo de mujer y me gusta.

***

Todo el tiempo se contonea mientras conversamos. Creo que a veces me confunde con la camarita de su computador y me ve como un punto fijo hacia donde se concentra y marca con todo su cuerpo cierta cadencia. La fuerza de la costumbre. Inconscientemente, se perfila siempre sobre su lado derecho que –según ella– es el que más le favorece. Sabe subir el rating con su baja estatura, sus 51 kilos, su 92-64-92 y esa crema para el cuerpo de durazno que sus clientes pegados al computador no pueden oler.

***

Usted da placer en la web por un dinero, ¿eso la convierte en una prostituta virtual?

Sí, es un oficio viejo que se está modificando.

¿Eso tiene alguna reglamentación? ¿Nadie le ha venido a hacer una visita oficial?

No, pero uno sí conoce las reglas.

¿Cuáles son?

No deben aparecer niños, no se puede interactuar con animales y en mi caso nada de hombres.

¿Mujeres sí?

Mujeres sí.

De todo lo que hace ¿qué es lo que más le gusta?

Me gusta de vez en cuando, no siempre, cuando entra un cliente bien papacito.

¿En su negocio cabe el amor?

Puede pasar pero lo que ocurre es que uno se hace el loco.

¿Y lo que menos le gusta?

Cuando entran los clientes a decir que uno es una puta, que piensan que por estar ahí desnudándome uno también se va a acostar con ellos. La gente tiene que saber que esto es completamente virtual.

¿En la calle se siente señalada?

No, nunca. Me he sentido observada pero nunca “ésta es”.

¿Si sale a la calle la reconocen?

Quizás, no sé, nunca me ha pasado.

¿Por qué hace lo que hace?

Es un trabajo que me gusta, es un trabajo que disfruto y, aunque nadie lo piense, es una labor bonita porque igual hay personas que lo necesitan.

¿Qué la motiva a hacerlo?

Me motiva a hacerlo la plata porque yo estoy estudiando una carrera muy costosa. Yo soy diseñadora gráfica del Cesde pero ahora estoy estudiando diseño de modas en Arturo Tejada. Yo soy muy alocada para mis diseños y casi toda la plata se va para la universidad. Yo no puedo decir que todo me lo gasto en ropa o en lujos porque no es verdad. Ya este semestre me gradúo y quiero montar mi propia marca y, pues, con este dinero va a ser mucho más fácil.

¿El día que la monte dejaría de desnudarse?

De desnudarme frente a las cámaras, porque a mí me gustaría salir en Playboy.

¿En qué momento se le ocurrió mostrarse de esa manera en público?

Yo estaba tranquila en mi casa y necesitaba entrar a la Universidad. Llamé a Juan, le dije que necesitaba plata y me dijo: “¿quieres trabajar para mí?”. Le pregunté que haciendo qué, él me explicó y le dije que no quería. Fui al estudio y me mostró cómo trabajaban las modelos y decidí que lo podía hacer y desde entonces lo hago.

¿Quiso hacer otra cosa antes de dedicarse a esto?

Yo he hecho muchas cosas, he sido vendedora de arroz y empacadora en Carulla. Y como diseñadora gráfica el medio es demasiado duro.

¿Una diseñadora gráfica frustrada?

Yo me ganaba como vendedora un millón y como diseñadora me ofrecían el mínimo. Quería aprender del diseño, pero para la vida laboral lo mío es el diseño de modas que es en lo que estoy y en lo que, definitivamente, quiero salir a hacer, quiero imponer estilos.

Lo suyo es exhibicionismo en público. ¿Eso no lo hace prohibido?

Para muchas personas sí, para mí no.

Dice que para algunas personas sí es prohibido. ¿Se lo han dicho?

Hay clientes que entran y pagan en mi página para regañarme: “¿Niña, usted por qué está haciendo eso? ¡Dios la va a castigar!”. Pero igual yo no le alego a nadie, cada quien tiene su propia opinión.

¿Cree que Dios la va a castigar?

No, yo no he matado a nadie, no estoy lastimando a nadie, antes lo que estoy haciendo es hacer sentir bien a las personas.

¿No ha tenido problemas de ningún tipo?

Lo peor es cuando la cámara se cae en pleno show.

A los futbolistas les duelen las rodillas. ¿A usted qué le duele?

El coxis es lo que más me duele, porque paso mucho tiempo sentada.

¿Si le hubieran ofrecido otra cosa, de pronto no estaría en esto?

Otra cosa ¿como qué?

Otra cosa, como recepcionista de una empresa.

Si me ganara el mínimo, no. Porque mi carrera vale dos millones y medio y un mínimo no me da para pagarla.

¿Hoy en día sus papás saben lo que usted hace?

Sí.

¿Fue difícil?

Sí.

¿Lo entienden?

No, están furiosos.

¿No habla con ellos?

En este momento no.

¿Qué le dijo su mamá?

Que no compartía este trabajo, que no le parecía correcto, que yo ya me había graduado en Diseño gráfico y que no era para hacer esto. Pero mi plan es poner un capital, montar mi propia marca y salirme.

¿Su mamá se avergüenza de usted?

Sí, dice que cómo es posible que me desnude frente a todas esas personas.

Esto tiene algo de adictivo.

Yo a veces pienso que esto es adictivo como lo es el BlackBerry.

¿La gente a su alrededor sabe lo que hace?

Hay mucha gente, por ejemplo en la Universidad, que sabe y otra que no. Esto no es un secreto pero tampoco voy por la calle con un letrero en la frente.

***

Se gradúa en junio de este año como diseñadora de modas en Arturo Tejada, y me muestra ilusionada su trabajo final del semestre pasado. Sueña con llegar a ser como Carolina Herrera. Está convencida de que para llegar al cielo primero tiene que pasar por algún infierno. Y ella ya tiene el suyo. Así lo refresque con su aparente calma de empelotarse frente al computador, como en un espejo, y piense y lo justifique con lo bueno que la están pasando los otros por culpa suya.

***

¿A quién admira? ¿A la Cicciolina?

¡No! No voy a decir mentiras, a mí me gusta el porno, lo veo, lo disfruto, pero no admiro a ninguna de las actrices porno.

¿Cómo quién quisiera ser?

Como Carolina Herrera.

¿Pero hacer esto no dificulta su carrera?

No, para nada.

¿Cree que usted se puede reciclar sin problema? ¿O cree que el pasado no perdona?

No, yo no pienso eso, porque hay modelos, actrices que han hecho esto y lo han dejado en el olvido.

¿Ha pensado cómo se llamaría de diseñadora?

Sí, Alcano.

¿Ya tiene imaginado cómo van a ser sus diseños? ¿Como se viste?

No. Mis diseños tienden más hacia lo masculino que es lo que más me gusta.

Cuando no está trabajando y se sienta a ver televisión, ¿qué le gusta ver?

Me encanta ver Band of Brothers, Two and a half men, y últimamente me estoy viendo El man es Germán. Me gusta todo lo que me haga reír. ¡Me aterran las novelas!

¿Lo suyo no le parece vulgar?

No. Para mí no tiene nada de vulgar. La gente puede decir muchas cosas pero es mi intimidad, el día que yo le esté ofendiendo la intimidad a otra persona, que me avise.

¿La culpa es de la que se exhibe o del que mira?

Para mí del que mira, yo estoy en mi trabajo y estoy tranquila. Tú estás en tu casa y tú decides “hoy voy a entrar a Alicia Latina”, pero yo no te pedí el favor de que lo hicieras. Tú con tu libre albedrío dijiste, “voy a entrar”. Mucha gente puede decir eso está horrible, está feo, pero ellos fueron los que entraron.

¿Por qué cree que la gente se conecta?

La mayoría es gente sola.

¿Cuál es la mayor tristeza que le trae su trabajo?

A veces me fatiga que por más cosas que uno haga nuevas, todo siempre va a ser lo mismo. Las preguntas siempre van a ser las mismas, igual que los comentarios: “¿Eres Alicia en el país de las maravillas?”, etc., etc. Entonces me cansa que todo se vuelva una rutina.

¿Su pelo rojo es natural?

No, es castaño claro.

¿Por qué le gusta ser pelirroja?

De chiquita era pelirroja, pero igual me gusta porque se ve sexy.

¿Las uñas de las manos siempre las pinta de blanco?

Sí, siempre, porque oscuras me veo muy agresiva y a mí me ven como una santa paloma. Ese es mi éxito.

¿Eso gusta?

Sí. ¡Mucho más que una mujer fatal!

***

Y pensar que antes de ir adonde Alicia, decidimos con el fotógrafo parar por el camino en un café para ir al baño y cuidarnos de no usar el excusado durante nuestra visita por aquello de las cámaras ocultas. Pasa en las películas y por qué no en su baño. Llegamos con la prevención de entrar en la escena de un crimen, donde nada se toca, y salimos de la casa de una joven que, mientras llega su grado de diseñadora de modas, vive encerrada en su cuarto esclava de sus sueños y reina de sus pesadillas. Afuera el mundo no se inmuta. Que me perdonen los defensores de las buenas costumbres, pero aquí hay algo más que culpas...