Nina García, "¡no soporto el mal gusto!"

Fuimos a las oficinas de la revista Marie Claire para saber más sobre su directora de moda y ojo implacable de “Los Mejor y Peor Vestidos de Colombia 2010”.
Nina García, "¡no soporto el mal gusto!"

Solamente fue bajarme del taxi enfrente de esa gran mole que representa la Torre Hearst, sobre la octava avenida, en pleno corazón de Nueva York, para entender las dimensiones del mundo en que se desenvuelve Nina García, nuestra gran autoridad de la moda.

A la entrada, todavía se mantiene el edificio original en piedra fundida que William Randolph Hearst, fundador de una de las compañías más grandes de comunicaciones, construyera en 1928, adornado con ocho estatuas alegóricas a la comedia, la tragedia, la música, el arte, la industria, el deporte, las ciencias y la imprenta.

Y sobre esta construcción, considerada monumento histórico desde 1988, el arquitecto lord Norman Foster levantó hace cinco años este imponente edificio de vidrio y acero de 46 pisos, al que The New Yorker calificó como “el rascacielos más hermoso en erigirse en Nueva York desde 1967”.

En las entrañas de este cohete majestuoso, donde trabajan dos mil empleados de Hearst Corporation, era mi cita con Nina, la directora de moda de Marie Claire y nuestra exigente juez de “Los Mejor y Peor Vestidos de Colombia 2010”.

Luego de ascender por las escaleras eléctricas, a través una cascada de tres pisos, nos encontramos con ella en un gran mezzanine, en medio de una exposición fotográfica, viste unos pantalones de Burberry, un saco de Chanel, una correa Gucci, una gran sonrisa y en el aire el toque sutil de su perfume ‘Killian’ de Killian Hennesy. Todo se vuelve glamur y cámara lenta.

¿Cómo así que su nombre es Ninotchka García? ¿De dónde salió ese nombre? Eso suena como a cuento ruso infantil.

Sí. Creo que mis papás han tuvieron una obsesión con los nombres rusos, porque mi hermana es Alexandra y mi hermano era Sergio.

¿Hay alguna historia detrás del nombre?

Creo que debe ser inspirado en el film Ninotchka. Una película fabulosa con Greta Garbo.

¿Con sus hijos sigue esa tradición de nombres rusos?

Un poco. Un hijo es Lucas y el otro Alexander.

Lo que tiene puesto hoy, ¿cuándo lo pensó? ¿La noche anterior? ¿En la mañana?

Antes lo decidía en la mañana, pero ahora con dos niños hay que ser un poquito más organizado.

¿Este nuevo hábito empieza hace cuatro años, con su primer hijo, ¡y se acentúa con el segundo hace apenas tres meses!?

Sí, correcto. Porque en la mañana estoy con ellos, antes de venir al trabajo, entonces tengo menos tiempo de sentarme y decidir cuál va a ser el atuendo de hoy. Trato de planearlo en la noche, pensando en si tengo un almuerzo o si tengo un evento.

¿Cómo enfrenta su armario todos los días?

Siempre oigo música cuando estoy vistiéndome, tengo que tener un poquito de música, me pone de buen humor, me relaja.

¿Qué oye?

Jazz, o algo de bossa nova, puede ser Luis Miguel o puede ser Lady Gaga. Depende de lo que quiero ser ese día.

¿Y qué puede querer ser?

Fashionista profesional o madre hippie.

¿Cuál es su sentido más desarrollado, el tirano de su cuerpo?

El sentido visual. Es el que más utilizo. Sobre todo para mi trabajo. Para los detalles.

¿Cómo es un día suyo de “mirar”?

Veo muchas fotografías. Veo en el internet los shows, hago runthrough, que es cuando llega la ropa, tenemos que verla, visualizar una historia que no ha sucedido, sin modelos.

Se le va el día en eso. ¿Cómo termina en su casa al final del día?

Leyéndoles cuentos a mis hijos.

¿Qué les está leyendo a sus hijos en este momento? ¿Hay algún cuento en especial?

Estamos leyendo sobre Winnie the Pooh pero solo en español. Porque quiero que tengan de verdad su español perfecto. El mayor conmigo solo habla en español, y con su nana también en español, pero en el colegio es en inglés y todo el estímulo de él es en inglés.

¿Qué no soporta?

El mal gusto. ¡El desorden me enloquece!

¿Qué le fascina? ¿Por qué se derrite?

Por la armonía, porque en la imperfección hay mucha armonía también, hay mucha belleza en la imperfección. Me encanta ver eso. Belleza en la imperfección, me fascina. Esa contradicción me encanta. La busco mucho en la moda, la busco mucho en las modelos.

¿Tiene alguna objeción personal en torno a la belleza en la moda?

Creo que es incomprendida porque la belleza no tiene que ser todo perfección. Eso es lo que más me encanta, y cuando hay un diseñador que puede jugar con esas imperfecciones, o esas contradicciones, es la maravilla. También creo que hay mucho cliché en que la moda tiene que ser complicada, cuando lo más sencillo es a veces lo más bello.

¿Y respecto a la imperfección en las mujeres?

Tienes las mujeres más increíbles que han sido imperfectas. Georgia O’Keeffe, María Callas, Frida Kahlo. Todas son mujeres con mucho estilo, íconos que tenemos muy presentes en nuestra mente, pero no eran Grace Kelly.

¿Tiene un color en su vida que la domine?

Uso mucho el negro porque es muy práctico. En la moda dicen que somos “Las monjas de la moda”. Cuando vas a los shows te darás cuenta de que todas las editoras estamos vestidas de negro. Es simplemente un color muy práctico, muy urban, muy fashion.

¿Pero por qué el negro tan extendido entre las editoras?

Yo creo que cuando ves tanta moda, y pasas tus años viendo colores, viendo moda, quieres un cleanse, el anti-fashion, has visto tanto, estás tan estimulado visualmente, que quieres en lo personal algo neutro. Es como un minimalismo que llega después de unos años.

“Si dejamos la seriedad a un lado, muchas cosas se arreglarían”. Si aplicáramos esta frase de Man Ray, ¿de dónde habría que espantar la seriedad en la moda?

La gente se lo toma muy en serio, demasiado en serio. La moda es para disfrutarla, no es el fin del mundo si no consigues el look número 56 de Calvin Klein.

¿Los diseñadores también caen en la misma trampa?

Los diseñadores sufren mucho con esto, creen que son artistas y no diseñadores, creen que la moda es un arte. Y sí, es muy complementario con el arte, es muy inspirado en el arte, en la música, en la literatura, en los films, en todo esto, pero no creo que lleguemos al grado de que son artistas. Porque al final del día tú, como diseñador, lo que quieres es vender tu ropa.

Liberal o conservadora en su diario vivir.

Conservadora.

¿Por qué lo dice tan resignada?

Soy más tradicionalista, con mi familia, que liberal.

Una tradición que defienda.

Me parece que los niños deberían crecer con su papá, su mamá, con una pareja, tener una familia tradicional, eso me parece importante.

La pregunta anterior no es gratuita. Cuando entró a estudiar Artes Liberales en la Universidad de Boston,¿qué tenía en la cabeza?

Tenía en la cabeza complacer a mi familia, porque lo que yo quería hacer era Diseño. Pero mis padres creían que necesitaba una educación sólida antes de entrar en una carrera como el Diseño. En esa época no era lo que es hoy.

Entró para complacer a su familia. ¿Con qué idea salió luego de estudiar Artes Liberales?

Con la misma, que quería estudiar Diseño. Estudio Moda en París, dos años, y regreso aquí a Nueva York y termino en el Fashion Institute of Technology, y me gradúo con el fashion merchandising.

¿Nunca quiso intentar hacer algo diferente?

Jamás, jamás. No había otra opción, yo lo sabía desde pequeñita en Barranquilla. Y todo el mundo lo sabía alrededor, también mis papás lo veían. Me pasaba el tiempo haciendo dibujos de colecciones.

Su primer recuerdo de infancia, tocada o inspirada por la moda.

En el clóset de mi mamá, Cecilia, que era su obsesión. Era como entrar a la cueva de Alí Babá, y no era que yo pudiera entrar cuando quisiera, porque ella lo cerraba. Cuando se iba a vestir yo podía entrar, entonces esperaba a que se vistiera para entrar a ver las carteras y las perlas. Tenía seis o siete años.

¿Esa obsesión, esa pasión, la hereda de ella? ¿Es cierto que a la modista, su mamá se la llevó a vivir a la casa?

Sí, estaba un poco obsesionada, pero no sé si era solo por ella, porque sí le gustaba comprar mucho y era muy elegante, pero también mi papá, Álvaro, era apasionado por los viajes. Yo nací cuando mis papás eran muy mayores. Soy la menor y mi hermana, Alexandra, es como diez años mayor que yo; mi otro hermano, Sergio, que falleció, era mellizo de mi hermana. Pero viajábamos mucho, cuando estaba pequeña. Creo que también mucha influencia fueron los viajes porque íbamos mucho a Europa, veníamos mucho a Nueva York... era el destino, muy irónico, terminé viviendo aquí.

¿Sus papás qué edad tenían?

Mi mamá probablemente me tuvo de 43 años, y mi papá tendría casi 50. Estaban ya en el plan de viajar relajados. Me acuerdo que me sacaban del colegio por uno o dos meses.

Su mamá la tiene a los 43, ¿y usted tiene a sus hijos a los qué?

También a los 43.

Las historias se repiten.

Un poco, sí. Aunque creo que fui un accidente para ellos. En cambio, lo mío no fue un accidente. Fue muy planeado, esto lo habíamos discutido. Mis niños fueron muy buscados.

¿Sus papás viven?

Mi papá murió hace dos años, y mi mamá murió hace como cinco o seis años.

Su primer ídolo.

Mi papá. Tenía una conexión muy fuerte con mi padre. Era encantador, era muy caballeroso, muy entretenido, muy elegante, todo el mundo se enamoraba de él.

Su primer vestido de diseñador en su vida.

Tendría como ocho años y era Pierre Cardin. Era como un jumpsuit azul. Lo vi en París, y me dije: “yo quiero ésto”. Era azul con un diseño de piel en amarillo.

***

Se acerca su asistente oriental con mucha discreción y apenas le susurra algo al oído. Hay que interrumpir la conversación, tiene que atender algo en su oficina. La acompaño al piso 34. La salita donde espero está adornada con tres grandes cuadros con las tres portadas de Miley Cyrus para marzo. Mientras Nina llega, pasa un río de mujeres Marie Claire: rubias, pelirrojas, negras, flacas, muy altas sin tacones, gorditas muy bajas con plataformas. No dejan de pasar con carpetas, con racks repletos de vestidos, con bolsas de Gap o, simplemente, con un café y una mirada.

Directora de moda de una prestigiosa revista, protagonista en un programa de moda muy visto, Project Runway, reconocida por su autoridad en el tema en la Gran Manzana, ¿cómo define el éxito?

El éxito es cuando ya estás satisfecha de todo lo que has podido hacer en la vida.

¿Cree en el éxito o desconfía de él?

Desconfío de su algarabía.

¿Hasta dónde llega su fanatismo por la moda?

Cuando quiero algo lo busco donde esté. La primera vez que supe que era fanática de la moda, estaba todavía en la universidad, y no podía ir a un show porque todavía era una asistente y no estaba invitada, entonces copié una invitación que venía para una editora, para poder colarme en un desfile de Calvin Klein. Ahora veo a estos chicos jóvenes que están tratando de entrar a los shows, sin importarles cómo, y les tengo mucha compasión.

¿Primero la familia que una pasarela?

Sííí. (Arrastra la i no muy convencida).

Su sí no me convence.

Me ha tomado mucho tiempo llegar a este punto, pero con esta madurez te puedo decir que Sí.

¿Cómo define a su familia?

Es mi joya más grande, es de verdad mi logro más grande. Me demoré en darme cuenta de que necesitaba eso en mi vida.

Con hijos tan pequeños, ¿cómo hace para que le alcance el tiempo?

Te voy a decir el secreto. Trabajo mucho y tengo muy poco tiempo para mi vida social. Cuando no tenía hijos tenía una vida social mucho más acelerada. Continúo haciéndolo, pero no al ritmo que era antes de todas las noches. Porque en Nueva York, si quieres, todas las noches hay algo para hacer.

¿Ahora cuántas noches sale a la semana?

Tal vez una o dos, si acaso.

La última gala a la que asistió.

En enero o febrero, creo que fue febrero, la gala para amfAR. La gran fiesta para amfAR que estuvo en Wallstreet con Elton John. Una causa muy importante porque el sida nos ha tocado mucho en la moda.

La moda, ¿hasta cuándo hacerle caso?

Hasta cuando te veas ridícula.

¿Y cuándo ignorarla?

Cuando no es práctica para ti.

En el mundo quiénes son los más fieles practicantes de la moda.

Ahora, diría que en Asia están obsesionados con la moda.

Esos son los consumidores, ¿y los creadores?

Los franceses. Después Londres y luego Norteamérica.

Usted es una autoridad de fashion. ¿Cómo ocurrió? Salió en TV, ¿eso fue decisivo?

Fue una tormenta perfecta. Habían llegado estas marcas Zara, H&M. Era la época que llegó esta democratización aquí a Nueva York. Ya todo no tenía que ser de los pies a la cabeza Prada o Gucci. Yo trabajaba en una revista que mezclaba moda alta y baja, no era Vogue, que sí era head to toe. Elle era de mezclar H&M con Chanel. Ya yo estaba en el cargo de fashion director, ya llevaba mucho tiempo en ese cargo, y el show de Project Runway fue oportuno e importante. Fue un momento en que todo el mundo podía tener moda, estar a la moda.

Todos los escritores coinciden en que siempre hay un libro, entre todos, que se lleva la gloria. De sus cuatro libros publicados, ¿cuál es ese libro privilegiado?

The one hundred (Los cien de la moda), sin duda. El New York Times Best Seller fue el que me pareció más divertido de escribir, es el más práctico. Es mi preferido.

¿Qué no debe olvidar nunca la moda para seguir vigente?

Que tiene que ser divertida.

Y el tema que nos ocupa, “Los Mejor y Peor Vestidos de Colombia”. ¿Cómo percibe la moda en Colombia?

Prometedora.

Vamos por partes. Hablemos de los diseñadores en Colombia. ¿Fortalezas de los diseñadores colombianos?

Culturalmente son muy ricos, pero creo que no lo saben.

¿Debilidades?

No saben que son ricos. Cuando ellos empiecen a mirar por dentro lo que somos como colombianos, la riqueza que tenemos, ese será el clic, el botón mágico. Pero si siguen intentando ser lo que no son, no vamos a llegar nunca.

Ahora hablemos de los colombianos en general. ¿Cómo los ve en una pasarela?

A veces me enorgullece verlos. Cuando los veo digo ¡wow!, qué bien, estamos bien, no somos flashy, no somos lobos, nos vestimos bien.

¿Pero excepcionalmente o en líneas generales?

No, en líneas generales somos una gente que comparativamente con el resto de los países estamos muy bien. Culturalmente somos una nación rica. Si traes a un colombiano a Nueva York, no vas a decir: ¡qué lobo! Está bien, se ve bien, lo que tiene puesto le pertenece.

Ventajas y desventajas de no tener estaciones en Colombia para la moda.

Gastas mucho menos dinero. No tienes que invertir tanto en tu vestuario, porque estás comprando cosas que son para toda la temporada. La desventaja es que te lo pierdes.

“La gente desea las mismas cosas y vive al mismo tiempo”. Así se refería Tom Ford, con cierta molestia, a la globalización. ¿Cómo percibe el fenómeno de la globalización de la moda?

Sí es una ventaja porque, obviamente, es una plataforma mundial, pero lo que ha sucedido es que todo es igual. ¡Todo es igual! Y hay que buscar con más dificultad lo creativo, lo original, lo único.

¿A qué le creemos hoy en día? ¿La moda nos iguala, o nos diferencia?

Creo que, cada día más y más, nos va a diferenciar. Va a ser más sobre tu estilo personal, cómo te vas a distinguir de esta masa de igualdad.

¿Cuál es el dilema de la moda? ¿Cuál es el “to be or not to be” de la moda?

Tiempo para encontrar creatividad única, porque es demasiado negocio, y eso al final del día les quita tiempo a los diseñadores que tienen que ser creativos. No tienen tiempo para inspirarse. Tienen que hacer nueve colecciones en un año, y bajo un régimen de unas compañías gigantes que quieren unos números extraordinarios. A ese ritmo, ¿cómo puedes ser tu creativo, cómo puedes llegar a inspirarte?

¿Va a llegar un ¡stop!?

Si no, pasa lo que ha sucedido hasta ahora, que es que muchos tienen que mirar hacia atrás para inspirarse, tienen que mirar al pasado para inspirarse. Eso es, en cierta forma, una muleta, porque no pueden mirar al futuro. No pueden, no tienen tiempo, entonces en vez de mirar al futuro miran el pasado.

Cuando alguien va a comprar un vestido, ¿cuáles son las preguntas que hay que hacerse? ¿Esas preguntas son las mismas para hombres y mujeres?

Creo que sí. Primera pregunta, yo creo que es muy importante: ¿tienes por lo menos tres cosas en tu armario para ponerte con eso? Segunda pregunta: ¿Es tu talla, de verdad te sirve? Nada de que lo voy a comprar y voy a perder unas libritas, no. La tercera tiene que ser: ¿Es una buena inversión? ¿Va a tener longevidad con tu ropa? Si es algo de alto precio, ¿puede sobrevivir una o dos temporadas?

¿Finalmente, la moda sale de los talleres de costura o la dicta la calle?

La dicta la calle.

Pero volviendo al cuento, ¿los diseñadores están mirando hacia la calle?

Creo que más y más va a ser sobre la calle. Pero es lo que estábamos discutiendo, no tienen tiempo porque están haciendo colecciones y colecciones y colecciones. La alta costura es el laboratorio de ellos para imaginar, para crear, y está desapareciendo. Quedan muy pocas casas de alta costura: Chanel, Dior, que acaba de perder a su diseñador, JP Gaultier, Valentino y Armani Privé. Esto es trágico.

“La moda se ha convertido en un problema vacío de pasiones”, Lipovetsky, en El imperio de lo efímero. ¿Está de acuerdo?

No. Todavía hay mucho por hacer. Hay muchas pasiones todavía, sí.

¿Qué les dice a los que quedaron en el infierno?

“Don’t try so hard” (no traten tanto). Porque muchos de esos que están en el infierno es porque tratan demasiado. Están tratando demasiado y no se ven auténticos.

¿Son como actores sobreactuados?

Sí. O son demasiado sexys o demasiado cargados, están tratando demasiado. Hay que buscar el balance.

Un consejo para los que quedaron en el purgatorio.

Siempre hay otra oportunidad... de ir al infierno o al cielo.

Y para los del cielo, la última palabra.

Me siento orgullosa cuando los veo. Muy naturales, muy acertados, me alegra. ¡Wow! Lo tienen, se ven estupendos.

¿La elegancia se aprende?

Sí, se puede aprender. Yo creo que se puede aprender. Hay gente que me contradice en eso, pero sí creo que se puede enseñar, se puede aprender, se puede cultivar.

***

La mirada achinada de su asistente aletea con mayor insistencia, como una libélula, a mis espaldas. El trabajo para Nina se represa por mi culpa. La revista la necesita. Y sin embargo, ella se toma su tiempo, como buena barranquillera, para acompañarme hasta la calle. Pero, eso sí, sin abrigo ni ningún relleno o accesorio de invierno que la hagan ver como un Botero. Nina sonríe a dos grados centígrados. Luce espléndida.