Cesaria Évora, la voz de la melancolía

La leyenda de la morna abrirá la temporada de Música del Mundo, el 17 y 19 de marzo en el teatro Julio Mario Santo Domingo.
Cesaria Évora, la voz de la melancolía

Cesaria Évora aprendió a cantar en el coro de un orfanato de Mindelo, un pueblo en la isla de São Vicente, en el archipiélago de Cabo Verde, frente a la costa occidental de África. Entre tantas coordenadas geográficas de un pequeño territorio casi perdido en el Atlántico, esa niña apenas había superado la muerte temprana de su padre, y el trabajo de su madre como cocinera no había alcanzado para criarla a ella y a sus seis hermanos.

De esas experiencias, así como de la nostalgia, el amor y la dura realidad de su país, siguió cantando y a los 16 años sobrevivía con lo que le pagaban en los bares. La melancolía y el sufrimiento fueron el tema de sus canciones desde sus comienzos en los años 50. Cantaba en morna, un ritmo que tiene raíces en el fado portugués, la modinha brasileña, el lamento angoleño y el tango argentino.

Considerada como el blues de Cabo Verde, esta música pasó a ser la mejor cómplice de esta mujer de voz profunda y emotiva que también le canta a su tierra, a la lluvia que escasea en las islas y a la emigración de los caboverdianos, de los que se dice hay más afuera que en el mismo país.

Pasaron muchos años antes de que el mundo la conociera. Tenía 47 años cuando ofreció varios conciertos en Lisboa y luego grabó en París su primer disco: La diva de los pies descalzos (1988), nombre que salió de su costumbre de presentarse descalza como una muestra de solidaridad con los pobres de su país. Sólo bastó este disco para alcanzar la fama y seguir con una carrera imparable con otros diez trabajos, entre los que están Distino di Belita, Mar azul, Miss Perfumado, Café Atlántico, Rogamar, Voz d’amor, con el que ganó el Grammy en 2004, y Nha sentimento, el más reciente. Un trabajo consistente que la ha llevado a ser invitada permanente de escenarios en todo el mundo.

En los años 90 le llegó su consagración con teatros llenos en toda Europa, Estados Unidos, Japón, Montreal y Lisboa, donde la policía tuvo que detener a un grupo de seguidores que no pudo entrar al teatro. La crítica alabó entonces la devoción y simpleza de su estilo, así como su pasión en la interpretación con “una voz que tiene un sabor extravagante a coñac y tabaco”.

Hoy, a sus 69 años, Cesaria Évora lleva más de 300 conciertos en un amplio listado de escenarios tan diversos como distantes que incluyen Hong Kong, Singapur, Tahití, Australia, Ucrania, Rusia, Croacia, Macedonia, Río de Janeiro, México y Chile.

La entrañable interprete parece incansable a la hora de expresar sus sentimientos y los de su país a través de la música, pues ni siquiera sus quebrantos de salud la han frenado. En 2007 superó un problema coronario; en 2009, un derrame, y el año pasado, un infarto. Problemas que parecerían una consecuencia de la tristeza y nostalgia de su música, pero que en Cesaria son solo otros pasajes de una vida a la que ella le canta en creole-portugués y que hasta ahora no ha necesitado traducción.