Judy Henríquez regresa al teatro

La consagrada actriz de televisión regresó al teatro después de 20 años alejada de los escenarios, con la obra Divorcio Express. La dama de la pantalla se declara llorona, desvelada y fanática del golf sin saber jugarlo.
Judy Henríquez regresa al teatro

> ¿Cuál fue la última obra en la que actuó?

Rosa de dos aromas, de Emilio Carballido, con Celmira Luzardo y dirigida por Carlos José Reyes, en el TPB.

> El papel de su vida.

Han sido varios: la vieja Sara de Escalona, Señora Isabel y doña Doña, de Las Juanas.

> Lo mejor de actuar.

Poder entregar un personaje al público, sacar eso que tenemos guardado porque en el fondo todo el mundo es actor y algunos tenemos la facilidad de hacerlo.

> ¿Cuál es su ritual antes de actuar?

Me encierro en el camerino, digo una oración porque creo que Dios me debe ayudar ahí y me rodeo de mis fotos.

> Un actor o actriz de teatro.

Lawrence Olivier, que hizo todo Shakespeare, y Judi Dench.

> Un maestro de la televisión.

Bernardo Romero Pereiro.

> Un maestro de las tablas.

Indiscutiblemente Santiago García y Dina Moskovitz. Me enseñaron a manejar el escenario.

> ¿De qué se arrepiente?

De no hacer mucho ejercicio.

> ¿Qué película siempre repite?

Lo que el viento se llevó. Y soy amante de los animados que hizo Walt Disney.

> ¿De qué siente nostalgia?

De mi infancia con mis padres y mis hermanos.

> ¿Cuál es su posesión más preciada?

Mi familia, sé que siempre estará ahí.

> Un placer.

Fumar y jugar cartas.

> ¿A qué le teme?

A volar y a las serpientes, no las puedo ni mencionar.

> ¿Qué quiso aprender y nunca pudo?

A jugar golf. Soy la única que lo ve por televisión sin haber cogido nunca un palo.

> Su mayor defecto.

Según mi hija soy terca, necia y de mal genio, pero creo que esos defectos son parte del ser humano.

> Una canción para bailar.

Llamado de emergencia, de Daddy Yankee. Mis compañeros de Chepe Fortuna trataron de enseñarme a bailar reggaetón y no aprendí, pero me encanta.

> ¿Qué le gustaría que dijera su epitafio?

Se lo dejo a mis hijas, lo dirán mejor que yo.

> ¿A quién le gustaría pedirle un autógrafo?

A muchos. De actores a Mel Gibson, y políticos, si estuviera vivo, a Winston Churchill.

> ¿Qué rasgo no soporta de los demás?

La soberbia.

> ¿Qué la desvela?

Soy noctámbula completa, pienso demasiado las cosas y tomo mucho café. Soy una desvelada total.

> ¿Cuál es su idea de felicidad perfecta?

Estar contento con uno mismo.

> Un trago para brindar.

El jerez.

> Su mayor equivocación.

No haber estado con mis hijas cuando debí estar, el trabajo no me lo permitió. Ellas todavía me lo echan en cara.

> ¿Quién es su amor platónico?

En su momento Santiago García, un amor de esos imposibles, me parecía un hombre interesantísimo. Y también Lionel Messi.

> ¿Qué colecciona?

Los álbumes del Mundial, me encanta pegar monitas y lo sigo cada cuatro años. Lloré todas las veces que perdió Colombia.

> ¿Qué la hace llorar?

Todo. Lloro de risa, de rabia, de recuerdos y me encanta llorar. Alguien me dijo una vez que cuando uno llora no envejece, así que a llorar se dijo.

> ¿Dónde queda el paraíso?

Aquí en Colombia, es un paraíso maravilloso con todos sus problemas.

> Una ciudad a la que siempre volvería.

A Nueva York, es fascinante, y a Florencia.

> Un final feliz.

Que ojalá Colombia mejore y sea el país que conocí hace muchos años.

¿Qué ha extrañado del teatro en 20 años?

Todo: las tablas, el público, los nervios que siente uno antes del tercer timbre... El teatro es la verdad del actor.

¿Qué personaje sueña representar?

Isabel de Inglaterra. Dicen que fue virgen, puede que no sea tan cierto.

> ¿Cuál es su mayor debilidad?

Soy muy sentimental y llorona de tiempo completo.

¿Qué es lo más ‘express’ que ha hecho?

Fumar y dejar de fumar, lo dejo y vuelvo y caigo. Ha sido como un fumadero express.

Su mayor cualidad.

Soy sincera y alegre, no me amargo por nada.

¿Qué quería ser cuando niña?

Periodista, estudié pero se me cruzó la actuación. Si hubiera sido periodista habría sido mejor actriz.

Un sueño por cumplir.

Que cuando muera sea trabajando, en un escenario o frente a una cámara.

 ¿Cuánto dura la fama?

Diez minutos, así como llega se va. Lo importante es no preocuparse por ella.