Bertrand Plessis, el cirujano de las marcas

Este francés fue el encargado de darle una imagen más elegante a las botellas de Aguardiente Néctar y Ron Santa Fe.
Bertrand Plessis, el cirujano de las marcas

Los cambios en la imagen de una marca pueden ser en ocasiones imperceptibles, pero nunca innecesarios. Las grandes compañías como Adidas, Mercedes Benz, Mazda entre muchas otras, han concebido las transformaciones entre sus políticas de supervivencia.

En el 2008 una gran firma le dio un pequeño retoque a su logotipo: Pepsi Cola. Aunque el cambio no fue sustancial, pues no es conveniente, este nuevo look  la convirtió en un producto que conservaba el mismo sabor pero que lucía más moderno. Su letra adelgazó, la franja blanca en el centro del círculo se inclinó hacia un lado, asemejando una sonrisa, y los mensajes que acompañaban la campaña estaban cargados de optimismo. Pepsi Cola quería llegarle a un público juvenil positivo y  enérgico.

Como este hay millones de casos de bebidas que experimentan en cierto momento de su existencia un “paso hacia el futuro”, como afirma el francés experto en rediseño de marcas Bertrand Plessis.

Su trabajo en Vinos Domecq Bodegas (España), vinos Patricius Tokay (Hungría), Jhonnie Walker Premium (Diageo, Reino Unido), Bacardi (Estados Unidos), y Ron Zacapa (Guatemala), lo convirtieron en uno de los más afamados transformadores de imagen. Por eso, el gerente de licores de Cundinamarca, Hernán Valdivieso, consultó al francés para darle un nuevo estilo al aguardiente Néctar y al Ron Santafé.

El primer paso para presentar una propuesta según Bertran Plessis es la inspiración.  Existe una marca francesa que según él cumple todos los requisitos para ser la mejor, la de mayor recordación, la más inspiradora: Chanel. “Su éxito radica en la mezcla de varios elementos; una historia, una persona, una leyenda. Además tiene ese misterio que le imprime el sentimiento parisino. Es una marca fascinante”.

Chanel lo inspira, pero no es su única musa. Las personas, la calle, la cotidianidad  y el contacto directo con los clientes son su principal fuente de creación. No concibe su profesión sin interactuar previamente con la gente que trabaja en la marca que debe intervenir.

Por eso antes de aceptar su nuevo trabajo en Colombia, Plessis pasó cuatro días en el país. Probó el ron y el aguardiente, que se le asemejó al licor de anís que consume en Francia, conoció a los miembros de la empresa y se paseó por las calles de Bogotá para que su intervención en las botellas de los dos productos no resultara desatinada.

Su tarea no era sencilla. Debía renovar la imagen de las botellas sin hacerles un cambio drástico. Debía imprimirle rasgos de status sin modificar ninguno de los emblemas de la marca, debía darles un toque internacional sin que perdieran la apariencia de productos colombianos.

La primera intervención fue de peso. Adelgazó las botellas y les aumentó unos cuantos centímetros “porque esto da sensación de estilo, de modernidad”. Después cambió la calidad del vidrio, lo que para él significó la transformación más contundente, “un cristal de buena calidad es lo principal a la hora de darle status a un licor”, y finalmente agregó tonos brillantes a los logos del aguardiente y del ron “el amarillo es para la comida, el dorado y el plateado para los tragos”.

Los resultados no saltan a la vista, de hecho algunas personas  podrían pensar que las botellas siguen siendo las mismas, y ese era precisamente el objetivo de Plessis.

Sus estudios en arte y negocios le dieron la combinación perfecta para dedicarse a lo que hoy le ha dado reconocimiento, sin embargo, sólo hasta hace 15 años descubrió exactamente lo que quería hacer en su vida.

“Pasé muchos años trabajando en publicidad y marketing, hasta que descubrí que lo que me apasionaba eran las marcas, la capacidad que tiene una firma para despertar emociones”. Los tres años que vivió en Japón influyeron de manera determinante en su profesión. “En ese país todo es un signo, un ícono. En cualquier esquina te invaden cientos de luces, nombres, posters. Un día, parado en la mitad de ese monstruo que es Tokio decidí abrir mi propia empresa de consultoría de marcas”.

Y de Tokio pasó a París, su ciudad natal. En su oficina recibió la llamada del colombiano. La respuesta del francés no llegó de inmediato. Bertrand nunca había viajado a Colombia y tampoco planeaba hacerlo. Néctar y Ron Santafé eran nombres que no estaban en su imaginario. Sin embargo, la premisa con la que ha trabajado durante años determinó su respuesta: “las pequeñas marcas siempre son vulnerables de convertirse en las más grandes”.

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