Daniel Domscheit-Berg: el hombre junto a Assange

La mano derecha del fundador de WikiLeaks montó toldo aparte y reveló el lado oscuro de su exsocio.¡Guerra de hackers!
Daniel Domscheit-Berg: el hombre junto a Assange

Luego de que WikiLeaks dejara al descubierto los secretos más sucios de la diplomacia estadounidense, Julian Assange, su fundador, se convirtió en una especie de héroe mediático. Quizás por eso cuando la justicia sueca decidió imputarlo en dos supuestos casos de violación, muchos creyeron que querían cobrarle de alguna manera los cables que su organización sacó a la luz. Pero lo cierto es que no todos ven en este australiano esbelto y de pelo casi blanco la figura de un salvador; por el contrario, hace unos meses varios de sus colaboradores más cercanos decidieron distanciarse y denunciar lo que, según ellos, se esconde detrás de la figura del personaje más popular de internet en la actualidad.

Uno de ellos es Daniel Domscheit-Berg, un alemán de 32 años que hasta hace poco fue la mano derecha de Assange. Al considerar que su antiguo socio había traicionado la función original de WikiLeaks al ceder la información sobre los cables del Departamento de Estado estadounidense a los principales diarios del mundo, Domscheit-Berg decidió retirarse, fundar su propia plataforma para revelar documentos secretos –a la que llamó Openleaks– y, por si fuera poco, escribir un polémico libro sobre sus días junto a Assange titulado Dentro de WikiLeaks: mi tiempo con Julian Assange en la web más peligrosa del mundo.

La relación entre Assange y Domscheit-Berg no terminó bien a pesar de que el alemán logró convertirse en el hombre de confianza del fundador de WikiLeaks. Tan grave es la disputa que la organización ha anunciado acciones legales contra el alemán y el propio Assange, furioso, ha dicho que “lo destruirá y perseguirá si se le ocurre revelar una sola fuente”. Para rematar, un comunicado de WikiLeaks asegura que el alemán “se ha presentado de manera falsa como programador, editor y cofundador de la organización”, y recalca que WikiLeaks no tuvo ningún contacto con él en 2006, año en que fue fundada.

La realidad es que Assange y Domscheit-Berg se conocieron en Berlín en el 2008 –dos años después de lanzado WikiLeaks–, y de inmediato la empatía fue mutua. El alemán se dejó envolver por el ambicioso proyecto de Assange y pronto renunció a muchas comodidades para seguirlo en su aventura. Al principio, ambos trabajaban en un pequeño apartamento donde pasaban horas pegados a sus computadoras revisando con cuidado los cables del Departamento de Estado estadounidense, que se revelaron el año pasado. Una vez alquilaron un auto y recorrieron más de 2.000 kilómetros por Europa buscando servidores seguros para WikiLeaks. Pronto Domscheit-Berg llegó a convertirse en el vocero de la organización y en el rostro más conocido después de Assange.

Pero ahora sus declaraciones no han sido menos polémicas. Para el alemán, Assange es solo un ególatra que siente una debilidad especial por las mujeres menores de 22 años. Una polémica declaración que le da más fuerza a las acusaciones de la justicia sueca. La cosa no para ahí: Domscheit-Berg también ha dicho que, a medida que WikiLeaks crecía, Assange se fue volviendo más “paranoico, demente y descuidado”, y un tipo “obsesionado con el poder y el dinero”. Parece que su antiguo socio se molestó con el enorme protagonismo que comenzó a adquirir el australiano y que terminó convirtiéndolo en una estrella. “El mundo no necesita otro mesías, no necesita otro gurú, otro líder, otra estrella del pop”, dijo en una entrevista con el diario El País, de España.

Lo cierto es que con el tiempo diversos asuntos empezaron a empañar la relación: la acusación de abuso sexual contra Assange, por un lado, y la decisión del australiano de filtrar los Documentos de Estado a solo cinco periódicos. Algo que, según Domscheit-Berg –un exhacker que trabajó para un grupo denominado Chaos Computer Group–, traicionaba la función esencial de WikiLeaks de que “nadie fuese discriminado”.

Y eso, precisamente, es lo que intenta hacer ahora con Openleaks: que el acceso a la información clasificada sea más amplia y democrática y que, cuando llegue la fama, no haya solo una cabeza visible. Aunque, teniendo en cuenta la dimensión que ha tomado Assange, a muchos les parece que en el fondo de sus críticas, a Domscheit-Berg lo mueve más un sentimiento de envidia que otra cosa.