Rory McIlroy, ¿qué le falta para ser rey?

Con sólo 22 años, este irlandés ya ha sido llamado “el sucesor de Tiger Woods”. Pero sus actuaciones en Augusta y el Abierto Británico han dejado en claro que todavía tiene mucho que aprender y mucho de qué despojarse para destronar a Tiger. ¿Podrá lograrlo?
Rory McIlroy, ¿qué le falta para ser rey?

Luego de ganar de manera arrolladora el Abierto de Estados Unidos, el irlandés Rory McIlroy llegó como el favorito para adjudicarse el Abierto Británico de golf, que se jugó hace unas semanas. Pero el fantasma de lo sucedido en el Masters de Augusta de este año, donde se desmoronó de manera dramática en el último día, tras liderar sobrado durante tres jornadas, pusieron las expectativas en su sitio. Finalmente, ocupó la casilla 25 en Inglaterra y las apuestas sobre si era o no el sucesor de Tiger Woods volvieron a quedar en el limbo. ¿Tiene madera suficiente McIlroy para suceder a Tiger?

Su edad y la forma en que ganó el Abierto estadounidense juegan a su favor. En Estados Unidos maravilló a todos: no sólo fue líder absoluto desde el primero hasta el último día, sino que terminó el torneo con 16 bajo par (la mejor marca de la historia), y ocho golpes de ventaja sobre el australiano Jason Day, quien no pudo hacer mucho para contrarrestar su poderío.

Todas las miradas, entonces, se volcaron sobre él. La prensa, incluso, se arriesgó a decir que era el reemplazo de un Woods venido a menos por cuenta de sus escándalos sexuales. No era para menos. En un deporte necesitado de una nueva estrella, este joven de tezblanca y pelo rizado ha saltado a la palestra para ocupar el trono que dejó el estadounidense. Pero es claro que aún es temprano para hablar de una ‘era McIlroy’. Al fin y al cabo, golfistas como Tod Hamilton y Vijay Singh alcanzaron a ilusionar en su momento con hazañas similares pero luego se desvanecieron.

Los especialistas no se cansan de alabar la naturalidad de su swing, tan distinto al del “robótico” y calculador Tiger, ni de hablar de su actitud tranquila y desparpajada, que va bien con su figura de adolescente enganchado a Twitter. Pero no es sólo su estilo dentro del green lo que tiene fascinada a la prensa: su vida personal es también motivo de titulares.

Aquí y allá hablan de sus excentricidades –gracias a sus millonarias ganancias se ha comprado 13 lujosos automóviles y en los últimos días se le ha visto saliendo con la tenista Caroline Wozniacki–, y de la calma con que suele manejar su naciente fama. Un desparpajo que lo llevó, durante el pasado Masters de Augusta, a ocupar sus ratos libres jugando con un balón de fútbol americano en compañía de sus amigos, como si le tuviera sin cuidado la amplia ventaja que llevaba a sus oponentes.

Pero no todo es color de rosa. A pesar de su evidente talento, algunos le critican su falta de paciencia y el poco manejo de las emociones dentro de la cancha. Dos situaciones que lo llevaron a cometer un error fatal en Augusta cuando, luego de empezar con cuatro golpes de ventaja sobre su más inmediato seguidor el último día, se desconcentró y terminó ocupando la casilla 15. Como dijo el mítico Jack Nicklaus, ganador de 18 majors: “Rory será, y en realidad ya es, una celebridad. Pero primero es un golfista y en esta época esto es muy difícil. Tiene que asegurar que para él el golf es lo primero”.

Pese a que lleva el deporte en la sangre, McIlroy deberá aprender a controlar su propia mente y la presión que comienzan a ejercer los patrocinadores, quienes lo ven como una mina de oro. Tal es el caso de la cadena de hoteles de lujo de Dubái, Jumeirah, que ya ha invertido varios millones en él.

Ante la debacle de Tiger Woods, quien no ha vuelto a ganar nada desde 2009, McIlroy tiene el camino despejado para llegar a convertirse en su sucesor. Falta ver si lo logra. Después de todo, su principal rival a vencer será él mismo.

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