¿Quién era en realidad Osama Bin Laden?

El hombre que tumbó las Torres Gemelas y que cayó abatido 10 años después, no siempre fue un terrorista. De joven fue tierno y educado. Tuvo cuatro esposas, la primera de las cuales le dio 11 hijos. A varios los enroló en su ejército. Al final quiso vivir en familia según el Islam con su última esposa.
¿Quién era en realidad Osama Bin Laden?

Tariq salía de la fortaleza todos los días en la mañana. Compraba seis o siete panes y aunque saludaba de manera cordial, nunca entabló una relación con sus vecinos. Decía ser de Peshawar (capital de la provincia noroeste de Paquistán) y que al igual que Arshad Jan, el otro hombre que vivía en la casa, trabajaba en cambio de divisas. Esos, se creía, eran los únicos habitantes de la mansión, ubicada en un barrio acomodado de Abbottabad, donde fue abatido el pasado 1º de mayo Osama Bin Laden.

Ahora, después del operativo que le dio muerte, se rumora que eran hijos del líder de Al Qaeda. Dos de los 24 que, se presume, tuvo durante sus 54 años de turbulenta existencia. Se cree que tuvo cuatro esposas. De hecho, durante la operación se descubrió que Osama vivía con la más joven de ellas y algunos (se dice que ocho) de sus hijos. Una de las niñas, de apenas doce años, confirmó que su padre había muerto ejecutado por los militares estadounidenses.

Sin embargo, ninguno de los vecinos de la fortificada mansión había visto a los niños y de las mujeres no había mayor referencia, salvo que usaban la burka negra y que casi nunca salían. Con estos indicios se construyó la idea de que eran pashtunes, etnia cuyas costumbres obligan a las mujeres a vivir bajo un régimen muy estricto.

Parece que Osama, siguiendo los preceptos del Islam, intentaba llevar una vida familiar lo más cercana a lo normal, a pesar de ser calificado como el terrorista más buscado del mundo y por cuya cabeza los organismos de seguridad estadounidenses ofrecían entre 25 y 30 millones de dólares. En medio de tanta desinformación, Bin Laden era ya un mito en el mundo y en el imaginario solo había la imagen de un famélico hombre barbudo escondido en las escabrosas y desoladas cavernas de Afganistán, armado hasta los dientes y rodeado de un ejército igualmente blindado.

Pero los comandos de Estados Unidos descubrieron que estaba desarmado y rodeado de parte de su familia más cercana, que tenía una pequeña huerta que le abastecía de algunos alimentos y que incluso gozaba de servicio doméstico, aunque no había teléfono ni internet. A pesar de estos datos fragmentados, su vida seguirá siendo un misterio, como ha sido siempre.

En realidad su nombre saltó a la fama después del ataque a las Torres Gemelas en Nueva York, en septiembre de 2001. Fue en ese momento que se empezó a saber que había nacido en Arabia Saudita, en 1957 –aunque no hay certeza de la fecha exacta–, que su familia es de origen yemení; que su padre, Muhammad Bin Awad Bin Laden, emigró a ese país en 1931 y que allí tuvo 11 esposas y más de 50 hijos.

Muhammad se convirtió en pocos años en un adinerado constructor y, gracias a varios trabajos realizados a la realeza saudita conformó un próspero conglomerado, el Bin Laden Group, que incluso estuvo al frente de la restauración de la mezquita de Al Aksa en Jerusalén, y las mezquitas de La Meca y Medina. Cuando el padre murió en un accidente aéreo en 1967, la fortuna que había logrado amasar pasó a sus hijos. Se cree que Osama alcanzó a recibir algo más de 80 millones de dólares y que seguramente ese capital fue el que le sirvió para darle impulso a su yihad, montando las academias donde formaba a los combatientes que emprendieron acciones terroristas en Estados Unidos, Europa y Asia.

En esos campamentos mimetizados en el desierto afgano crecieron algunos de sus hijos, sobre todo los once de su primer matrimonio, que llegaron a Afganistán todavía pequeños, acompañando a su padre al exilio al que lo había lanzado Arabia Saudita cuando comprobó sus actividades antioccidentales. Varios de sus vástagos lo rodearon y le siguieron en su llamado a defender el Islam por el mundo, como los dos que le acompañaban en la mansión de Abbottabat.

Pero así como Osama fue el único de los hermanos Bin Laden que se dedicó a las actividades terroristas (tiene un hermano diseñador cuya hija es cantante y ha posado semidesnuda en GQ), el líder de Al Qaeda tuvo un hijo que no quiso seguirlo en su cruzada violenta. Omar, el cuarto hijo con su primera esposa, Najwa, se lanzó al ruedo en 2008 liderando otra cruzada: una por la paz mundial. Elegante, bien hablado, culto, casado en segundas nupcias con una inglesa, promovió un rally París-Dakar a caballo a favor de su causa.

Con semejante imagen fue imposible no comparar a Omar con su padre cuando era aún un adolescente y salía de paseo con sus 22 hermanos y hermanas por Suecia, o cuando pasó por la Universidad de Djedda, en Arabia, o la de Oxford, en Inglaterra. Osama era entonces el clásico joven influenciado por la moda de los setenta: pantalón bota campana, camisa ajustada de manga corta, sonriente, dulce e inocente.

Brian Fyfield-Shayler, profesor en una escuela de inglés adonde asistían los hijos de los acaudalados sauditas, describió a Bin Laden como “extremadamente educado, por encima de cualquiera de los demás de su clase. Físicamente, llamaba la atención porque era más alto y más guapo y tenía un mejor aspecto que la mayoría de los demás chicos”.

Pero fue justamente en esta época en la que su vida tuvo una ruptura. Se dice que fue en la universidad donde conoció al fundamentalista Sheik Abdullah Azzam, quien alentaba a la juventud musulmana a volver a los estrictos postulados de la fe islámica. Y que fue allí donde tomó la decisión de quedarse en Arabia y no irse, como sus hermanos, a Egipto, al Victoria College de Alejandría o a Harvard, Londres o Miami. Eso marcó su destino.

Y aunque por algunos años usó sus estudios y su diploma de ingeniero para aportar a la empresa familiar, abandonó la carrera y se enlistó para siempre en la causa que lo llevaría a la muerte. Empezó ingresando al movimiento armado que combatía la presencia rusa en Afganistán y luego encabezando la guerra santa contra Occidente.

Una guerra en la que resultó implicada su familia de una u otra manera. Cuando llegó a Afganistán, no solo preparó a sus hijos varones en sus campamentos militares, sino que entregó a una de sus hijas, en matrimonio, al jefe de los talibanes, el mulá Muhammad Omar, para sellar su acuerdo político-militar. A cambio, Osama tuvo una lujosa mansión donde pudo vivir con bastante holgura durante un par de años con su familia. De allí salió para las cavernas donde preparaba sus ataques contra civiles, que lo convirtieron en el terrorista más buscado del mundo.

Quizá luego de la intensa persecución que enfrentó, decidió enclaustrarse con su familia y dirigir su ejército a la distancia. Tal vez Hamza y Saad, sus dos hijos mayores y reconocidos como sus lugartenientes y seguros sucesores en la dirigencia de Al Qaeda, estaban poniendo el pecho en su guerra santa, mientras Osama intentaba pasar como jefe de una familia promedio en un barrio acomodado de Paquistán.

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