Wael Ghonim, el perfil de una revuelta histórica

Antiguo ejecutivo de Google, fue el hombre que inició por Facebook la revuelta en Egipto que determinó la caída del último faraón. Ahora hay gente empeñada en que se lance para Presidente.
Wael Ghonim, el perfil de una revuelta histórica

Wael Ghonim no tiene el perfil de un revolucionario. No tiene la barba larga ni enredada y en lugar de uniforme, viste de jeans y camiseta. Insiste en que no es ningún héroe, y en que los verdaderos protagonistas de su gesta fueron los que estuvieron en la calle protestando contra el régimen del presidente Mubarak mientras él, preso en manos de la policía, dormía con los ojos vendados.

Antes de junio del año pasado, Ghonim no pasaba de ser un ejecutivo más de la sede de Google en Egipto. Hasta que le dio por crear un grupo en Facebook dedicado a reivindicar la imagen de Khaled Sayid, un empresario de 28 años que había publicado un video en YouTube en el que puso en evidencia a policías consumiendo la marihuana que acababan de confiscar. En venganza, los agentes lo localizaron en un café internet de Alejandría, lo sacaron a la fuerza y le rompieron la cabeza contra unos escalones de mármol, donde murió desangrado. El grupo, llamado “Todos Somos Khaled Sayid”, se inició con la publicación de las fotos de Sayid en la morgue con la cara destrozada, y se reforzó con colaboraciones espontáneas de fotos y videos que relataban los continuos abusos de la policía contra civiles. En corto tiempo, los miembros llegaron a sobrepasar el medio millón, y casi sin medirlo, se transformaron en una comunidad dispuesta a exigir un nuevo orden en Egipto.

La primera manifestación ocurrió el 25 de enero, cuando se celebraba el Día de la Policía. Tres noches después, Ghonim fue detenido por cuatro personas que lo metieron en un carro y se lo llevaron. Su crimen: haber organizado lo que en ese entonces era una simple protesta, pero que luego sería determinante en la caída de Mubarack.

Las primeras 48 horas de su captura no lo dejaron dormir. Según pudo contar después, aunque no lo torturaron, sí lo amenazaron. Google, entonces, organizó una campaña publicitaria para buscar a Ghonim, el ejecutivo desaparecido. Finalmente el Gobierno admitió que lo tenía preso y lo soltó tras doce días de prisión. Ghonim, que no es rencoroso, dice que él y sus captores tenían en común el patriotismo, y que simplemente estaban haciendo lo posible por proteger a su país. Al soltarlo, le quitaron la venda que lo mantenía ciego, y él los saludó a todos de beso, como es costumbre en Egipto. “Fue bueno –confesó–, les estaba mandando un mensaje.”

Poco después de ser liberado, Ghonim fue entrevistado en un programa de televisión egipcio. “Esta es una revolución de la juventud de internet, que se convirtió en la revolución de la juventud de Egipto, y después en la revolución del país de Egipto”, dijo. El entrevistador le mostró videos de algunas de las personas que habían muerto en las protestas, durante su cautiverio. Y entonces se puso a llorar. “No llores, Wael. Wael, no llores”, lo calmó el periodista.

Su llanto, y la entrevista, revitalizaron las manifestaciones. Los que se habían guardado en sus casas, volvieron a salir con más ganas. En compensación por su valentía, surgió otro grupo en Facebook, esta vez con el nombre “Yo delego a Wael Ghonim para hablar en nombre de los revolucionarios de Egipto”, al cual le cupieron más de 100.000 miembros.

El resto es historia. El 11 de febrero, tres días después de la entrevista de Ghonim, Mubarak, el último faraón, cayó, forzado por la primera revolución producida por internet. “Sin Facebook, sin Twitter, sin Google, sin YouTube, esto nunca habría pasado,” dijo el líder. Y no le falta razón. Viejos y jóvenes, ricos y pobres, cristianos y musulmanes, mujeres y hombres en general, se unieron para representar a un Egipto harto de una presidencia abusiva y corrupta, indiferente al desempleo, desconectada de un pueblo (dos tercios de él menor de 30 años) que se identificaba con las redes sociales en internet, educado pero sin oportunidades. “Uno de los errores estratégicos del Gobierno fue bloquear Facebook –asegura Ghonim–. Le dijeron a más de cuatro millones de personas que le tenían miedo a una revolución”.

Investido de una dignidad que quizás ni él sepa sostener, Ghonim concluyó su gesta con un mensaje por Twitter a los gobiernos extranjeros “Queridos gobiernos occidentales: ustedes han apoyado un régimen que nos oprimió por 30 años. Por favor, no se involucren. No los necesitamos”.

Con semejantes palabras, no es raro que muchos de sus seguidores quieran verlo como candidato presidencial. Por ahora, ni siquiera reúne los requisitos para aspirar. Tiene 35 años y necesita mínimo 40 para postularse. Y el propio Ghonim afirma que lo de él no es la política y que quiere regresar a Google. Lo cierto es que cuando se siente de nuevo en su escritorio, nada volverá a ser como antes.