Natalia París se rebela contra el photoshop

Ella, que revolucionó el modelaje con sus curvas y su manera de ser, ahora se rebela contra la esclavitud de la imagen. No quiere más Photoshop y defiende la belleza natural.
Natalia París se rebela contra el photoshop

Natalia París parece una muñeca. Es pequeña, de formas perfectas; su cara y su cuerpo podrían lucir como un tierno juguete en la vitrina de un almacén para niñas. De su voz, ni hablar, es el paradigma de la inocencia. Y sin embargo todos los hombres de Colombia la exhibirían en un almacén para señores. Esa es la mayor contradicción de Natalia: producir una inocencia en la que nadie cree. Y ese también es el mejor acierto de su personalidad.

Natalia parece perfecta, pero las fotos no mienten. De cerca es posible ver en su cara una sombra de vellos rubios muy finos, un lunar pequeño en un lado de su frente y algunas arruguitas que apenas se marcan cuando se ríe. Es Natalia en su estado natural.

Así luce un sábado cualquiera en su casa, donde su frescura, sin luces ni accesorios, la convierten en una anfitriona relajada, sin las poses ni el escenario que muchos imaginarían para entronizar a la mujer más deseada del país.

Su universo es más sencillo, sin tanto artificio, con una onda espiritual que se nota desde la entrada, donde una estatua-fuente de Buda casi del tamaño de ella, vigila quién entra y quién sale. Un olor a incienso envuelve ese minisantuario. Ya en el comedor, el olor cambia cuando Natalia se sirve un té.

Sentada en el brazo de la silla lanza una mirada directa, como si le apuntara al lente de la cámara, pero su tono de voz no es intimidante. Desde hace un tiempo la modelo, la mujer, la mamacita por excelencia del país, quiere mostrarse diferente. ¿Una reinvención? Sí, no lo niega, pero ella prefiere definirlo de manera más directa: “Estar en la jugada”.

Natalia quiere volver a lo natural y por eso decidió que las fotos de una campaña publicitaria reciente no tuvieran retoques de Photoshop, la herramienta digital que desde los años 90 es furor en el diseño gráfico y que hace que las modelos de catálogos, vallas y revistas se vean perfectas, casi irreales y “dignas” de imitar por mujeres comunes y corrientes que no caen en cuenta que todo eso es mentira.

“No es una tendencia nueva –dice Natalia en relación con el abuso del Photoshop–. En Europa ya reaccionaron, las mujeres no se ven perfectas ni tienen esos pelos largos con extensiones. Eso se los he dicho a los fotógrafos y a los clientes, que creen que eso es lo que vende”. Lo afirma como decidida a decirles a todos: “Lo que ven es lo que soy”.

Las imágenes de la campaña dicen la verdad de Natalia. Allí aparece con el maquillaje necesario, pero sobre todo con formas que se consideran normales, con muslos y brazos torneados en lugar de las piernas tubulares y de líneas muy rectas de piel lisa y sin poros. “Es que le cambian a uno las facciones y después dicen que uno se operó porque me quitan cachetes y me aumentan la boca”.

Las fotos fueron tomadas en Medellín con luz natural y con herramientas básicas de fotografía. “Me encanta porque se hicieron solo con flexs (una tela brillante y templada que se usa para reflejar luz). Cuando a uno lo retocan le quitan los vellitos, los poros y a veces una arruguita se ve divina. Es volver a los inicios”, dice la mujer que hace veinte años empezó a forjar su carrera siguiendo un modelo poco natural: Pamela Anderson.

Es el comienzo de una especie de cruzada por verse menos artificial, algo que, teniendo en cuenta los parámetros del modelaje y la publicidad, podría volverse en su contra. “Yo dejé de hacer una campaña de ropa interior porque me dejaban como una muñeca”, dice Natalia, que ahora quiere mostrarle al público que su piel dorada y curvas increíbles no son tan perfectas y que sus defectos más evidentes han sido disimulados en un computador.

Aunque suene extraño, casi insultante para sus admiradores, Natalia no es perfecta. Ella lo sabe y se atreve a contar que una pose equivocada le hace ver las piernas musculosas y sus nalgas más grandes. En términos estéticos ella no se opone a un retoque y baja su reciente radicalidad: “Cuando se suaviza con Photoshop no me molesta”.

Tampoco le da miedo afrontar esas imperfecciones. Al contrario, hace unos meses comenzó también su regreso a una apariencia más natural modificando otro de sus grandes atractivos. Lo afirma tranquila: “Sí, me reduje los senos”. Lo hizo sin pedir permiso, como la reina que ha sido en este país donde la admiran, la atacan, la juzgan y donde también la adoran. Lo curioso es que pocos lo han notado.

En términos de sostén, significa que el voluptuoso pecho de la modelo quedó en 34B, un tamaño normal e igual de atractivo, después de muchos años con una talla suficiente para despertar toda serie de fantasías. Su historia cuenta que tenía 18 años cuando los aumentó y hoy no mira atrás, porque no hay arrepentimiento. “Cuando lo hice eso era la sensación, y así le saqué jugo a mi carrera, pero quería tener una talla menos llamativa”.

En eso se sostiene de manera vehemente y asegura que el bisturí no volvió a tocar su cuerpo. Los rumores le atribuyen cambios en cara, pómulos y boca. “Es mentira, no me he aumentado los labios. Hace como seis meses empecé a tomar unas pastillas para la piel que tenían ingredientes de mariscos y, como soy alérgica, se me hincharon las manos y la cara. Les tengo, además, miedo a las cirugías y a los cambios que uno ve en las actrices maduras, es mejor relajarse con el tema”.

Natalia: marca registrada

La mesa del comedor de Natalia también es su oficina. En su computador no deja de sonar música. De Buika pasa a Celia Cruz, y luego a ritmos electrónicos y a jazz. En la sala hay una batería que alguien toca cuando hay fiesta. Ella es la que toca las congas. La música le viene de su abuela Emilita. Con emoción, muestra las consolas donde ahora está aprendiendo a ser DJ. “Pero solo para los amigos”.

Mira de nuevo la pantalla y cuenta que abrirá por fin su cuenta de Twitter. Se cansó de que muchos se hagan pasar por ella y de ser el centro de atención en la red social por los chistes que refuerzan la idea de que ella es tonta. “Es una necesidad para mostrar mi punto de vista y mandar mensajes bonitos”.

Como lo hace en Facebook, donde publica pensamientos positivos. Lee uno: “Un guerrero de la luz debe tener paciencia en los momentos difíciles y saber que el universo está conspirando a su favor aunque no lo comprenda”. Con esto marca la diferencia con los otros 26 perfiles falsos que llevan su nombre.

Así es Natalia en el estado natural que no registran los medios. Los cuatro acuerdos y La ley de la atracción son algunos de sus libros de cabecera, entre otros que la impulsan en su cruzada antirretoque. “Si buscamos la naturalidad en las fotos, hay una manera de pensar para estar lo más natural que se pueda. Trabajo mucho la espiritualidad y eso hace que no esté tan pendiente de la parte externa”.

Por eso cambió el gimnasio por el yoga, la meditación, la danza y cuidados que tal vez no revela del todo. Claro que su imagen y su apariencia son su marca registrada, la cual ha sabido explotar con astucia como empresaria de sí misma.

Su último golpe de opinión lo dio el año pasado, cuando se desnudó para SoHo, aunque asegura que eso no se repetirá. Su estrategia está quizás en otra dimensión: “Hay personas que tenemos mucha luz y lo digo con humildad: me considero muy luminosa. La gente lo siente, no importa si hace años me enamoré de la persona equivocada o si dicen que soy bruta, ellos sienten el reflejo y eso es puro amor”.

Esa es la Natalia natural que hoy conjuga mente y cuerpo, que se reinventa y no ve un obstáculo entre cultivar su espíritu y mostrar la piel.

“El cuerpo también hace parte de nuestro espíritu, es divino, allí está el alma de uno y nos lo dieron como un regalo. Qué lindo mostrarlo y gozarlo en toda la expresión de la palabra”.

Así piensa la mujer que ya no se afecta con los chistes y es capaz de reírse de sí misma. Su hija Mariana se los dice y es inevitable que alguien no se los repita. Ella se ríe de quienes piensan que es bruta y sin ninguna vergüenza repite su chiste favorito hasta ahora: “Natalia París le pone un mensaje al novio, al celular: mi amor, devuélvete que dejaste el teléfono en la casa”.

Producción: Valentina Osorio / Maquillaje: Mauricio Ríos / Asistentes: Luis Escobar, Andrés Bustamante / Agradecimientos: www.cocoajeans.com.co / Fotografía: www.estebanescobar.com