Yo soy El Joe, por Gustavo Gómez

El periodista de Caracol radio entrevistó al cantante hace varios años cuando trabajaba en la Revista Cromos. Lo recuerda como "un tipo fácil de oír pero difícil de escuchar".
Yo soy El Joe, por Gustavo Gómez

No es amigo de entrevistas, ni de citas con periodistas. Hay que hacerle la cacería, seguirle las huellas en una selva de parientes que manejan sus asuntos y esperar el momento en que esté de humor para cambiar el cantar por el contar. Sin embargo, es un buen conversador, amigo de frases coloquiales y generoso en sus anécdotas. Una fiera llamada El Joe, un animal grande que nació cartagenero y morirá barranquillero. 

En el Carnaval de Barranquilla sólo le ha faltado ser el mismísimo Rey Momo, porque, desde 1984, cuando ganó el primer Congo de Oro en compañía de Juan Piña, Barranquilla no se ha cansado de recordarle que él manda en las fiestas y él tampoco parece cansado de que "su" ciudad tenga tanta memoria. El Joe nació Álvaro José Arroyo González, el 11 de noviembre de 1955 en Cartagena, cuando Yolanda Pulecio le peleaba la corona de Miss Colombia a Esperanza Gallón, y en la casa de El Joe se peleaban los hermanos por no traer el agua.

La familia Arroyo vivía en el barrio Tesca donde el agua era un tesoro que el señor Jericó, el de la tienda, compartía con los vecinos por unos cuantos billetes. Álvaro José tenía como diaria tarea proveer agua para el hogar con viajes de lata al hombro y cantos de consuelo personal que nada tenían que ver con el blues de las plantaciones sureñas norteamericanas, como no fuera por hacer del trabajo algo menos pesado.

Cuesta arriba y cuesta abajo pasaba el muchacho cantando y tocando la clave en la lata de vida. Tenía diez o doce años y tenía al barrio entero llamándolo "La voz del tanque".

El 'tanque' pronto enfiló ánimos hacia los burdeles de la ciudad, no en busca de carne sino de dinero para el señor Jericó. "Los músicos me tenían pillao por la voz y me invitaban a cantar en los cabarés. Víctor Meléndez cantaba fijo todos los fines de semana y me mandaba llamar". Había que pedirle permiso a doña Ángela, madre del novel cantante, pero ella no mostraba mucha tolerancia con la idea de ver a su hijo llegar, tipo tres de la mañana, de la zona de tolerancia . "Yo no era díscolo, pero había muchas díscolas con su habitación escaleras arriba". Díscolo era su padre, que dejó la casa cuando El Joe tenía dos años, "después de hacerle tres hijos a mi mamá". Se conocieron en San Andrés, cuando el Arroyo estaba crecido, de 14 años , y el padre lo era ya de cuarenta hijos.

El Joe conoce a sus 39 medio  hermanos y medio conoce a los incontables sobrinos. "Muchos, como yo, tienen una mamá que se llama Ángela, porque a papá le encanta tener hijos con mujeres de nombre Ángela". Tan numerosa y andariega es la familia Arroyo que son dueños informales de un barrio en Maracaibo (Venezuela), y cuando El Joe canta en la ciudad, medio público le grita "itío, tío, tío!". De todos los hermanos y sobrinos y primos, ninguno es músico porque el sabor es, entre Arroyos, monopolio de este negro corpulento de ojos redondos, grandes como de bebé, cejas escasas y cinco o seis dedos de frente. Un negro que sabe lo que es de los negros y lo que es de los blancos.  Justo en el blanco. "Ustedes, los blancos, son descendientes de los españoles. Ustedes vienen de España y, si se ponen a mirar esa vaina, los malos son ustedes".

Palabras pisadas con una carcajada que corta en seco cuando el tema de conversación son los españoles, pero no los conquistadores sino los doctores. El año pasado, de gira por Europa, el azúcar de la música se disparó y terminó convertido en coma diabético. En España lo llevaron a una clínica donde ocho doctores le diagnosticaron tuberculosis y ordenaron aislarlo en una habitación especial donde durante días sólo vio mascarillas y ojos. El Joe no estaba muy convencido de la tuberculosis, así que llamó a su doctora, en Barranquilla. "Patricia Osario me dijo que yo no podía creerles a los catalanes, que estaban equivocados, que lo que yo tenía que hacer era conseguir patilla y tomar jugo sin pepas... 'Esos médicos pueden ser de Rusia o de España pero no les coma cuento, Joe, esa dieta lo est á matando". Mandó por la patilla, bebió jugo mañana, tarde y noche, y regresó a Colombia casi muerto, blanco de carnes, pálido y desnutrido. En Barranquilla la doctora descubrió que tenía un pulmón vuelto pedazos por una neumonía mal tratada. Era la segunda vez que El Joe se moría sin morirse.

La primera fue en 1983 , cuando notó que le había salido una bolita en la ,nuca. La bolita comenzó a crecer y con ella la preocupación. Lo agarró la fiebre después de cantar en unas Fiestas del Mar, en Santa Mana y, estando en Cartagena, le dio por ir a un hospital para ver qué opinaban los expertos de la bolita .  No lo dejaron salir por serios problemas de tiroides. "La ida al hospital me enfermó más. Me querían operar, pero yo dije que no, porque había riesgo con las cuerdas y de eso vive El Joe" . Lo sometieron a un tratamiento según el cual debía tomarse todos los días cuatro vasos de yodo radiactivo. "Una cosa horrible, no tanto por el sabor como por el precio: cada vaso costaba 50 mil pesos yeso era un montón de plata". El Joe apuraba los vasos mientras en la calle la gen te guardaba fila para visitarlo y no faltó el que se hacia el enfermo para colarse en la habitación del ídolo.

Después de tres meses y docenas de vasos, El Joe se voló del hospital en un taxi directo a Barranquilla. "El Capitán Visball , duro de las casetas, me contrató como reemplazo de Óscar D'León". La gente fue a verlo por una extravagante mezcla de cariño y morbo, porque incluso la prensa había dicho días antes que El Joe había muerto. 'Resucitar en Cartagena no fue nada fácil; no por la bolita, ahora controlada , sino por los pies . En el hospital me dio un absceso en un pie y para poder cantal tuvieron que conseguirme unos zapatos talla 44... ayyyy, papá ".

Años atrás El Joe no hubiera tenido problemas con el asunto. Tres décadas le sacó de ventaja a Shakira y sus pies descalzos", porque cantaba sin zapatos, envuelto en ropas de hippie caribeño, tratando de llamar la atención si no con la voz, al menos por la desnudez de extremidades. "Era muy joven, y los jóvenes no sienten nada". Sintió después el peso de los excesos, con una vida desordenada que lo paseó por los vicios y lo convirtió en casado a la fuerza "A los 17, hice lo que tenía que hacer con una muchacha y después me volé. Suegro y cuñado me echaron mano en San Andrés y me devol 'era n a Barranquilla, donde me esp eraba un matrimonio obligado". Doce años estuvo casado y cuando estuvo cansado, se divorció. Quedaron dos hijas, Tania y Adelita, y con su segunda esposa, Mariluz, vendrían otro par, la Tato y la Pelo. Las cuida para que no les pase lo mismo: "El que las toque se las tiene que ver con el papá, que ya sabe cómo es la cosa".

Vérselas con El Joe no debe ser una experiencia agradable,porque es un hombre forjado en la orquesta de Fruko,rey de los tesos . Después de veinte años de verse sólo en aeropuertos, se reencontraron en los estudios de grabación y por eso los créditos del nuevo disco de El Joe incluyen el nombre de Julio Ernesto Benavides (Fruko). Otro teso en el disco, Emiliano Zuleta Díaz , lo acompaña en el vallenato Soy el folclor; con letras que en boca de otro distinto a El Joe sonarían harto pedantes,  

Vacilando folclor

"Soy el folclor, soy de los últimos que se vacilan el folclor. Con grabadora en mano voy a los pueblos recogiendo música que después, en los estudios, civilizo". Mala cara hace cuando le hablan de la horda de colegas dedicados al reciclaje y en la lista de los músicos que admira hay pocos nombres: Gabriel Romero, Juan Piña, Los Gaiteros de San Jacinto... "El Joe no plagia música. El Joe investiga, va a fuente y trabaja sonidos. El Joe paga derechos, así que quienes me cusan de plagio lo único que quieren es salir en televisión". Pero El Joe también quiere salir en televisión. Acaba de firmar con Cenpro la realización de una miniserie sobre su vida que saldrá al aire cuando la  historia de Alejo Durán termine. "No quiero que me presenten como una especie de superhéroe, sino  como lo que soy. Los libretos son de Andrés Salgado y Natalia Ospina, los mismos de Perro amor. Estoy buscando un negrito que cante para que me interprete de joven". Lo demás está resuelto: Álvaro José, "La voz del tarro" , correrá por cuenta de Christian del Real, el sardina que despegó en la actuación aprovechando la canina novela, y El Joe hecho y derecho cobrará vida en manos del actor más indicado : el propio Joe.

Las grabaciones comienzan en mayo y podría estar al aire en septiembre la historia fidedigna del hombre con sangre de Senegal, el padre del joesón, el más célebre habitante del barrio Ciudad Jardín, de Barranquilla; el menos anónimo de los Alcohólicos Anónimos, a cuyas reuniones asiste desde hace siete bíblicos años; el cristiano neotestamentario que cree en las  virtudes de la divinidad humana; el bebedor compulsivo... de jugo de patilla, que usa anillos en los meñiques para no romperlos cuando aplica en la clave la fuerza de sus setenta y tantos kilos; el marido de Mariluz, mujer que guarda celosamente a su compañero de esas fanáticas que lo persiguen en Barranquilla para que les estampe una firma en un papel, la piel o, como reconoce con temor conyugal, "las pantaletas". El Joe, Arroyo cartagenero que mejores migas hace con los arroyos de Barranquilla. Un dios negro que adoran los blancos.