William Ospina: "Escribiendo se piensa, se siente, se cura, se goza y se descansa"

El autor de *Las auroras de sangre* y *El país de la canela* explora su nueva faceta como director de Número, la revista cultural que ayudó a fundar.
William Ospina: "Escribiendo se piensa, se siente, se cura, se goza y se descansa"
>  ¿Qué pueden esperar los lectores en la nueva etapa de la revista? Experiencia y audacia, curiosidad y compromiso. >  ¿Qué tiene Número que no tengan las demás revistas culturales?  Muchas ganas de andar por Colombia haciendo amigos y cómplices. >  ¿Para qué sirve escribir?  La escritura es el sismógrafo del alma, decía Kafka. Escribiendo se piensa, se siente, se cura, se goza y se descansa. Quiero decir que es faro y radar, bálsamo, alimento y reposo. >  ¿Y leer?  Los libros son objetos inmóviles en un estante. Leer es darles vida a los libros, poner a Shakespeare a caminar por las vegas del Zipa. >  ¿De qué personaje de la literatura se enamoraría?  Ya me he enamorado de muchos, y no creo haber estado mal correspondido. >  El escritor que le cambió la vida...  A veces creo que Whitman y a veces creo que Borges. >  ¿A qué escritor le gustaría estrecharle la mano?  A Pierre Michon. >  ¿Cuál es su idea de la felicidad?  Antes era complicada, pero se ha vuelto más sencilla: escribir, cantar, pasear, tratar de querer cada vez mejor a quienes quiero, frecuentar la naturaleza, cambiar el mundo en la vida cotidiana. >  ¿Qué es lo que más le cuesta trabajo?  Empezar el día. Casi nunca lo hago. Y terminar el día. No lo he hecho jamás. >  ¿Cuál es el mejor escritor de su generación?  Mi generación está escribiendo bien y todavía no se sabe cuál es el mejor. >  ¿Qué música lo describe?  Las buenas canciones, de cualquier época y en cualquier idioma. >  ¿Qué libros tiene en la mesa de noche?  Cerros de libros abiertos. >  La novela que no pudo terminar…  Si fuera sólo una... >  Y la que más veces ha leído.  Luz de agosto, de Faulkner. >  La mayor satisfacción que le ha dado la literatura.  Cada lector que encuentro y que se ha hecho mi amigo leyendo mis libros. >  Una historia memorable…  La de Abdullá, el mendigo ciego que sólo aceptaba una limosna si iba acompañada de una bofetada. >  ¿Qué significa Colombia para usted?  Como decía Estanislao Zuleta: el único lugar donde no soy extranjero. >  ¿Cuál es el mejor lugar del país?  Mompox en la mañana, Cartagena al medio día, Cali al atardecer, el Cabo de la Vela a medianoche. >  ¿Cómo ve el futuro?  Con inquietud y con esperanza. >  Una ciudad que no se cansa de visitar.  Londres, a veces la visito incluso en sueños. >  Si no fuera escritor, ¿qué?  Lo que no sé hacer es lo que más me gusta: dibujar y cantar. >  ¿A qué le teme?  A la codicia insensible. >  ¿Qué personaje de la literatura detesta?  No me gustan los manipuladores del poder como Octavio Paz. >  ¿Y con cuál le gustaría conversar?  Con Chesterton: nadie tenía más ideas brillantes por minuto, ideas que uno admira pero no siempre comparte; la discusión sería deliciosa. >  ¿Cuántos libros lee al mes?  Uno bien leído sería suficiente. No creo en los que leen demasiados libros y después no se acuerdan de nada. >  ¿Qué cosas detesta de los intelectuales?  Que parezcan intelectuales: enseguida se descubre que no lo son.  ¿Cuál ha sido su mejor “Número”?  El mejor siempre debe ser el próximo. Nuestra siguiente revista será sobre la Conspiración del Apocalipsis.  ¿Qué tanto de quijotesco tiene hacer una revista cultural en Colombia?  Don Quijote vacilaba entre las armas y las letras. Nosotros no: nuestras armas son las letras.  ¿Cómo está la salud de las revistas culturales en el país?  Como se dice: tenemos una mala salud de hierro.  El título que más le gusta.  A la sombra de las muchachas en flor, de Proust.  ¿Por qué cree que los colombianos no leen?  No leen tanto como debieran, pero leen, y a veces con pasión.  Después de Gabo, ¿quién?  Vallejo, Tomás González, Héctor, Juan Gabriel, Piedad, Laura, Santiago, Evelio, Julio César...  ¿Cuál es la historia que más trabajo le ha costado escribir?

 Las auroras de sangre. “Será por eso que la quiero tanto”. 

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