Papás de un sólo consentido

Son muchos los padres que por decisión o casualidad se quedaron con su primer y único hijo. Tres papás sacados del molde nos cuentan su experiencia.
Papás de un sólo consentido

Jorge Enrique y candelaria

“Soy un papá-mamá.” Así se define Jorge Enrique cuando se le pregunta qué tipo de papá se considera. Candelaria, su hija de nueva años, llegó un poco antes de lo esperado y al actor le tocó aprender el oficio de ser papá antes de lo previsto. Afirma que le gustaría tener más hijos pero primero tiene que encontrar con quién, pues está separado de la mamá de su hija. Cuando Cande le pide más hermanitos a Jorge Enrique no le queda otra salida que pedirle paciencia. “Los hijos únicos pasan mucho tiempo con adultos y les hace falta un hermanito con quien compartir su tiempo libre” asegura Jorge Enrique. Además cree que los hijos únicos reciben tanta atención que, aunque en cierta medida puede ser bueno, es un arma de doble filo. “Es fácil pasar la línea y terminar malcriándolos –añade–, sobre todo para mí, que soy un papá amoroso y consentidor. Lo más importante es que he podido conocerla a fondo, dedicarle tiempo, saber qué le gusta y qué no, y tal vez con más hijos no sería el caso”.

“Creo que el mayor reto de criar a un hijo es inculcarles que sean personas buenas, consideradas y generosas, sean hijos únicos o no”.

Raffaello y Mattia

Un napolitano llegó hace años a Colombia, se enamoró de una colombiana, se casó con ella y ambos tuvieron a Mattia. Han pasado siete años y, tras el rompimiento de la relación, el pequeño quedó como la prueba de su amor. Raffaello piensa que los hijos únicos maduran y que su inteligencia se desarrolla mucho más rápido que la de otros niños. Se define como un papá napolitano por excelencia y ese orgullo cultural se lo ha trasmitido a Mattia, que no duda en decir que es “feliz” –en sus propias palabras– de sus raíces napolitanas. Raffaello piensa que a veces puede pasar por autoritario por el tono en el que habla, pero Mattia lo interrumpe y le dice que tiene que decir que es un papá genial. Los dos se echan a reír. Mattia no ha pedido hermanitos todavía, pero lo que le pide a su padre es una novia, una novia formal, aclara. Y de nuevo sueltan una carcajada.

“A los hijos únicos hay que darles mucho amor, pero sin sofocarlos y sin volverse una ladilla”.

Jorge y valeria

Valeria, de cinco años, es una niña con suerte. Su papá nunca ha tenido reparos en tomar el papel de compañero de juegos. Cuando se juntan, la imaginación infantil de ella y la imaginativa de escritor de él, convergen y juntos inventan historias fantásticas con las muñecas de Valeria. Cuando era apenas una bebé, Jorge le cambió sus pañales, le preparó y le dio sus teteros. Ahora piensa que de ser más joven no dudaría un momento en tener más hijos. Además, cada vez que Valeria le pregunta por qué no tiene más hermanitos, se queda sin argumentos. “Esa noche no puedo dormir”, asegura. Dice que el mayor reto de criar a un hijo único es el miedo de que algún día se sienta solo en la vida, aunque depositar todo el amor en una “sola cuenta” compensa ese temor. Esta noche, en su cita de juegos, Valeria le pintará las uñas.

“La mayor ventaja de tener un hijo único es que reciben toda la atención. Paradójicamente, esto también es la mayor desventaja”.