Paola Dominguín: "La sonrisa esconde muchas cosas"

¿Qué se esconde detrás de una modelo y diseñadora, hija de un torero y hermana de Miguél Bosé? Secretos a la madrileña.
Paola Dominguín: "La sonrisa esconde muchas cosas"

Tiene el aire de una mujer de una ilustración antigua, la dulzura de una escritora de cuentos infantiles y el garbo de una modelo retirada. Por donde pasa llama la atención pero no por su apariencia sino por razones distintas. Algunos la reconocen como la hermana de Miguel Bosé. El que sabe de toros, automáticamente, la identifica con su padre, el matador Luis Miguel Dominguín. Para los amantes del cotilleo español ella es, simplemente, la hija de la actriz Lucía Bosé. Algún despistado podría confundirla con Lola Flores. Y, como si fuera poco, ella vaticina que, dentro de poco tiempo, se le conocerá como la mamá de una nueva estrella del cine, su hijo Nicolás Coronado, de 23 años, ojos azules, piel blanca y un metro con 90 centímetros de estampa. Para todos esta mujer es millonaria, menos para ella, que sabe que toda su herencia cabe en una casa en Madrid en la que ya ni siquiera vive. Prefirió el aire de fiesta de Valencia. Su mayor fortuna fue tomar el apodo de su diminuto abuelo, Dominguín, como apellido y acompañar a una novia de su hermano a una sesión de modelaje a los 16 años para descubrir su vocación frente a las cámaras de los fotógrafos en las pasarelas de moda. Ahora tiene toda su atención puesta en el diseño, y es con este nuevo oficio que trabaja con el Éxito en Colombia para lanzar este mes una línea de objetos para el hogar. Independientemente de quién sea, su pelo bien negro, su sonrisa muy alba, sus ojos profundos –que a ella no le gustan–, y su manera de sentarse como levitando con sus largas piernas ingrávidas, la hacen una mujer con la que dan ganas de quemar unas horas mientras la vida pasa.

¿El color de sus ojos?

Son como marrones oscuros. Si me da una buena luz me sale un verde, pero la verdad es que los dominguines no tenemos ojos bonitos. Son chiquitos y un poco juntos.

¿Y ese vestido de quién es?

De Francis Montesinos. Es que me lo puse para hablar contigo. ¿Está arrugado?

No, le queda muy bien. ¿Por qué Paola?

Porque mi padrino era Pablo Picasso y Paola es el femenino de Pablo.

¡Su padrino era Pablo Picasso!

Sí.

¿Tener un padrino así qué ventajas tiene?

Yo solo creo que lo puedes escribir en tu currículo. Yo era muy pequeña y no tuve relación con él, mis padres sí. Creo que es la suerte de moverse en los espacios que se ha movido él.

¿Cuántas veces lo vio?

Cuando éramos pequeños todos los veranos íbamos a Cannes, estábamos en Mougins con él en el castillo.

¿Era la casa de él?

Él vivía así, le encantaba tener gente española porque él no podía entrar a España. Entonces la “tata” que siempre estaba con nosotros le cocinaba comida española, le hacía churros, moría por ellos.

¿Le regaló algo?

Una colección de dibujos de él muy bonita.

¿Algún recuerdo?

Siempre andaba en casa con los calzoncillos como un bailador pero muy español. Tenía mucha fuerza. Tenía un estanque de peces rojos y nos dejaba entrar y nos decía: “A ver si coges algo”.

Bueno, ahora hablemos de usted. Un color.

¿Un color? Es que los colores van ligados al estado de ánimo.

Pero uno que la condene.

Naranja, naranja como el calor del sol.

Un escritor.

Me gusta mucho Pérez-Reverte...

Un perfume.

Si no es el sándalo, podría ser la mimosa.

¿La mimosa?

Es una flor amarilla, muy pequeñita, es muy etérea la flor pero tiene un olor muy suave, no me gustan los olores fuertes y dulces. Me gustan los olores más masculinos, más amargos.

¿Un olor que no resista?

Es un poco ordinario: no resisto el rancio, sabes, esas cosas que se han pasado de viejas.

¿Cuáles eran sus medidas como modelo?

Pues tenía 90-60-90, midiendo 1.80. Ahora he engordado un poco pero a mí me gusta la mujer con carnes, me gusta la mujer sensual.

¿Se operó algo para trabajar de modelo?

No, nunca me he operado nada.

¿Le gusta mirarse al espejo?

No, no me gusta. Es importante sentirse bien por dentro y cuando te miras al espejo te engañas y te encuentras los mil defectos.

¿Qué complejos puede tener una modelo?

Pasa una cosa muy curiosa y es que en el mundo de las modelos yo creo que somos las mujeres más acomplejadas porque vivimos rodeadas de mujeres mucho más bellas que nosotras.

¿Qué modelo la acomplejaba?

¡Katoucha!

¿Katoucha?

¿Tú no te acuerdas de Katoucha Niane?, una que se murió. Se cayó en el Sena y se ahogó. Katoucha era negra, era de París. Era una modelo de Ives Saint Laurent. Una cara así que parecía un tigre, a mí me dio unas clases de pasarela y daba miedo. Era de esas negras imponentes.

¿Y frente a ella usted se sentía fea?

No, fea no, inferior. Muy inferior... ¡a kilómetros!

¿Sufrió con el tallaje de la moda?

No, yo creo que habría sufrido muchísimo más ahora porque hoy en España pesan a las modelos. Con mi peso no habría podido ser modelo. Me faltan como 15 kilos y yo lo entiendo porque hubo muchos problemas de anorexia.

Así como los toreros terminan con cornadas en el cuerpo, ¿qué heridas le quedan a una modelo?

Taconazos y pisotones de una compañera, queriendo o sin querer da igual.

¿No más?

Y el dolor de esa portada que uno jamás consiguió. Las cornadas son mentales.

¿Cuál fue esa portada que nunca hizo y todavía añora?

Vogue italiano y Harper’s Bazaar.

¿Alguna vez la reconocieron por su nombre o siempre la relacionaban con su hermano Miguel Bosé?

Bueno, he sido hija de, hermana de, y ahora mamá de, porque mi hijo, Nicolás Coronado, también va tomando el mismo camino y va pisando fuerte, con el tiempo será un personaje en el cine.

¿Cuántos años tiene?

Tiene 23 años y es guapo. Ha hecho una serie de televisión de vampiros que están muy de moda. Mide 1.90, es de piel muy blanca con ojos azules. Tiene muy buen porte y mucho carisma.

¿Usted cómo llegó al modelaje?

Por una novia que Miguel llevó a casa. Me dijo “acompáñame a hacer un trabajo de modelaje”, yo no sabía que existían las modelos cuando me lo dijo. 

¿Estaba en el colegio?

Claro, tenía 16 años. En seguida empecé a modelar. Mi primer trabajo fue una portada de Telva y, a partir de ahí, ya no me reconocía. Yo me decía: “¿Dónde estoy?”. ¡Yo jamás me había maquillado en la vida!

Si no le hubiera hecho caso a la novia de su hermano ¿en qué estaría? ¿Qué quería ser?

Yo quería ser bailarina y eso es lo primero que habría querido ser.

¿Paralelo al modelaje o antes?

Antes del modelaje. Lo que pasa es que me di cuenta de que era muy sacrificado al lado del modelaje. Yo en esa época era muy alta para el baile y como solista tampoco me veía en ese nivel. Entonces lo dejé e hice cine, hice teatro y luego quise montar una carpa de circo para hacer teatro ambulante, creo que sueños he tenido muchos. Soy muy soñadora.

¿Pero la constante es el modelaje?

Sí, el modelaje. El modelaje ha sido un trabajo para viajar. Yo utilicé la moda. Fue lo que me permitió a los 18 años independizarme para salir por el mundo.

¿Alguna vez tuvo el apellido real de su papá, Luis Miguel González?

Bueno, González siempre. En el colegio todos fuimos González. En el pasaporte era González Bosé. Porque en España se usan los dos apellidos. Entonces, cuando llego a mi vida artística, sí tomo el Dominguín porque es un apellido artístico.

¿De dónde viene el Dominguín?

Era un apodo. Mi papá se llamaba González Lucas y el Dominguín viene de su padre que se llamaba Domingo y era pequeñito, ya sabes que en España le ponen motes a todo el mundo. Domingo era “dominguín” y los hijos eran “dominguines”.

¿Y el apellido cuándo lo cambia ante notario?

Cuando nació mi hijo, hace 23 años, le pedí a mi padre que lo hiciera legal. Que hiciera un cambio en el registro, para que ya empezara una generación nueva con el Dominguín de verdad.

¿Nunca quiso torear, como su papá?

Sí, me fascinaba. Yo quería ser un chico. Era la menor, Miguel era el mayor y luego estaba Lucía.

¿Por qué quería ser un chico?

Porque para mi papá las mujeres son para seducirlas y después de tener hijas vio el problema. Mi papá era muy posesivo. Y yo quería fascinar a mi papá.

¿Cómo era eso de ser un chico?

Como decía mi madre: “Haces ballet pero quieres hacer karate, te confundes con todo”. Montaba a caballo y no le tenía miedo a nada, porque lo que quería era que él se fijara en mí.

¿Intentó torear como su papá?

Pero claro. Estaba con mi padre y me miró y me dijo: “¿Quieres?”. Y yo le dije que sí. Me acuerdo que ordenó que me dejaran sola. Cogí un capote y cuando me acercaba al becerro yo lo veía cada vez más y más grande. Le iba a decir: “¡Ehhh!”, pero no me salía ni la voz. Me quedé muerta y nunca pasó.

Ser hija de un matador, ¿eso es fuerte?

Es como ser hija de un gladiador en la Roma antigua. No es una profesión normal. 

El año pasado la vi como jurado del Concurso Nacional de Belleza. ¿Cómo le fue escogiendo el prototipo de la belleza de la mujer colombiana?

Necesité unos días para hacerme a la vista, es decir, para que estas chicas lograran impactarme. Al principio, en el primer corte, ninguna era. Luego las vas conociendo y, claro, te van seduciendo y vas viendo sus cosas.

 ¿Cuál fue la gran enseñanza de esa experiencia como jurado?

La gran enseñanza, mira, es que las mujeres son cada vez más fuertes. Yo creo que es muy duro meterse en un concurso de belleza. Algunas me sorprendieron que estuvieran ahí adentro porque realmente no las veía. Era un par. A lo mejor en su región no había alguien mejor que ellas, pero no es fácil.

¿Más difícil ser modelo o reina?

Es mucho más difícil ser reina, mucho más difícil. Hacen un gran trabajo social. Claro que hay más variantes de personalidad en las modelos que en las “misses”, que tienen un canon.

Las modelos no sonríen todo el tiempo, en cambio las reinas sí.

Fíjate, nosotros como jurado, en unas de las pruebas, les pedimos a las reinas que dejaran de sonreír y se cortaban, no eran capaces. Y eso no es natural, uno no está así todo el rato y cuando se relajan es cuando sale la verdadera cara, son mucho más interesantes. La sonrisa esconde muchas cosas.

Como modelo, usted salió en muchos desfiles. ¿Cuál era su meta en la pasarela?

Yo salgo de España, me voy a Italia y empiezo en Roma con alta costura. Fui modelo personal de Valentino y musa de Montesinos. Luego ya me fui a Milán. Yo creo que mi meta fue estar en las pasarelas de Milán, París, Nueva York y Japón. Y esas son las cuatro que he hecho.

¿Qué aprendió de Valentino?

Yo aprendí de Valentino que con un traje una mujer se puede sentir una princesa.

¿Qué le faltó hacer en pasarela?

Siempre hay algo. Armani, que además es muy amigo de la familia, nunca me escogió. Creo que nunca le gusté, hice todos los castings y nunca me escogió.  

¿Y por qué?

A lo mejor yo tenía mucho pecho y las mujeres de Armani son más planas.

En esa viajadera como modelo, ¿sus lugares favoritos?

Japón y Nueva York.

¿Y un tercer lugar?

Gracias al modelaje descubrí a Colombia en 1983. Vine con Fabrizio y durante 15 días recorrimos gran parte de este país. Teníamos como guía a Juan Mayr.

¿Qué vinieron a hacer?

Se trataba de un editorial de moda para La Ronda Italiana. Y la manera de hacerlo era fantástica, nos dijeron: “No traigan maleta, sólo ropa interior, porque vamos a vestirlos todo el tiempo”. Nos cambiábamos 3 o 4 veces en el día y las fotos eran sobre la marcha. Era un tipo de blog de ahora, que en esa época no existía. Estábamos comiendo en Villa de Leyva, o caminando por Leticia, o en el Orinoco en un barquito, en Cartagena, en Mompox y un montón de sitios fantásticos.

¿Qué lugar la seduce de Colombia?

La selva, a mí me encanta la selva. No me gustan las ciudades. A mí me gusta la naturaleza porque ahí encuentro la verdad, en la fuerza y la dignidad de los nativos. Ahí hay una gran lección porque nosotros que tenemos “todo” nos quejamos de todo, eso me confunde, nos equivocamos en algo. No sabemos ser felices.

¿Cuál fue su último trabajo como modelo?

Fue en el año 2000, a los 40 años, cuando dije: “¡Hasta aquí!”. Tenía puesto un vestido de novia al final de la pasarela. Era un traje enorme con una cola de dos metros, no sabes lo que pesaba. Era un homenaje al Lago de los cisnes, me emocioné y empecé a dar vueltas y vueltas. Un cierre divino.

¿Cómo se sobrevive al modelaje?

Modelar no es un infierno. El infierno es la vanidad de cada una de las modelos. Una mujer guapa puede ser guapa toda la vida, mi madre ahora tiene 80 años y sigue siendo una mujer guapa pero aceptando sus 80 años. Creo que lo que más daño le ha hecho a la belleza son las operaciones. De hecho yo he visto muchas chicas a las que se les ha ido la cabeza porque se han creído lo que les dicen o porque no han sabido envejecer.

¿Cuándo aceptó envejecer?

Siempre he querido ser mayor, porque cuando era pequeña nadie me hacía caso. Ahora hay que ser grande para hacer lo que se te dé la gana. Yo cumplo años y siempre he dicho mi edad. Tengo 50 años.

Entonces, ¿las arrugas nunca le han dado duro?

Bueno, ahora me miro y me da algo pero tengo que aguantármelo. Ya me maquillo con lentes de aumento porque no veo nada. Soy generosísima conmigo misma sin gafas.

¿Hay un momento en su vida que no fue tan color rosa?

Mi primera separación porque yo luchaba por crear una familia.

¿Con quién estaba casada?

Con José Coronado, un actor español.

¿Cuánto duró?

Cuatro años. Esa es como la primera gran decepción de la vida. Y luego vas aprendiendo que el amor no tiene que ir ligado al sufrimiento.

¿Ha tenido quiebras económicas?

Nunca he tenido mucho pero siempre me he mantenido. La gente piensa que porque tenemos nombre tenemos mucho dinero. Mis papás me enseñaron que lo tuyo es lo que tú te has ganado, no lo que te llega de nadie.

¿Qué heredó?

Lo más importante para mí es la sangre. Luego, mi herencia material la invertí en una casa en Madrid y ya está. Claro que la cerré y ahora la alquilo. Está en Ciudad Campo, en la carretera de Burgos al lado de Rafael, con toda la vista de la sierra. ¡Es espectacular!

¿Y usted dónde vive?

Llevo un año viviendo en Valencia. Me fui a la costa. Estoy encantada. El pueblo valenciano es muy festivo, todo son fiestas. Y yo para esta época de mi vida ya me puedo relajar.

¿Por qué será que muchas modelos terminan muy relajadas con su onda espiritual?

La espiritualidad te ayuda. Es lo que te salva de esa vanidad, de esa frivolidad que puede ser la moda. Son más guapas esas modelos que tienen ese peso interior, que las hace más mujeres.

A los 16 años, antes del modelaje, ¿a quién admiraba?

Nunca he tenido ídolos. No he fantaseado con nadie. 

De joven nada de ídolos, ni nada de nada. ¿Hoy en qué cree?

Hoy creo en mí, ahora me tengo que dar terapia a mí misma. En esta última etapa de la vida sí que estoy practicando el egoísmo y les digo a mis amigas, cuando las veo, que sufren o que se encuentran mal: “¡Sean egoístas!”, es el antídoto perfecto contra el defecto de la mujer madre.

¿Cómo ve el mundo?

El mundo está revuelto y es bueno porque yo creo que es el momento en el que todos esperamos un cambio. En la crisis uno encuentra sus raíces, sus partes más auténticas.

¿Usted hace algo por ayudar al mundo?

Desde hace 23 años trabajo con la Fundación Ánade, que trabaja con personas discapacitadas, y con ellas hacemos teatro.

¿Y su proyecto de diseño de hogar para el Éxito?

Sí, aquí lo hemos enfocado como hogar porque pensamos que era una plataforma importante y, además, buena para llegarle al gran público. Hemos hecho elementos para la cocina, una pequeña vajilla, bandejitas y platos, también hay unos cojines, toallas de playa, cestas de picnic... Me gustaría vivir seis meses acá y seis meses en España, mitad y mitad.

Eso de que su hermano, Miguel Bosé, tiene nacionalidad colombiana, ¿eso cuenta?

No, para nada, ya estaba seducida mucho antes por este país. Lo único que me da es envidia insana. ¡A ver si me la gano!Algo colombiano que la cautive.

Me encanta la fiesta y la comida colombianas.

Y algo en Colombia que la desconcierte.

Pues, creo que con el problema que ha tenido siempre Colombia, yo aquí legalizaría la droga. La droga es un suicidio pero quitaría mucha falsedad, mucha corrupción. Todo eso que ha complicado tanto la vida de este país se borraría, y encima le aportaría económicamente. Holanda tiene legalizada la droga y tú no ves que todo el mundo ande drogado por la calle. Es más, cuando las cosas son legales pierden su interés.

¿Un final para su vida?

Morir sin dolor. Un final de golpe, que caiga como una bomba y que sea atómica y me caiga en la cama.

¿En dónde le gustaría pasar los últimos años de su vida?

Si fuera dentro de los próximos años, pues aquí en Colombia y rumbeando. Si es con noventa años, en el campo o en la playa.

¿La eterna pelea con Miguel?

¿Con mi hermano?

Sí.

¿La eterna pelea? No más que una, algo que él me decía siempre con nostalgia: “¡Si yo tuviera tu inocencia!”, y yo le respondía: “¡Para qué quemaste la tuya!”.