David Ardila, el hombre de las estrellas

Este astrónomo colombiano no solo es el enlace entre la Agencia Espacial Europea y la NASA, sino que ha desarrollado una nueva teoría sobre la formación de los planetas. 
David Ardila, el hombre de las estrellas

David Ardila quiere saber cómo se convierten en planetas los discos de polvo y gas que giran alrededor de las estrellas. Es una pregunta que tiene metida entre pecho y espalda desde hace 14 años, cuando empezó a estudiar la forma en que se gestan estos cuerpos. Era estudiante de doctorado en Astronomía en la Universidad de California, en Berkeley. Tenía 26 años y sentía que estaba encontrando su rumbo. De niño híaba querido ser inventor y había soñado con construir una máquina del tiempo. Apenas se graduó de bachiller entró a estudiar Ingeniería Eléctrica con la idea de cacharrear aparatos, pero por el camino se encontró con un inusual gusto por los talleres de Física que tomaba en la Universidad de los Andes. Cambió de carrera.

Graduado como físico se dio cuenta de que su interés estaba flotando en el espacio. Se presentó a la Universidad de California, la más prestigiosa del mundo formando astrónomos. Estudió durante un año, con todos sus días y sus noches para pasar el exigente examen de ingreso. Ya adentro, supo que el idioma no sería la única barrera: descubrió que sabía mucho de Física pero que sus compañeros ya habían publicado artículos en revistas científicas y habían hecho pasantías como investigadores. “Tenía conocimientos en mi cabeza pero no sabía pensar por mí mismo, no sabía investigar”.

En ese aprendizaje se topó con aquella pregunta sencilla que ha movido su existencia como científico y lo ha llevado a ser, por muchos años, el único colombiano que se ha dedicado a saber cómo se forman los planetas . “No sabemos nada del universo, todo está por descubrir. Tenemos teorías, pero cada vez que investigamos comprobamos que no eran ciertas. Cada vez que observamos el universo hay algo nuevo a lo que no le tenemos explicación”.

Esa es la fascinación que lo ha tenido “pegado” a los telescopios espaciales. Primero fue el Hubble, proyecto al que llegó apenas terminó el doctorado. Luego pasó por Spitzer, en Pasadena, California, y ahora trabaja en Madrid con el proyecto Herschel, el más grande telescopio que se ha lanzado al espacio hasta el momento.

Se considera afortunado por haber tenido la oportunidad de integrar el equipo de la Universidad Johns Hopkins que diseñaba una de las cámaras del Hubble, al lado de David Golimowski y John Krist. Según dice, a los estudiantes de doctorado les ponen las preguntas más difíciles para resolver. “Tenemos tiempo y somos mano de obra barata para los investigadores”.

Allí pudo desarrollar plenamente sus investigaciones alrededor de los discos protoplanetarios, discos de polvo y gas que giran alrededor de las estrellas jóvenes.

Por eso volvió a California, fascinado con la idea de trabajar con el telescopio Spitzer, más pequeño que Hubble, pero que detecta la luz infrarroja. Con estas investigaciones el mundo científico empezó a atar cabos sobre la forma como se crean los sistemas planetarios. En 2004, The New York Times reportó los avances de Ardila y demás investigadores. Por primera vez se había fotografiado el proceso: veían los discos de polvo alrededor de estrellas jóvenes y los nuevos planetas en formación. Así se concluyó que las estrellas viejas tenían cinturones de escombros, mientras que las jóvenes tienen a su alrededor material de construcción de nuevos planetas.

“Descubrimos cosas maravillosas, como un disco de escombros más grande que nuestro sistema solar. Mi teoría es que si queremos saber cómo se forman los planetas debemos estudiar los discos que tienen 10 millones de años”.

El Spitzer, como el Herschel, detecta la luz infrarroja, aquella que producen los objetos por el calor que emiten, por tal razón, debe mantenerse a temperaturas extremadamente bajas (-270 grados centígrados). Esto se logra con grandes tanques de helio líquido que se incorporan al telescopio desde su puesta en órbita. Una vez se acaba el helio, el telescopio deja de funcionar y por lo tanto la misión se termina.

Justo cuando su misión en Spitzer se acabó, David encontró trabajo en el Herschel Science Center, HSC, en el centro de investigación situado a las afueras de Madrid. Su función: ser el enlace entre la NASA y la Agencia Espacial Europea.

Una vez al año, el HSC abre una convocatoria para que cualquier científico del mundo presente una propuesta de investigación utilizando Herschel. Un comité de alto nivel evalúa y permite el uso del telescopio por un tiempo limitado. David es el encargado de administrar ese tiempo, de absolver las dudas sobre el observatorio y de monitorear la comunicación que mantiene el instrumento una vez al día con la Tierra. La otra parte del tiempo la dedica a sus investigaciones sobre formación estelar.

Aún así David vive muy conectado con Colombia. Es asesor externo de la Comisión Colombiana del Espacio que está explorando cuáles son posibilidades para desarrollar aplicaciones espaciales desde Colombia. Su primera idea es instalar un telescopio con un espejo de unos dos metros de diámetro, en un sitio que podría ser Villa de Leyva y que serviría para desarrollar investigaciones científicas de primera línea. Sus recomendaciones serán incluidas en el presupuesto nacional y se espera que se desarrollen de aquí a 10 años.

¿Y qué pasará cuando se le acabe el helio líquido a Herschel?

Eso sucederá en año y medio y David ya tiene planes: quiere trabajar en el Jet Propulsion Laboratory de la NASA, el instituto donde se diseñan las misiones espaciales y se construyen, por ejemplo, las naves que van a Marte. Tal vez allí compruebe que las tareas que le ponía el doctor Benjamin Oostra en los Andes, sobre calcular la órbita para llegar a Marte, no eran tan descabelladas.

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