Las tragedias cantadas del Joe Arroyo

Juan Carlos Insignares recuerda la tragedia que vivió el Joe cuando murió su hija Tania.
Las tragedias cantadas del Joe Arroyo

El nuevo dolor del cantante se llama Tania. Ya había pasado por duelos, divorcios, droga y su propia agonía. De cada dolor una canción. Joe Arroyo se ha enfrentado toda la vida a la adversidad y de cada una de esas batallas ha salido una canción. La regla no funcionó hoy, porque la canción de su última tragedia había sido con 25 años de anticipación.

Una madrugada de 1972, cuando Alvaro José Arroyo González confirmó el nacimiento de su primera hija, se sentó y escribió de corrido, con la música acompañándolo en la cabeza, como hace siempre, la canción en homenaje a su hija recién nacida. Eran los tiempos en que Joe era el cantante estrella de Fruko y sus Tesos, la agrupación salsera más prestigiosa del país, cuando apenas había cumplido 17 años pero su voz ya era reconocida por los coleccionistas de música de Barranquilla y Cartagena.

Tania, la hija, y Tania, la canción, crecieron de la mano. La niña se convirtió en el bastón y consejera del autor mientras que la canción terminó siendo un clásico de la música colombiana, al extremo que el propio Joe tuvo que volverla a grabar hace cinco años como homenaje a un estribillo que ha trascendido las fronteras latinas. “Te vengo a buscas, oh oh Tanie ae, oh  oh Tania ea…”. Su hija, en cambio, falleció de un paro respiratorio, hace un mes y 15 días después de recibir el grado de bacterióloga de la Universidad del Norte, en Barranquilla.

Esta historia, quizás la más fuerte del cantante, es sin embargo un capítulo más de una vida en la que se ha enfrentado a la adversidad, y ha salido de ellas aferrado a sus creencias cristianas (“Que Dios te bendiga”, acostumbra a decir todo el tiempo) y a sus otras tres hijas, Adelita, Tato y La Pelo, y a Mary, su esposa. Ya antes, en septiembre del 1983, la noticia de la muerte por sobredosis musical. El rumor se extendió a través de los medios de comunicación y canales internacionales de televisión, como Univisión y Televisa, le rindieron homenaje póstumo, mientras las emisoras del Caribe colombiano dedicaban un día completo a repetir una y otra vez las canciones y vida de una de las leyendas musicales más fructíferas del país.

Joe estaba vivo, convaleciente, pero vivo, con 47 kilos de peso. Acababa de superar un problema de hipertiroidismo que lo había llevado a los límites del coma y del que había sobrevivido gracias a su fe  y a la toma de yodo radioactivo que puso en riesgo sus cuerdas vocales. Incluso, por esa época se especuló con que el cantante perdería definitivamente la voz. “Lo dimos por muerto, esa era la noticia oficial”, recordaba con frecuencia el periodista barranquillero Fabio Poveda Márquez. “Todo el mundo creyó que eran problemas de drogas por mi vida disipada, pero yo preferí callar”, recuerda Joe.

Días después, arruinado, El Joe se convertiría en el rey de Barramquilla, su ciudad adoptiva, en donde escribió la canción que recuerda su paseo cercano por la muerte y le recordaba a los bailadores su continua adicción, hasta entonces, por las drogas y el alcohol : Me la fugué a la candela, otro  himno, paradójicamente, de los rumberos empedernidos.

Una noche de excesos, también en Barranquilla, el cantante nacido en el barrio Pie de Popa de Cartagena fue detenido y llevado preso por la policía a una estación, perdida entre klas calles pequeñas y cerradas del barrio El bosque de la capital del Atlántico. Como sucede siempre con Joe, el rumor de su detención (por drogas, aseguraron entonces las autoridades) se convirtió en una manifestación espontánea de un barrio que se resistía a que su ídolo estuviera detrás de las rejas. La  multitud se agolpó en los alrededores de la estación, quebró las cercas de matarratón y, cantando las canciones de Joe acompañadas de ron blanco, exigió su liberación para poder seguir bailando. La policía no tuvo más remedio. Meses después, también en la madrugada, el compositor garabateó en un papel: “Si a la cárcel me meten, a mí Barranquilla me saca” una de las estrofas del himno currambero En Barranquilla me quedo.

El 31 de diciembre de 1989, los asistentes al Club San Fernando de Cali, disfrutaban la fiesta de despedida del año acompañados del sonero colombiano. El clímax del concierto llegó con la canción de moda, A mi Dios te lo debo,  que enloqueció a los asistentes. En medio de la emoción, ninguno notó que la canción había sido más corta de lo normal y que Joe la había cantado con lágrimas en los ojos. Ese 31 de diciembre, mientras el show continuaba, el hermano mayor de Arroyo era enterrado como N.N en Ciudad de Panamá, donde había muerto víctima de las balas durante el desembarco de las tropas norteamericana, Joe, que le habpia rogado a su hermano abandonara el comercio y trabajara con él, estaba impotente en Cali sin poder rescatar el cuerpo de su hermano porque lso aeropuesrtos de Panamá estaban cerrados. El único homenaje que le pudo hacer Joe fue cantar su canción favorita con lágrimas en los ojos. “Cuando canté esa canción me  derrumbé “recuerda el cantante.

Años más tarde, en 1991, el artista fue víctima sde un asalto en su apartamento de Barranquilla, en donde le robaron buen aparte de sus trofeos- ni siquiera recordaba donde los había ganado- que permanecían arrumados en una habitación. Según informes oficiales, los atracadores fueron identificados, tenían antecedentes judiciales y la policía los buscaba desde hacía varios años. Siete meses después, uno de los atracadores apareció muerto en un barrio marginal de la Puerta de Oro, y el cantante debió rendir indagatoria. Otra vez el Joe era noticia. Las malas lenguas se encargaron de difundir el rumor de que a Arroyo lo habían vinculado al caso, a pesar de que la versión oficial decía lo contrario. Entonces le dedicó una canción a sus acusadores: Inocente, en donde acusa a sus enemigos de intentar acabar el prestigio qie él forjó desde pequeño.

Cuando no llegaba a los 12 años Arroyo amanecía en los burdeles cantando descalzo para llevar dinero a su madre, doña Ángela González, una camarera de hotel en Cartagena. Pero un día, un profesor de física se lo tropezó  en el bar d emal amuerte e hizo que lo expulsaran del colegio “debieron botar al profesor y no a mí, porque yo estaba ganándome plata honradamente, mientras que el profesor andaba detrás de las niñas malas”, diría Joe después.

El reencuentro con su padre que lo había abandonado antes de cumplir dos años en medio de la pobreza, también se convirtió en argumento para un clásico: “Negro chombo va a cantar pa´que venga su morena…”

Hoy , sin embarg, es diferente. El cantante de música tropical más internacional de Colombia , el que más Congos de oro ha ganado en el Carnaval de Barranquilla, el que ha obligado extenso artículos del New York Times y Le figaró, el que enloquece a los españoles cuando les canta  “en lso años 1600, cuando el tirano mandó” tiene enfrente una de sus más duras experiencias “Joe sale adelante porque es fuerte” dicen sus amigos cercanos. Él, como siempre, prefiere responder con una de sus canciones “Echao pa´lante …”

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