Ben Goldacre, el doctor contra la mentira.

El médico tan obsesionado con la verdad que creó la columna Bad Science. Su trabajo se basa en descubrir engaños por parte de farmacéuticas, periódicos y reportes del Gobierno que han llevado a que las personas tengan una percepción errada de la medicina.
Ben Goldacre, el doctor contra la mentira.

"¿Por qué las personas inteligentes creen en cosas estúpidas?”. Esta es la pregunta que el inglés Ben Goldacre se hace todas las mañanas cuando lee el periódico y encuentra alguna nota de salud que advierte sobre los peligros de las vacunas mientras reafirma las maravillas de la medicina alternativa.

Por eso en 2003 creó Bad Science, una columna semanal en el diario The Guardian donde desmantela los engaños que tanto las farmacéuticas como los mismos periodistas le venden a la gente sin importar las consecuencias. “Lo que hago, lo hago porque considero que la pseudociencia es interesante. Creo que dice mucho sobre el papel de la medicina y de la cultura científica de tu país, que la gente sea entusiasta de las píldoras mágicas”, le comentó a la BBC.

Y aunque algunos piensan que se trata de una burla sin fundamentos hecha por un escéptico y no por un verdadero científico, Ben lleva la ciencia en su sangre. Su padre es profesor de Salud Pública en la Universidad de Oxford, y su tío es Robyn Williams, un reconocido periodista de temas científicos en el Reino Unido. Este respaldo le ayudó a hablar sin rodeos desde que era un adolescente. Cuando tenía 15 años quería ser neurocientífico, inspirado por el programa de televisión The Mind Machine, con Colin Blakemore. Ante la duda de saber si su deseo se vería transformado en algo exitoso, no tuvo problema en buscar en el directorio el teléfono de Blakemore, llamarlo y decirle “quiero ser como usted cuando crezca, pero ¿usted cree que debo estudiar Medicina, Psicología o Psicología experimental?”. A lo que Blakemore le respondió que debía estudiar Medicina porque tendría un panorama mucho más amplio para cambiar el mundo.

Ben siguió su consejo, y hasta ahora no ha tenido de qué arrepentirse. Egresado de la facultad de Medicina de la Universidad de Oxford en 1995, Ben hizo una especialización en Psiquiatría y en Epidemiología, lo que le ayuda a sustentar que el éxito de la medicina homeopática por encima de la convencional es el resultado de un imaginario colectivo. “En esencia, las pastillas homeopáticas no funcionan mucho mejor que las pastillas de azúcar de placebo, y eso es lo que son. El único ingrediente activo que tienen es la creencia en que funciona, el único poder es el que ponen en la imaginación de la gente”.

Defiende a toda costa que el mayor problema de que la gente inteligente crea en cosas estúpidas es que en medio del camino a la comprobación, hay quienes se presentan falsamente como hombres y mujeres de ciencia. Tal fue el caso de la nutricionista Gilian McKeith, reconocida por sus apariciones en varios programas de televisión, quien tuvo que dejar de utilizar el título de doctora después de que Goldacre publicara en su columna en The Guardian que en la Asociación Americana de Nutricionistas y Consultores de donde obtuvo su título McKeith, él compró uno para su gato por 60 dólares.

Puede parecer mentira, pero fue tal el alcance que tuvo esta revelación en la columna de Bad Science, que Ben se dio cuenta de que para cambiar el mundo, como le aconsejó uno de sus maestros, debía dedicarse a desmentir y destapar engaños. Son varios los casos en que la industria farmacéutica se limita a hacer pública información halagadora que repite dos o tres veces con ligeros cambios, afirmando que corresponden a diferentes estudios. “Cuando damos información engañosa sobre salud, la gente toma decisiones erróneas y esto causa muertes y sufrimiento innecesario. Creo que los periodistas que dicen ‘cállate’ en respuesta a gente como yo, están reforzando estos problemas”.

Por argumentos como este es que Ben tiene más de 20 demandas en su contra. La más publicitada fue la que le impuso el empresario Matthias Rath después de que Ben criticara la distribución de vitaminas para pacientes con sida en varias poblaciones de África. Cuando Goldacre demostró que no tenían ningún efecto sobre los pacientes, Rath tuvo que retirar la demanda y pagar 500.000 libras de multa. Aunque no le gusta enumerarlas en voz alta, sabe que su nombre es sinónimo de guerra para periodistas científicos, terapeutas alternativos y la industria farmacéutica. Pero para sus seguidores, es un héroe capaz de desmentir toda la basura que se inventan para vender productos. Ha sido tal su éxito que en 2008 recopiló todas sus columnas en el libro con el mismo nombre, Bad Science, un best seller con más de 280.000 copias vendidas en más de 18 países.

Un buen incentivo para no quedarse callado. Desde hace cinco años alterna sus escritos con charlas, 250 hasta el momento entre clubes de comedia, festivales de música, universidades y departamentos gubernamentales en toda Inglaterra. Cada periódico del mundo debería tener un escéptico como él.

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