Laura Ligarreto “Me gusta el estrés y el corre corre...”

Entre las distintas voces de los estudiantes que tumbaron la reforma universitaria, sobresale una y no propiamente por su reciedumbre ni por su letanía marxista sino por todo lo contrario.
Laura Ligarreto “Me gusta el estrés y el corre corre...”

Si fuera sólo cuestión de mirarla, seguramente no habría mucho que nos detuviera en forma rotunda, pero basta oírla hablar para que paulatinamente comience a gustarnos todo de ella.

Con sus 21 años va modulando su discurso y pieza por pieza todo parece cargarse de cierto magnetismo. Entonces empieza a robarse nuestra atención su frente demasiado amplia, su pelo rizado ingobernable, sus insípidos ojos cafés detrás de unos lentes gruesos, su cuerpo esquivo que se escabulle dentro de una chaqueta azul, sus piernas flacas en unos bluyines azules sembrados en unos tenis rosados y su boca, su boca que no deja de moverse, su boca sin colorete encima de un gran lunar sobre una quijada demasiado pronunciada.

Después de unos minutos, esta bogotana recién graduada en Ciencia Política de la Universidad Nacional, que nunca usa perfume y una de las voceras de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE), atrae, encanta y hasta seduce como una cajita de música. Protesta es su mantra.

¿Hace ejercicio?No, pero las marchas y los paros son un gran trote.

¿Le han dado bolillo en alguna de las manifestaciones?No, yo soy una gallina, me da mucho miedo el simple hecho de sentir la posibilidad de dolor físico. Tan pronto veo eso me voy de la marcha.

Laura Ligarreto. ¿Ese apellido de dónde es?De Italia. Según entiendo, de Venecia.

Y, ¿cómo es la vuelta? La vuelta es que mi tatarabuelo sale de Italia, creo que en la Primera Guerra Mundial, y por alguna extraña razón –no me pregunte cuál– termina en Sesquilé y ahí nace mi bisabuela. La información que tenemos de ella es muy poca porque era sordomuda. Luego aparece mi abuelo, que se viene para Bogotá y se casa con mi abuelita.

Un sueño insistente.Poder celebrar este triunfo. Los estudiantes somos la locura;  cuando ganamos peleas, nos inventamos otras, nos fascina pelear, discutir. En estos días lo único que he querido y no he podido es tomarme una cerveza y decir: “¡Lo logramos!”.

¿Realmente creían que podían tumbar la reforma universitaria?Yo creo que todo el mundo estaba pensando cosas diferentes. Hay gente que decía: “¡Sí, la podemos tumbar!”; otros: “Podemos pero si nos ganamos a la opinión pública”; y otras personas que pensaban que, más que tumbarla, era dejar constancia histórica de que estábamos en contra.

Y usted ¿qué pensaba?Yo pensé en muchos momentos que iba a ser imposible, o sea, yo iba como cambiando, había cosas que a uno lo marcaban mucho, como que un presidente con la popularidad que tiene Santos, diga: “¡Esta ley va porque va!”. Eso desmoraliza mucho.

Y entonces ¿cuándo cambió todo?Todo fue mejorando cuando empezamos a hacer cosas que acercaban a la gente. Por ejemplo, unos compañeros se fueron a hacer una especie de introducción de la protesta en el centro comercial Salitre Plaza, y la gente en los locales los apoyó, y Salitre Plaza puede ser un escenario complicado para una protesta...... y sin destrucción del establecimiento.Ahí sí creo que es importante decir que nosotros llevábamos ocho años durante los cuales no podíamos levantar un paro y salir ganando, porque todo terminaba en desalojos, policías y confrontación. Así era muy difícil capitalizarlos.

¿Cuál fue la estrategia ganadora?Bueno, no es que hayamos tenido un plan fortísimo, pero tuvimos una posibilidad que fue sacar los voceros. Eso nos ayudó a ganar opinión pública, porque los medios sabían con quién hablar. Yo no creo que los medios sean el gran enemigo de los movimientos sociales, creo que, simplemente, a veces no tienen con quién hablar, y cuando tú les dices: “Hay 11 personas con las que puedes hablar”... y no 550.000, pues es mucho más fácil.

Al principio ¿cuántos eran?Yo creo que nosotros siempre hemos estado muy cerca de los 200.000, porque siempre en nuestras reuniones han llegado 2.000 personas como multiplicadores en muchas universidades.

¿Cómo se llega a ser vocera dentro de esa mesa amplia?Se hizo por regiones, porque era muy difícil que muchas personas tuviésemos un reconocimiento nacional.

¿Y lo dividieron en cuántas regiones?Ese fue el primer problema, nunca pudimos hacer la división por regiones. Entonces propusimos que fuera por departamentos y lo que sucedió fue que a mucha gente, pienso, realmente no le interesaba, entonces, finalmente no los escogieron. Los que sí hicimos la tarea fuimos los de Bogotá y asumimos a nivel nacional.Los voceros son de Bogotá.Sí.

¿Y representan a todos?Sí, intentamos representarlos a todos, somos voceros de Bogotá que hablamos con medios nacionales.

¿Con quién vive?Vivo con mi papá, Juan Carlos Ligarreto; mi mamá, María Luisa Barrientos; y mi hermano, Juan Alejandro Ligarreto.

¿Qué hacen sus papás? Mi papá ahora está trabajando , es jefe de logística en Kimberly.

¿Y su mamá?Mi mamá es psicóloga, siempre se ha dedicado a los recursos humanos. Y mi hermano estudia en un colegio muy pequeñito por la vía a Cota.

¿Usted qué estudió?Yo estudié Ciencia Política en la Nacional. Este semestre recibí el cartón y ya hice el proceso de admisión para el posgrado.

¿Qué sentimiento la invade por estos días? ¿Se siente vigilada?Muchísimo, porque tenemos mucho tiempo sin levantar un paro ganando, entonces haberlo hecho nos ha costado muchos debates y eso también hace que la gente, en Bogotá, te vigile y te diga: “¿Usted qué está diciendo?”, “¿usted qué está haciendo?” Y no solamente ellos, sino también los medios nos han buscado y estamos intentando responder de la mejor forma.

¿Qué significa para usted formar parte de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE)?Un orgullo muy grande porque tuve la oportunidad de verla nacer. Yo fui de las primeras personas que discutieron sobre una mesa así. Me acuerdo –y ayer precisamente estaba revisando esos documentos– que teníamos una idea muy diferente de lo que es la MANE.

¿Cuál era esa idea que tenían?Nosotros hacemos parte de diferentes organizaciones estudiantiles, somos más o menos veinte, y era más como una coordinación entre esas organizaciones, pero definitivamente la mesa nos rebasó a todos.

¿Cómo se multiplicó entonces?Lo que fue sucediendo es que a medida que el proceso de movilización avanzaba, se fueron vinculando más personas y, por definición, en la mesa cabe cualquier forma de organización del estudiantado colombiano, cabe desde la gente del cineclub, pasando por los de la asamblea, el de la organización, hasta el que sale a hacer murales. ¡Caben todos!

¿Y cómo controlaban el ingreso?Nosotros no tenemos compañeros revisando carnés en las entradas, lo que se hace es que, como vienen por delegaciones, uno sabe más o menos y hay quien le dice a uno: “Oye, esa persona no es de mucha confianza” o “No sabemos con quién viene”, y entonces averiguamos, pero no tenemos más mecanismos.

Lo bueno es que caben todos.  ¿Y lo malo de que quepan todos?Lo que pasó en la última reunión: terminó llegando gente que nunca había estado en una mesa porque sabían que se iban a tomar decisiones. Y, bueno, eso ha sido chévere y bonito, pero también ha sido superdifícil, pues tenemos reglas que al mundo le parecen estúpidas, pero para nosotros son importantes, como por ejemplo: las decisiones son por consenso no por mayoría. Y mucha gente salía molesta porque no entendían por qué teníamos que buscar consenso.

¿Y se logró el consenso?Más o menos, sólo hubo un punto o dos sobre los que no hubo consenso.

¿Cuáles?Había personas que decían que también había que meterle el tema del presupuesto y que no había que volver a clase sino cuando nos dieran partidas adicionales para las universidades, porque igual la Ley 30 no nos sirve. Ese fue, digamos, el único punto de tensión. Ese y el tema de las desmilitarización de las universidades. Por desgracia no somos tan solidarios como quisiéramos, uno sabe que si hay cuatro universidades militarizadas, el resto de universidades públicas no va a seguir en paro por ellas.

Hemos sido testigos de tantas protestas que no llevaban sino a desórdenes callejeros. ¿Por qué la de ustedes sí fue tenida en cuenta? Yo creo que por varias cosas: la primera, porque la ministra nos dio mucha papaya, o sea, yo confío y yo creo en las capacidades mentales, políticas, de casi todo el gabinete de Santos, pero no en el de la ministra, y mucha gente así lo percibía.

¿En qué, específicamente, les dio papaya la ministra? Primero, porque creyó que no nos habíamos leído la reforma; y lo segundo, porque esta mujer, en todas las audiencias públicas y debates, siempre daba el mismo discurso. Yo me puedo parar y decírtelo: “Que esto se requiere para el país, que esto es lo mejor, que bla, bla, bla”, entonces la gente al final vio que no estaba preparada.

Bueno, pero todo el éxito no es culpa de la ministra.Lo segundo fue un proceso de autorregulación y autocontrol de los mismos estudiantes. Eso nos permitió decir: “Hoy salimos todos, pero no vamos a salir a volver añicos la ciudad, vamos a salir a abrazar policías”. ¡Eso fue un hit! Ya no nos pueden señalar de vándalos, ya no nos pueden estigmatizar, no pudieron acabar una marcha y eso también motivó mucho a la  gente.  

Al final de todo, en un abrir y cerrar de ojos, ¿qué quiere que pase con el futuro de la educación superior del país? ¿Cuál es su sueño?Mi sueño es que el hijo de un campesino, si quiere ser astronauta, sea astronauta.

¿Su oportunidad de estudiar fue difícil?No, realmente no. Tuve la fortuna de entrar a una universidad pública a estudiar lo que a mí me gusta.

¿Buena estudiante? En la universidad digamos que no fui la mejor, pero sí buena. ¿Qué promedio?3.9.

Con la protesta a la reforma estudiantil, en el fondo ¿qué quieren hacernos ver? ¿Qué olvidamos los colombianos? Nosotros olvidamos que cambiar el mundo es posible. Creo que hoy muchas personas han perdido la creencia en la utopía, pensar en un mundo mejor, dejamos todo en manos de otros y nos olvidamos de que el mundo está en nuestras manos.

¿Usted es de izquierda, centro, liberal, social-demócrata, progresista?, ¿cómo se define políticamente?Es una mezcla rara. Soy una persona de izquierda pero, por suerte, no estoy casada con unas ideas supermamertas. Me gusta mucho el método de pensamiento dialéctico y soy de izquierda pero no matriculada o etiquetada.

Cuando me dice que es “de izquierda pero no etiquetada”, ¿qué le da sarpullido de la izquierda? Muchas veces todo se maneja con un aire de misterio, cuando son cosas supersencillas que todo el mundo debería poder saber. ¡Pero no! A la gente de izquierda le gusta meterle misterio a todo, enredarlo todo. Lo otro que no me gusta de la izquierda es que, muchas veces, no entienden que el mundo ha cambiado, que si uno quisiera mantener el discurso de Lenin de 1917 estaría jodido.

Una idea vieja que ya murió.Yo creo que está muy mandado a recoger en lo dogmático ese discurso del imperialismo. Si bien hay una dominación en diferentes esferas como la cultural, no va a llegar el tanque de Estados Unidos a matarnos a todos.

Un personaje que admire. Uno que me puede seducir mucho es Ricardo Darín, un actor argentino. Coincide con una buena actuación y una buena película que siempre te deja un mensaje.Recomiéndeme una. El baile de la victoria, dirigida por Fernando Trueba.

Una pesadilla insistente.Mi seguridad. Me da miedo y me da tristeza que tú estés llegando a tu casa y te observen. Sentir que alguien te está siguiendo, eso es una pesadilla.

¿Y quién la sigue?Yo tengo cinco amenazas de las Águilas Negras, paramilitares desmovilizados del Frente Capital. Da mucha tristeza pensar que haya alguien tan retrógrado en el mundo que por uno decir que quiere educación para todos, se siente amenazado en su statu quo.

¿Y no tiene seguridad?No. 

Eso debería ser otro punto de la mesa, la seguridad de los voceros.Pues esperemos si todavía me quieren como vocera.

¿Por qué cree que no la querrían?Por lo que yo te decía. Levantar un paro es muy difícil y hay mucha gente que todavía cree en el cuento “rousseauniano” de: “Mientras no nos consulten a todos, no se puede hacer nada” y, obviamente, nosotros no se lo íbamos a consultar a todo el mundo. ¡Es imposible!

Por aquello de que la mesa resultó demasiado amplia.La última duró 14 horas sesionando, salimos a la una de la mañana. Más de 4.000 personas, era una cosa terrible, estábamos medio apretados en la concha acústica de la universidad.

Algo que no soporte en su vida diaria, como estudiante, como mujer.Que a estas alturas de la vida haya gente machista o racista, no lo soporto.

¿Votó por la Alcaldía de Bogotá?Sí.

¿Ganó?No. Y sabía que no iba a ganar.

¿Por quién votó?Por Aurelio, eso es lo que hace uno por tener muchos compañeros del MOIR y del Polo en la universidad.

¿Cómo terminó metida en todo este rollo estudiantil?Casi que tirándome al agua sola, así se aprende a nadar. Empecé como a meterme, hasta que en cuarto semestre pasé de ser una de las niñas chiquitas del activismo a ser una niña grande, porque muchas personas se fueron por amenazas.

Es un hecho que la guerrilla filtra a las universidades, ¿ustedes han puesto algo de teflón frente a este tema?Si la guerrilla hace presencia en las universidades, en últimas, no es un problemas de los universitarios, no nos pueden echar la culpa de que hayan algunos que simpatizan con la guerrilla. De lo que sí somos responsables es de que su presencia y participación no sea armada ni clandestina sino en el marco de la lucha de ideas. No aceptamos que lleguen encapuchados a hablar en una asamblea.

En un país plagado de oportunistas de toda índole, ¿cómo hacer para que no se filtren?Nos cuesta un poco porque en ese con quién hablas y con quién no hablas puedes estar cerrando un poco la mesa y el movimiento estudiantil. Igual hay que cerrar un poquito la puerta, no puede ser tan amplia, finalmente hemos tenido poco oportunismo, las personas que están han estado con nosotros desde el principio.

El último regalo que le han hecho, el más reciente.El portátil y un esfero, por mi grado.

¿Reza?No, creo que lo más grande es lo que podamos hacer como comunidad.

¿En quién cree?Creo en la gente.

Un lujo en su vida.El cine y el tinto.

¿Cuál es su mayor sacrificio?Creo que el mayor sacrificio que he hecho es inhibir mi vida social. Eso puede que a los 50 años no sea importante pero para mí sí, imagínate la vida universitaria sin fiestas, no tiene sentido.

Ahora que los estudiantes están en su cuarto de hora, ¿no ha pensado que la MANE debería ampliar sus horizontes hacia otros temas?Para que la mesa pueda ampliarse, sin dejar de ser interesante para los estudiantes y para el país, debe estructurarse mucho más. Y lo segundo es que nos ampliamos para mirar otro tipo de tema, pero no para intentar meternos en otro tipo de movilizaciones. Creo que hay que ponernos en dialogo sobre diferentes temas y no creernos los iluminados en esos temas. Es lo mismo que nosotros rechazamos de mucha gente oportunista. Así como nosotros pedimos respeto para las comunidades universitarias, tenemos que respetar las otras comunidades y sus saberes.

¿En dónde se ve, dónde quisiera trabajar?Yo quisiera trabajar en dos cosas: la primera, organizando gente en protestas, me gusta mucho; y la segunda, me gustaría trabajar en el Congreso, sin ser congresista, en una unidad técnica legislativa con los que investigan cada proyecto. Ese trabajo me fascina, me gusta el estrés, el corre corre, y estar bien vestida.

La frase de levantarse todos los días.Una de Marx, cuando habla de la ilusión del mundo en su contexto del mundo burgués, y dice: “La burguesía ha logrado lo que el mundo nunca antes pensó y es hacernos creer que todo lo sólido se desvanece en el aire”. Me gusta mucho esa frase.

Un lugar de Bogotá que le encante.La biblioteca Julio Mario Santo Domingo, junto a mi casa, porque todo el mundo está leyendo, todo el mundo está en calma pero, de repente, llega un niño y le mete mucha alegría a ese espacio, me encanta. Además, me sale más barato ir allá a leer el periódico y las revistas, que salir a comprarlos.Un lugar para relajarse.

Curiosamente la Facultad de Derecho en la Nacional, no me pregunte qué tiene porque es horrible, yo lo sé, pero me relaja estar ahí, es algo divertido.

¿Y su cuarto?¿Mi cuarto? ¡No! A mí me enseñaron que los cuartos son solo para dormir, me lo enseñó una profesora de Biología que me traumatizó mucho en la vida. Así vaya a estar en pijama todo el día, me despierto y salgo disparada de mi cama.***Salta como un resorte la tentación de entrar en su cuarto para ver la cama de su tortura. La rodea una imagen del Che, una ventana borrosa, una mesa de noche y un armario demasiado grande para el poco espacio que hay, donde guarda su pasión más frívola: una tanda de chaquetas con las que se siente divina.

 

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