La mano negra de Rupert Murdoch

La mujer detrás del escándalo de las chuzadas telefónicas de News International, no tiene reparo en admitir sus jugadas sucias a la hora de conseguir noticias. Lo que para muchos es un delito y falta de profesionalismo, para ella es simple y puro periodismo.
La mano negra de Rupert Murdoch

Disfrazarse de señora del aseo para entrar a las oficinas de The Sunday Times y robarse el artículo sobre la biografía del príncipe Carlos que sería publicada al día siguiente como exclusiva, es sólo un ejemplo de lo que esta inglesa es capaz de hacer por una primicia.

Impulsada por una necesidad de liderar y de hacerse notar, Rebekah Brooks supo desde que tenía 14 años que el camino más seguro para crearse un nombre era siendo periodista. Su tiquete de entrada a una sala de redacción fue servir té en un periódico local de Warrington, al noroeste de Inglaterra. La angustia por cubrir buenos temas y el afán por no perder una noticia, le aceleraban el corazón, haciendo que se ofreciera a ayudar a los periodistas en lo que necesitaran con tal de “trabajar” en los artículos.

“Nunca he conocido a alguien tan ambicioso, en lugar de tomar nota y ayudar con el papeleo, siempre estaba detrás del editor proponiéndole ideas para cubrir los temas”, afirma Tim Minogue, quien trabajaba como reportero en el Daily Star donde Rebekah era la secretaria. Fue en esa época cuando su nombre empezó a figurar. Se ofreció como voluntaria para manejar más de 450 kilómetros en dos días y recoger una caja de cerveza afrodisiaca que el periódico planeaba darles a los lectores como regalo.

Ese día dejó en claro que, sin importar la distancia, o el medio para llegar, ella siempre estaría en el lugar de alguna noticia. Su osadía le valió una oportunidad en News of the World, propiedad del magnate australiano Rupert Murdoch, quien no demoró en reconocer sus habilidades. Después de cuatro años de trabajar como reportera, Rebekah obtuvo el cargo de editora, convirtiéndose así en la persona más joven en ocupar este puesto en un periódico de Inglaterra con tan solo 29 años.

La pasión de Rebekah por su trabajo se tradujo en cifras. El número de lectores aumentó durante su liderazgo. Esto hizo que Murdoch no sólo admirara su labor, sino que la acogiera como una hija. Para 1998, esta pelirroja era vista siempre al lado derecho del magnate. Tanta cercanía hizo que la mujer –proveniente de una familia de clase media– comenzara a vivir en un mundo de opulencia y apariencias. Helicóptero privado para llegar a los partidos de fútbol, champaña todos los días en la oficina, lugares preferenciales en los eventos sociales más importantes, eran una pequeña muestra de que su sueño de ser alguien influyente era una realidad.

En 2000, finalmente, su nombre se volvió tema de primera plana. La noticia del asesinato de Sarah Payne, de ocho años, a manos de un pederasta, conmovió a los británicos. Aprovechando los recursos del periódico, lanzó la campaña “Sarah's Law”, que peleaba por el derecho de informarles a las personas si hay un pedófilo viviendo en su barrio.

A pesar de las advertencias de la policía sobre las fuertes consecuencias que esto traería, Rebekah, en su cargo de editora, no reparó en publicar todos los días algún artículo relacionado con el tema. Su perseverancia le ganó el respeto de miles de lectores que la veían como una líder de la comunidad, cuando en realidad el único interés de Rebekah era el de vender más ejemplares.

Pero su astucia tuvo un límite. El pasado mes de junio se destapó el escándalo de que News of the World había intervenido los teléfonos de más de 4.000 personas en un intento por encontrar primicias. Entre esos teléfonos estaban, incluso, los números de la familia Payne. Artistas, políticos y hasta la propia casa real inglesa fueron víctimas del News of the World. Aunque Brooks niega haber tenido conocimiento alguno de las intervenciones telefónicas, es conocida por haber llenado de micrófonos la habitación del hotel que ocupaba James Hewitt para demostrar que sostenía una relación con Lady Di.

Las pesquisas por conspiración para interceptar comunicaciones, la llevaron a dimitir de su cargo como consejera delegada de News International, que ocupaba desde 2009, y a que fuera arrestada el pasado 17 de julio. Después de prestar declaración durante 11 horas fue puesta en libertad bajo fianza. El problema está en que en 2006 Brooks aceptó haberle pasado dinero a policías a cambio de información, una confesión que en ese tiempo no tuvo eco pero que en esta oportunidad cobra especial relevancia.

Mientras se define si va a la cárcel o no, esta inglesa de 43 años ya está viviendo su peor condena. No sólo tuvo que cerrar News of the World, periódico con 168 años de historia, sino que su sueño de crearse un nombre que la gente respetara, es un titular de ayer. Porque lo que para ella es periodismo, para muchas otras personas es una manera sucia y desleal de encontrar una historia y contársela al resto del mundo.