Anne Hathaway, toda una princesa

Una de las actrices con más futuro en Hollywood, pondrá a prueba su versatilidad, como presentadora de la próxima entrega de los premios Óscar.
Anne Hathaway, toda una princesa

 Dicen que Anne Hathaway es una combinación de Julia Roberts, Audrey Hepburn y Judy Garland. De la primera tiene el encanto de la mujer contemporánea, y labios y sonrisa seductores; de la segunda, la clase y la elegancia que Hollywood añora de la época de mujeres con belleza natural; y de Garland, el talento para cantar, bailar y enamorar al público.

Esta mezcla, que pocas veces se engendra en el mundo del espectáculo, se verá en todo su esplendor en la próxima entrega de los premios Óscar, donde Anne, junto al actor James Franco, bailará, cantará y será la presentadora oficial de la ceremonia.

A esta vitrina del cine llegó por sus méritos, pues ya estuvo nominada al premio de la academia y les comprobó a muchos que está hecha para pasar del drama a la comedia, de princesa a súbdita de la moda, o de adicta a enferma de párkinson.

El año pasado lo cerró precisamente con un éxito taquillero: Del amor y otras adicciones, junto a Jake Gyllenhaal, una comedia que acaba de ser estrenada en Colombia y en la que se enamora de un donjuán vendedor de viagra, mientras enfrenta una terrible enfermedad. La película muestra escenas de sexo que han escandalizado a Estados Unidos y que distan mucho de la angelical princesita con la que se inició en el cine.

Esa versatilidad es precisamente lo que Anne ha sabido explotar para salirse del aura de estrella de historias dulces que le marcó Diario de una princesa (2001), su primer filme, donde representó a una heredera poco convencional de un reino ficticio. Tenía 19 años y pocos sabían que la actuación la había heredado de su madre, y que su rango alto de soprano ya la había llevado al legendario Carnegie Hall.

Pasaron cuatro años para que Anne se saliera de sus ropas de princesa, con las que alcanzó la fama. En 2005 el director Ang Lee se fijó en ella para ser la esposa de un vaquero gay en Secreto en la montaña. Y aunque declaró que ese era el tipo de papel que quería, aceptó trabajar en la comedia El diablo viste a la moda, donde compartió el set con su ídolo: Meryl Streep.

Esa especie de transición también la convirtió en ícono de la moda y en un nuevo modelo de Hollywood, no solo por su belleza sino por la madurez para asumir su carrera con disciplina, lejos de los escándalos. O para hablar de religión y cuestionar sus creencias públicamente, pues aunque creció católica, a los 15 años decidió no ser parte de una religión que condena la orientación sexual de su hermano gay.

Anne también ha sido parte de fiascos como Súper Agente 86 y Guerra de novias, de los que se ha reivindicado con los filmes La joven Jane Austen y El matrimonio de Rachel, dirigida por Jonathan Demme, por la que fue nominada al Óscar hace dos años.

Es un ejemplo de que Anne Hathaway parece seguir los pasos Meryl Streep, aceptando papeles comerciales que ponen a prueba su versatilidad, como lo hizo en la versión de Tim Burton de Alicia en el país de las maravillas.

Por eso se alista para darle su toque de glamur a Gatúbela, en la nueva película de Batman, después de su paso por la serie de televisión Glee. Ann pasa con facilidad de la comedia al drama y de la pantalla grande a la chica. Algo que muy pocas actrices pueden hacer. A no ser que tengan algo de Julia Roberts, Judy Garland y Audrey Hepburn.

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