Jill Abramson, la mujer al poder

"Más texto y menos fotos". Ese es el lema de la nueva directora de The New York Times, la primera mujer en la historia en ocupar semejante cargo.
Jill Abramson, la mujer al poder

Su filosofía de menos fotos y más texto le valió el apodo de “la dama gris” entre las salas de redacción de los periódicos donde ha trabajado durante 25 años. Su obsesión por los detalles y su necesidad de contar buenas historias, le han permitido convertirse en una de las mejores cronistas de investigación de Estados Unidos.

Ya en la adolescencia, supo que lo suyo era el periodismo. Y cuando el pasado 6 de junio se hizo oficial su nombramiento como directora de uno de los diarios más influyentes del mundo, confesó: “Creciendo en mi casa, The New York Times sustituía a la religión, lo que se leía en sus páginas era la verdad absoluta”. Por eso para quienes la conocen y han trabajado con ella coinciden que era cuestión de tiempo para que estuviera al mando. Según el diario británico The Guardian, este cargo “es lo más cercano que tiene Estados Unidos a la realeza, sin contar al presidente y a Lady Gaga”.

En apenas tres años esta neoyorquina, graduada con honores en Historia en la Universidad de Harvard, pasó de ser redactora a controlar los corresponsales en Washington. Sus denuncias de seguridad social pusieron en la cuerda floja a más de un integrante del gabinete del expresidente George Bush, ganándose varios enemigos en el gobierno. Pero fue su cubrimiento del escándalo de Monica Lewinsky el que la hizo figurar como una feminista de corazón. Un artículo sobre el detrás de cámaras de la transmisión en televisión donde Bill Clinton confiesa su infidelidad con una practicante en la Casa Blanca, le ganó varias adeptas. En lugar de enfocarse en el entonces presidente, Jill decidió revelar el doloroso papel que Hillary Clinton tuvo que seguir durante el escándalo.

Y aunque en varios de sus textos resalta el estatus de las mujeres en cargos corporativos y de poder, y siempre se asegura de que haya una pluma femenina en cada edición del periódico, su ascenso no tiene nada que ver con una iniciativa del periódico por mostrarse defensor de la igualdad de las mujeres. O puede que sí. Lo cierto es que es la primera vez en 160 años de funcionamiento, que una mujer dirige The New York Times. “Me dieron el puesto porque soy la persona más preparada para el cargo, no por ser mujer”, aseguró en la rueda de prensa.

Su experiencia en la revista Times (1973), The American Lawyer (1986), y en The Wall Street Journal como editora, aparte de los 14 años en la sala de redacción de The New York Times, fueron suficientes para sustituir a Bill Keller, quien al parecer perdió el respaldo de las directivas cuando utilizó el periódico para criticar el boom del ciberespacio, tildando a los blogueros de “recicladores de contenido” y a Twitter como el “enemigo de la contemplación”.

Por eso uno de los principales objetivos de Jill es hacer del diario una comunidad virtual, integrando lo digital con el impreso. Al mismo tiempo modificará la manera en que el periódico ha sido manejado los últimos años. “Tenemos una cultura de consenso en el periódico, lo que es maravilloso por un lado, pero perjudicial por el otro, así que vienen épocas de cambios positivos”.

Pero ella no está preocupada. Observadora, analítica y paciente, es una fiel creyente de que cada día hay que vivirlo como si fuera el último. Por algo tiene tatuada en su hombro derecho la figura de un tiquete de metro con la frase “válido para un solo viaje”. Desde hace ocho años esa es su filosofía de vida.

Una posición muy sensata si se tiene en cuenta que, como lo expuso The Guardian en su editorial, “el jefe de The New York Times retiene el poder de dirigir las conversaciones en el ámbito nacional, mover los mercados, sacar políticos, sancionar guerras y crear estrellas de Hollywood”. Nada mal para una mujer que es apodada con el nombre de "La drama gris".