Jecco y El Mono, una vida que no pudo ser

Contra una cifra de muertos que todos los días aumenta, contar una vida, que no creció en importancia por las balas asesinas, puede ser el antídoto para la indiferencia.
Jecco y El Mono, una vida que no pudo ser

La muerte abusiva trabaja frenética y no se deja alcanzar por la conciencia. La muerte avasalla a los contadores de historias que, rezagados, lo único que hacen es contar muertos como ovejas en una negra pesadilla.

Hace dos semanas los periódicos, a media voz, denunciaban el asesinato de un rapero de 17 años en la comuna 13, unos días después el turno macabro fue para un joven que había sido uno de los mejores bachilleres en el 2010.

Ahora la prensa hace sus frías cuentas de los muertos de Medellín y la cifra, en los tres primeros meses, está muy cerca de las 500 víctimas, de los cuales 73 han sido en las calles de esta comuna, marcada con el número 13.

Por eso, quiero acercarme a ese lugar para saber, por lo menos, de una de esas 471 vidas arrebatadas a la fuerza. Saber: ¿Quién fue? ¿Qué pasión quedó enterrada? ¿Qué sueños detuvieron las balas?

Así que voy a Medellín para saber de la vida de Yhiel, Daniel Alejandro Sierra Montoya. Aunque ya no esté el pequeño rapero, el hijo único, el coleccionista de cachuchas de Mickey Mouse, el quinto que matan en año y medio, aunque su historia sea corta, quiero saber de su vida para que me importe su muerte. Yhiel, una vida que se quedó en sueños, como muchas, porque un punto final perverso acabó la historia antes de tiempo.

Solo quedan sus amigos, Jecco y el Mono, a punto de la mayoría de edad, muy cerca del servicio militar, con sus camisetas estampadas casi hasta las rodillas, sus tenis como lanchas, el swing de sus manos cuando hablan, el rap en la sangre y una USB con todos sus recuerdos colgada en el cuello, haciendo las veces de un escapulario virtual.

Sus nombres.

Jecco: Jecco, pero mi nombre normalmente es Luis Felipe Grisales.

Mono: Sebastián Andrés Muñoz, el Mono.

¿Eran muy amigos de Daniel Alejandro Sierra, Yhiel?

J: Casi hermanos. Lo que es Yhiel y yo somos de Ruta Difusa. Y el grupo del Mono se llama Escritores Klandestinos.

M: Como grupos, trabajábamos muy unidos. Muy juntos.

¿Desde cuándo son ustedes amigos de Yhiel?

M: Yo, hace cuatro años.

J: Yo, más o menos un añito.

¿Dónde se conocieron?

J: En el Colegio Guayacanes, que queda en el barrio Socorro.

¿Qué significa ser de la comuna 13 de Medellín?

J: A la vez un orgullo, porque ahí fue donde uno se crió. Y a la vez como impotencia, de saber que uno ya no se siente seguro en el mismo barrio.

M: Aquí se está en confianza con gente que lo conoce a uno desde pequeño.

Confianza y a la vez peligro.

M: La comuna 13 de Medellín siempre se ha conocido como la más caliente, sin embargo allá adentro hay muchas cosas buenas, mucha gente talentosa.

¿Pensar en la muerte es algo familiar entre ustedes?

M: No, nosotros no pensamos en el peligro de que nos van a matar, no. Nosotros nunca pensamos eso. Nosotros pasábamos de barrio en barrio haciendo música, no nos importaba dónde nos metíamos, porque creíamos que todas las personas sabían que nosotros éramos sanos.

Pero ya van varias muertos.

J: Van cinco raperos en más de medio año en la comuna 13.

Medio año y llevan cinco. ¿Y no es ser muy ingenuos seguir pensando en ir por ahí rapeando?

M: Después de lo que ya pasó con Yhiel, no vamos a meternos en lugares desconocidos. Vamos a andar en el barrio, con la persona conocida, no vamos a meternos solos.

¿Antes se metían solos?

M: Ya sabíamos dónde quedaba la casa, nos daban la dirección y nos íbamos solos.

¿Para los de la comuna 13 la muerte y el peligro es un tema obligado?

M: Pues sí. Es algo que se lleva como muy en cuenta, que el peligro acecha, que las muertes acechan, que ahora matan, como se dice, por ver caer el muerto.

¿Quién era Yhiel?

J: Era una persona muy estudiosa, muy respetuosa, muy alegre.

M: Era un gran amigo. Era muy tranquilo, muy lejos de los conflictos que se resuelven a golpes. Una persona con la que se podía dialogar.

¿Su gran pasión?

J: El hip hop, como nosotros, el hip hop.

Y cuando había conflictos, Yhiel, ¿cómo los resolvía?

M: Se quedaba callado como para no alborotar más el problema. Se iba, guardaba su distancia como diciendo: “ya, cálmense”.

¿Qué pasó el día que lo asesinaron?

J: Nosotros teníamos un evento el mismo día. Pero a última hora nos lo cancelaron. Amanecimos el sábado y me quedé con él hasta las dos de la tarde del sábado. Ahí empezamos hablar por Facebook y por messenger. Yo lo invité a un bar, pero su mamá no lo dejó. Eso fue lo último que hablamos. Y a las 8 de la noche lo mataron.

¿A él no lo dejaban salir mucho?

J: Sí lo dejaban, solo que como ya habíamos amanecido en Belén, en la casa de un compañero ensayando canciones, no lo dejaron ir conmigo.

¿Él veía venir un final así?

M: No, nunca. Cuando nosotros hablábamos me decía: “No, pues, si uno se llega a morir, a mí me gustaría morir en una cama”. ¿Usted se imagina el dolor para la mamá de uno saber que a uno lo mataron?

¿Y cómo está su mamá?

Doña Zeneida, su mamá, y su papá, don Ovidio... Muy solos, porque era hijo único. Lo admiraban y lo apoyaban. Ella llegó a ir a más de un evento, a verlo.

Después de su muerte, ¿qué puede uno decir de la canción Cuando me vaya?

M: Yo fui el que saqué la canción con él. Ambos pensamos: “Después de que uno se vaya, ¿qué pasará el día que también me estén llorando mis amigos?”. Entonces quisimos dejar el legado. Él sacó su pedazo de letra, yo saqué la mía, y lo grabamos ahí en el estudio que tenía en su casa. La canción fue grabada antes de diciembre. El video fue un mes antes de que lo mataran.

¿Ha tenido éxito la canción?

M: Sí, antes de que a él lo mataran la canción tenía 900 reproducciones en YouTube. El mismo día de su muerte, el sábado 26 de marzo, ya tenía 4.571. Al lunes ya tenía ocho mil y pico. Hoy día está en 24 mil. La canción impactó mucho.

“Para llegar a resistir hay que comer mucha mierda, porque es estar en medio de ella”, dice Jeihhco Castaño, otro rapero. ¿Se trata de eso? ¿Hay que resistir?

M: Sí. Con lo que pasó con el amigo toca resistir pero con fuerza, y seguir haciendo música, y ya. Y no resistir con broncas, sino resistir haciendo lo que hacíamos.

¿Hasta cuándo resistir en esa posición?

M: ¿Resistir? Pues hasta el día que faltemos, hasta nuestro último día. Porque este mundo va de mal en peor.

¿Cuántas canciones compuso Yhiel?

J: 54. Él no salía de la música. Tenía temas fuertes como Siente presión, Soy aquel, Por presumir, Relatos, Corazón guerrero. Siempre llegaba y me decía: “¡Hey! Entonces qué, Pipe, por ahí escribí algo pa que le trabajemos”.

¿Cuál fue la última idea que trabajaron?

J: Era un tema que se llama Es en serio. Ese tema va para esas personas que creen que uno está haciendo la música es en charla, y no en serio.

¿Y cómo graban las canciones, en una grabadora pequeña?

M: No, no, no. Tenemos un estudio así muy callejero, un microfonito sencillo y el mixer que es el que da buen sonido, todo pegado a un computador, y ya, y grabe y hágale.

¿Qué buscan con la música?

J: Como decía Yhiel, cambiar mentes.

¿Cambiar qué?

J: Cambiar la mente de los que no tienen conciencia hacia el dolor de uno, de los que son malos hasta con la misma mamá, pero a través de la música, no como una cantaleta.

¿Cuál era el sueño de Yhiel?

M: La primera era montarse, junto al grupo, en el concierto más grande de la comuna 13, que se llama “Revolución sin muerte”. Quería que lo invitaran.

¿En qué quería trabajar?

M: Le gustaba mucho lo que era computación, pero no en sistemas, sino en grabación audiovisual, para hacer sus propios videos y canciones.

¿A qué le tenía miedo?

M: A llegar a fracasar, a no llegar a alcanzar lo que quería: ser conocido mundialmente en esta música, en este movimiento urbano.

¿Mundialmente dónde le hubiera gustado presentarse?

J: En Nueva York. Se inspiraba mucho en la música neoyorquina. La escuchaba en todos lados con su mp3.

Eso es a nivel artístico, pero existencialmente, ¿a qué le tenía miedo?

J: A perder un amigo o hasta la misma familia. ¡Ah! Y que yo me fuera para el ejército.

¿Coleccionaba algo Yhiel?

J: Gorras de Mickey Mouse. Era muy fanático de Mickey Mouse, era su muñeco preferido. Hasta le tenía nombre a cada gorra. Me acuerdo de la primera, fue una blanca, a esa la puso Federica.

¿Qué significó para Yhiel la comuna 13?

J: Él me decía: “¿Sabe qué, Pipe? Yo de mi casa no me voy”.

¿El peligro de la calle es un tema cotidiano en la comuna 13?

J: Cotidiano y de siempre. Eso sí, de siempre.

¿Cómo manejarlo?

M:Nosotros nunca nos hemos mezclado con cosas raras ni nada. Vamos es para donde vamos.

¿Cuál es la regla básica que hay que seguir para sobrevivir en la comuna 13?

J: No pasar las fronteras invisibles. Esa es la importante.

¿Qué es una frontera invisible? ¿Qué es una zona prohibida? Gente de unas calles que no puede pasar por otras calles, ¿es eso?

M: Sí.

J: Es eso.

Pero ustedes las tienen detectadas y por esas zonas no cruzan.

M: Uno muchas veces sabe que allí mataron a tal persona, entonces como maluco meterse por ahí, entonces no, uno no va por allá y ya.

¿Yhiel soñaba que eso cambiara?

J: Sí, el aspiraba a que cambiara alguna vez el barrio.

¿Para él qué era su grupo, Ruta Difusa?

J: Él lo decía mucho, que era una metáfora. Es el camino difuso que todo el mundo tiene. Usted, por decir, va en su trayectoria, y no sabe qué se le va a presentar, pero igual hay que hacer lo posible para enfrentar todos los obstáculos, todos.

Cada vez que muere un amigo del alma en estas circunstancias, ¿qué pasa por dentro de ustedes? ¿El sueño se desbarata?

M: No, el sueño no se desbarata, pero uno sí siente un vacío. Uno extraña que Yhiel ya no se acerque con un corito nuevo.

J: No, conmigo el sueño tampoco se desbarata. Tengo suficiente con lo que él me decía: “¿Sabe qué, Pipe? Si yo alguna vez llego a faltar, siga adelante. Primero que todo, saque a Ruta Difusa adelante”.

Los muertos en Medellín, en los tres primeros meses, se acercan a los 500. ¿Yhiel cómo veía esto?

M: A mí me gusta ser sincero. Esas preguntas se están saliendo ya del tema. Hablamos de Yhiel, y estamos pasando a hablar de un tema que puede ser muy delicado.

Es un tema del que ustedes no hablan.

M: No, porque a nosotros solamente nos importa la música.

Válido. Ustedes hacen música en un medio duro, ¿es más difícil hacer música así?

M: No, eso no es difícil. Nosotros no sacamos una canción para que cierta persona vaya a dejar de ser mala. Nosotros sacamos canciones para la comunidad, pero para que cada cual la capte y tome su decisión.

¿El anzuelo es la música?

M: Sí, atraerlos con la música, esa es la idea. El mensaje va en la fiesta y en la música.

¿Como quién quería ser Yhiel?

J: Admiraba mucho a Tupac Shakur y, últimamente, a otro rapero estadounidense que se llama Xzibit.

¿Tenía algún amuleto?

J: Sí. Nosotros estuvimos cantando en Bogotá y le regalaron un casete. No un casete real, sino metálico, que llevaba colgado siempre en el cuello.

¿Yhiel creía que podía sobrevivir en la comuna solamente con la música?

M: En parte, yo digo que sí, que se podía vivir solo con la música, metidos en nuestras grabaciones y en las nuevas canciones.

J: Pero en parte la música no lo salva a uno. Vea lo que le pasó a Yhiel. Es más, no sé, el pelao que mató a Yhiel seguro sabía que él hacía música, pero igual no respetó eso.

¿Cómo se acaba esto?

J: Es una respuesta como inalcanzable.

¿Él veía venir un final así?

M: La semana anterior antes de que se fuera, y cuando nosotros vimos que el tema de Cuando me vaya estaba pegando, hablamos en son de ‘recocha’, tomando vinito: “Hey, Yhiel, si yo me muero, me coloca la canción encima de mi ataúd”. Y él decía: “Pues, ojo, usted también”. Y yo: “Hágale, hágale”. Pero nunca nos imaginamos que Yhiel iba a ser el primero que iban a matar. Era cuando fuéramos viejos y nos acordáramos de cuando éramos niños.

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Yhiel antes de morir se preguntó con el Mono, su amigo, qué habría que decir cuando abandonara esta vida, y de ahí salió su canción Cuando me vaya, su propia despedida:

“Seguiré siendo aquel

Que siempre era alegre

Que fumaba los sueños

Y aspiraba a ser consciente

Que tenía como vicio

Cantar en las tarimas

Y ser enamoradizo

A las rimas y a la vida”.