Donald Trump, el aprendiz de candidato

Él lo tiene casi todo, pero quiere más. Ahora amenaza con lanzarse a la presidencia de Estados Unidos diciendo verdades a medias que llaman la atención pero que son demasiado excéntricas para aspirar a la Casa Blanca. Protagonista de su propio reality.
Donald Trump, el aprendiz de candidato

Ningún multimillonario es tan reconocido como Donald Trump. Y no es por ser el hombre más rico del mundo, porque no lo es. Es, para empezar, por su apariencia, por su pelo mono y diáfano que se peina a propósito para que parezca un peluquín hecho con hilos de oro. Pero también por la finca raíz, por los edificios que ha construido, por sus casinos, por los libros sobre negocios que ha escrito, por ser dueño de Miss Universo, por sus cinco campos de golf y por ser el presentador del reality El aprendiz, que ya va para su undécima temporada. Pero ahora Trump quiere más, quiere ser el presidente de los Estados Unidos.

Las elecciones del 2012 no van a ser como las de 2008, cuando Obama le ganó a John McCain. Obama tiene la oportunidad de ser reelegido para su segundo periodo, y por eso los demócratas no necesitan hacer elecciones preliminares para escoger candidato, pero los republicanos sí. Y esta es la época en que los candidatos anuncian sus intenciones.

A casi todos les gusta coquetear con la idea. Sarah Palin, por ejemplo, no ha dicho que se lanzará, pero al mismo tiempo ha escrito un libro, protagonizó un reality sobre su familia en Alaska, y le dio la vuelta al país criticando la política de Obama y a los demócratas. Es decir, está llamando la atención. Y hay pocas personas que saben llamar la atención más que Trump. Ha salido en dos películas y tres series de televisión. En 2006 se agarró públicamente con la presentadora Rosie O’Donnell por la decisión de Trump de darle una segunda oportunidad a una participante del Miss Teen USA cuando rompió las reglas del concurso. Se dijeron cosas pesadas. O’Donnell opinó que Trump era una serpiente oportunista; Trump le contestó que ella era una gorda fea que no se merecía su trabajo, y hasta amenazó con demandarla.

En otra ocasión más reciente, Trump se involucró en un asunto público del que quiso sacar tajada. Un grupo musulmán iba a fundar una mezquita en un sitio que, muchos juzgaban, estaba muy cerca del Grand Zero, donde las Torres Gemelas fueron derrumbadas en 2001 por un ataque terrorista. Trump ofreció apagar la polémica comprando el edificio donde se iba a construir la mezquita. La generosa oferta no fue aceptada, pero su nombre volvió a pasar de boca en boca.

Es difícil negarle a Trump el éxito empresarial, especialmente con sus inversiones en finca raíz. Pero es un personaje que se ha prestado al chisme farandulero y a la burla directa con tal de mojar prensa. Sin ir más lejos, el pasado marzo fue la víctima del Comedy Central Roast, un evento en el que comediantes se burlan, por turnos, del invitado, mientras éste los observa desde un trono e intenta reír con el público que disfruta del espectáculo. De pronto quiso ser una parodia de su país. “Todo el mundo se burla de nosotros –le dijo hace poco a Bill Cosby, un famoso comediante estadounidense–. Pues si yo fuera presidente, no se reirían”.

Muchos dicen que lo de Trump es palabrería, pues no se ha lanzado formalmente. Lo que está haciendo, argumentan los críticos, es llamar la atención para subir los ratings de su reality. El propio Cosby opina que genera una atención excesiva: “Lo único que está haciendo es hablar demasiado. Que se lance o que se calle. A mí no me importa, no lo tomo en serio”.

Pero Trump dice que sus aspiraciones a la presidencia son serias. De todos los candidatos que por ahora se conocen, Trump es el que más plata tiene, y plata es lo que se necesita para montar una campaña ganadora. Sin embargo, ni siquiera el millonario ultraconservador Ross Perot pudo hacer valer su dinero cuando se lanzó a la presidencia en 1992 y en 1996. Incluso hay quienes lo comparan con él. Si en su momento Perot propuso que el ejército protegiera a los ciudadanos de la delincuencia, ahora Trump dice que lo mejor contra la inmigración ilegal es la militarización de la frontera con México. La otra similitud tiene que ver con la independencia. Trump no necesita del apoyo del partido republicano, aunque actualmente lo busca. Podría lanzarse como un candidato independiente, algo que solo alguien con plata de sobra puede hacer, como Perot.

Por el momento, la encuesta más reciente, hecha por CNN, dice que Trump está empatado con Mike Huckabee en la lista de candidatos con más apoyo.

Pero su política (o más bien su politiquería) deja mucho que desear. Dice verdades a medias que, en definitiva, no serían muy eficientes a la hora de gobernar. Sostiene que China está estafando a Estados Unidos, y en consecuencia sugiere que se les imponga un impuesto del 25% a todos los productos chinos. Asegura que hay que hacer algo contra la OPEP, que no hace sino robar a los países que no son miembros. Argumenta que la Liga Árabe le debe mucha plata a Estados Unidos, porque ya van por la tercera intervención militar y no les han pagado un dólar por la ayuda. Se opone al Nafta y a tratados similares (como lo sería el TLC con Colombia) porque acaban con la oferta laboral de Estados Unidos. Y remata su idea con una frase elocuente: “Si fuera presidente, tendríamos tantos trabajos que nos saldrían hasta por el trasero”.

No le gusta la regulación gubernamental, ni siquiera al sector financiero ni el de finca raíz, los mismos que hundieron la economía mundial. Y para completar, ha resucitado el tema de que Obama no podía ser presidente porque no había nacido en Estados Unidos, un asunto que ya ni siquiera mencionan los opositores extremistas.

Puede que Trump se lance a la Presidencia como puede que solo esté hablando babosadas. “No hay chance de que el pueblo estadounidense elija a Donald Trump. Para la mayoría de la gente esto solo es parte de su espectáculo”, ha dicho David Bluff, asesor de Obama. “Es como si se lanzara el luchador Hulk Hogan”, ha rematado Tim Pawlenty, candidato oficial a la opción republicana. Pero la gente lo está oyendo, y les gusta lo que dice. Y como plata no le falta, es posible que las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2012 sean las más entretenidas en décadas, las más parecidas a un reality de televisión.

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