Jacqueline Kennedy, la mujer más popular del mundo

Este relato sobre el viaje de Jacqueline Kennedy por India, refleja su naciente condición de icono de la moda y el estilo.
Jacqueline Kennedy, la mujer más popular del mundo

Edición 2335 de 1962

Cuando Jacqueline Kennedy regresó de su viaje por la India, oyó una vez su nombre en miles de voces. Sus compatriotas, igual que las gentes de todos los países, la aclamaban. Jacqueline sonrió, saludo simpáticamente y volvió a abrazar efusivamente a su marido. Miles de fotógrafos dispararon sus cámaras. Para ellos, igual que para todos los reporteros gráficos que la han visto, ella es su mejor objetivo. Y su mejor negocio, podría agregarse. Porque no hay publicación en el mundo que no compre las fotos con el último gesto hecho por Jackie. Sin temor a exageraciones se puede decir que hoy es la mujer más popular del mundo.

Al poner pie en tierra, los cronistas de moda anotaron los detalles de su “toillete”. Supieron además que en la India había comprado un brazalete de esmalte y pedrerías con un broche formado por la cabeza de dos elegantes rosas. No tendría nada de raro, pues, que ahora comiencen a venderse pulseras semejantes. Porque todo lo que se pone Jackie, lo imitan. Si aquí en Bogotá ya hay almacenes que anuncia el traje sastre o el sobretodo estilo “Jackie”, en Estados Unidos se ha llegado hasta la exageración. Parecerse a Jackie es el ideal de viejas y jóvenes. Existe el peinado Jackie, las cejas a lo Jackie, los sombreros Jackie, en síntesis, el estilo Jackie. Además del título de la “mujer mejor vestida del mundo” que le dieron los modistos más afamados, justifica plenamente esas imitaciones.

En la India, igual que en EE. UU., la más popular

Jackie, sin embargo, no ha hecho nada por ganarse esta popularidad. Es más, cuando su marido estaba en plena campaña electoral, algunos de sus copartidarios se quejaron de la indiferencia de ellos. Los mismos familiares de él llegaron a molestarse. Jackie prefería estar a su sombra dedicada a la pintura, su hobbie , o a sus libros. También es cierto que entonces esperaba a John, su segundo hijo. Pero quienes conocía bien a Jackie, sabían que era ese el motivo para ocultarse. Ella es una mujer discreta, de gran gusto, que sabe muy bien los inconvenientes de la popularidad. Por eso fue en un tiempo periodista. Entonces supo de la incomodidad en que viven las gentes famosas. Entre otras cosas, hay que renunciar a la vida privada. Y eso es lo que le ha sucedido a la primera dama de los Estados Unidos. El más insignificante movimiento de ella es objeto de una crónica. Hace algunos días, por ejemplo, bailaba twist en un night club. Al otro día los periódicos del mundo daban la noticia en primera página: “Jackeline bailó twist”. La Casa Blanca tuvo que enviar un desmentido, y el error fue aclarado. Pero los fotógrafos y periodistas continuaron a la casa de Jackie.

Después de haber viajado con su marido a distintos países (inclusive los bogotanos tuvimos la suerte de conocerla), Jackie quiso descansar. En Washington le fue imposible. Al llegar de América, el padre del presidente se enfermó. Alcanzó a temer por su vida. El mes pasado, resolvió visitar India y Pakistán. Pero que allá pasaría ignorada. No obstante, su viaje de descanso se convirtió en un viaje oficial, tuvo que comportarse como un jefe de Estado y visitar hospitales, escuelas, pronunciar discursos y asistir a banquetes y recepciones en su honor. Todos los días se cambió seis y siete veces de vestido. El ángel guardián de su elegancia fue Providencia. Ella es su ayuda de cámara permanente, y su mejor consejera. En las dos semana que duró su viaje (en el cual recorrió diez mil kilómetros) usó todos los medios de locomoción: tren, barco, automóvil, jet y elefante. Además practicó su deporte preferido: la equitación. En Nueva Delhi, los lanceros de la guardia luego de verla saltar admirablemente los obstáculos, le dijeron: “Usted debería formar parte de nuestro equipo”.

Fue huésped de dos jefes de Estado: Nehrú y Ayub Khan y de varios marajahs. Siempre, no obstante la fatiga, el calor asfixiante, las recepciones oficiales y las manifestaciones, estuvo sonriente. Nehrú dijo: “ Es la mejor embajadora americana que hemos recibido”. Eisenhower, quien hizo el mismo viaje hace tres años, había batido el récord de la popularidad. El día de su llegada a Nueva Delhi la prensa india expidió 41 expresos cablegráficos. Para Jackie se enviaron 52. Un chofer de taxi ignorante de la nueva elección norteamericana, le comentó a un grupo de periodistas: “No me explico por qué una mujer tan bonita y tan joven se fue a casar con semejante viejo”.

Jackie: mamá ejemplar y primera dama excepcional

De su viaje trajo para mostrarle a Carolina, su hija (la niña más popular y simpática de los Estados Unidos) dos fotografías divertidas. Una en la fiesta de “Holí”, donde la tradición exige que los presentes se embadurnen con cremas multicolores. Nehrú fue quien simbólicamente, realizó “la untada” a la presidenta. Con la punta de los dedos llenos de cremas de colores, barnizó el cuello de Jackie. En ese instante Jackie perdió su sonrisa como puede verse en la foto que publicamos. La otro foto que llamó la atención de Carolina, fue la del paseo en elefante. Jackie y su hermana la Princesa Radziwill recorrieron la ciudad sobre Bibia (una elefanta de 35 años). Pero estas dos fotos no fueron el único regalo que recibió Carolina. Pensando en ella, la primera dama se puso en cuatro patas en el Palacio del Marajah de Jaipur, y escogió tres grabados indios del siglo XVIII. A su marido le compró unas mancuernas. “ Hubiera querido –dijo Jackie después- llevar en otro avión, un caballo, dos tigres y un elefantito”.

Aún no había acabado de desembalar sus maletas, cuando llegaron a Washington Farah Diba y el Sha de Persia. Nuevas comidas, recepciones, paseos. Los monarcas recorrieron la mansión actual de los Kennedy y pudieron apreciar los cambios de la Casa Blanca. Hoy, es un sitio tan interesante o más que cualquier museo, y además acogedor. Se debe al interés de Jackie. Ella, viendo un día el grupo de turistas que llegaban a recorrer la mansión de los presidentes norteamericanos desde 1800, comentó: “ Toda esa gente viene a ver la Casa Blanca y una vez que entra aquí no encuentra casi nada que date más allá de 1948. Lo lógico es que quien entra aquí se lleve una perspectiva histórica y una sensación de hogar. Mi labor, pues, va a ser restaurarla”. Y así fue. Poco después del nacimiento de John, el último hijo, en noviembre del 60, empezó su trabajo. Primero nombró como un asesor para que la ayudara en la búsqueda de piezas auténticas que hubieran pertenecido a la Casa Blanca. Eligió como presidente de ese comité a una de las autoridades más respetadas en materia de antigüedades: Francis Henry du Pont. Y como restauradora a la señora Lorraine Pearce. Con ella, recorrió una a una las 54 habitaciones y los 16 baños de la mansión, buscando e investigando. Su primer hallazgo hizo feliz a su marido: fue un estropeado escritorio de roble que durante ocho años estuvo en el estudio de radio, sosteniendo un equipo electrónico. Al limpiarlo, hallaron una inscripción tallada por la cual se descubría que había sido un regalo de la reina Victoria de Inglaterra, al presidente Hayes, en 1878.

En uno de los baños para hombres del piso de abajo, Jackie y la señora Pearce encontraron varios tesoros: bustos de George Washington, Cristóbal Colón, Américo Vespucio, Martin Van Buren (expresidente), John Bright (estadista británico). Todos de más de un siglo de antigüedad y todos valiosos. En el sótano y casi cubiertos por tierra rescataron fuentes y bandejas de plata y oro importadas de Francia por el presidente Monroe en 1817. También en el sótano descubrieron una vajilla, para nueve personas, que había pertenecido a Lincoln. En ella comieron hace unos días Farah y el Sha. La historia de cómo había ido apareciendo plato por plato entre un estante viejo, fue relatada por el mismo presidente.

Cuando Farah y el Sha pasaron a tomar café a uno de los salones, hizo su aparición Carolina. Para ella, el protocolo no cuenta. Sabe que si su mamá no ha subido a darle la bendición es porque está ocupada abajo y que lo mejor es buscarla. Claro que antes le huye a la nurse y se hace la dormida para que no la moleste. Así ha logrado que le tomen las fotografías más divertidas. La primera aparición de Carolina en forma antiprotocolaria, fue a los pocos días de haberse posesionado el presidente Kennedy. Rodeado de cámaras y periodistas, el primer mandatario se reunía por primera vez con su gabinete. Cuando las conversaciones eran más serias, llegó Carolina disfrazada con un vestido y unos zapatos de su mamá. Aún los estadistas más serios soltaron la risa. Carolina saludó y explicó que buscaba a su mamá. Nadie la regañó.

Una vez más, pues, Jackie pidió perdón por la intromisión de su hija, y subió con ella de la mano para acostarla y contarle un cuento luego de haber rezado las oraciones. El ser presidenta no puede interrumpir su misión más importante: ser mamá. Y eso lo saben muy bien John y Carolina. Solo se resignan a no estar con ella en el momento de acostarse, cuando se ha ido de viaje. Entonces rezan por que vuelva pronto.

Jackie es pues una madre excelente, una elegantísima dama, y una mujer muy culta. Gracias a sus estudios hoy la Casa Blanca no es solo uno de los sitios más acogedores, sino también uno de los más interesante. Se justifica plenamente que Jackie sea la mujer más popular del mundo.