Lo mejor del cine para disfrutar esta semana

Lo hermoso, eso sí, es la dirección de arte. Todo lo que aparece en pantalla es esplendoroso, magnífico, lleno de glamur.
Lo mejor del cine para disfrutar esta semana

 

Cocó Chanel & Igor Stravinsky

 

El 29 de mayo de 1913, Igor Stravinsky estrenó en París La consagración de la primavera, una revolucionaria obra de ballet con coreografía de Vaslav Nijinsky, con la que, dicen los críticos, comenzó la música del siglo XX. Durante la función, el público, entre el cual sobresalía gente de la talla de Pablo Picasso y Camille Saint-Saëns, reaccionó de la manera más contradictoria. Unos, como Saint-Saëns, simplemente se retiraron del recinto; otros la aplaudieron a rabiar; y otros se quedaron impertérritos, sin entender muy bien lo que estaban viendo, pero llenos de admiración por la novedad, como Cocó Chanel.

Siete años más tarde, Chanel pudo, por fin, conocer a Stravinsky y, además, ofrecerle un refugio en su propia casa francesa, tras la persecución de que fue objeto el compositor ruso después del triunfo de la Revolución. Y entonces sucedió lo inevitable: se entregaron a un apasionado romance. Cocó había enviudado hacía poco; Igor, en cambio, vivía en casa de Cocó con su esposa y con sus hijos.

De la intensidad de esos encuentros intenta dar cuenta esta película. Digo intenta porque nunca, en últimas, sabemos qué tan intensos fueron. Algunas secuencias nos permiten verlos desnudos y entregados el uno al otro, pero no son suficientes para describirnos hasta dónde llegaron, o hasta qué punto se frenaron. Apenas sabemos, por referencias forzadas, que ella se consideraba una rebelde y que él no la consideraba una artista. Y de pronto vemos a la esposa de Igor, Catherina, reconocerle a Cocó su independencia en la labor de quitarle el marido. Pero no hay manera de conectarse con esa pasión fría y sin gestos. Mads Mikkelsen, en especial, es demasiado rígido en su papel de Stravinsky; mientras Anna Mouglalis solo puede exhibir de Cocó sus atuendos.

Lo hermoso, eso sí, es la dirección de arte. Todo lo que aparece en pantalla es esplendoroso, magnífico, lleno de glamur. La casa Chanel prestó no solo la ropa de la diseñadora, sino su casa de la campiña francesa, para que pudiéramos gozar de esa época de refinada elegancia en la que se desenvolvió Cocó, y durante la cual compuso Igor.

Una película más bien floja, en medio de una ambientación de lujo.

La versión de mi vida

No hay grandes pretensiones en esta película: simplemente narra con detalle la vida de Barney Panofsky, un satírico productor de televisión que luego de dos matrimonios conoce, al fin, el amor de verdad. Pero es precisamente ahí donde está su encanto: en la meticulosidad con que se enfatizan los detalles, en los personajes tan humanos (Dustin Hoffman, por ejemplo, es brillante en su papel de papá) y en una historia que nos transporta de principio a fin entre la melancolía y la alegría. Imperdible.

Bogotá se viste de cortos

Si hay un único momento para empaparse del panorama cinematográfico en formato de cortometraje (es decir, el formato en el que se cocinan en bajo los directores del futuro), es el Festival Internacional In Vitro Visual (FIIVV’11), que este año llega a su cuarta edición. Entre el 6 y el 10 de diciembre, cerca de 40 producciones colombianas y más de 100 de otros países competirán por la estatuilla Santa Lucía, y estarán disponibles en Bogotá, en tres escenarios: la Cinemateca Distrital, la sala Fundadores de la Universidad Central, y el Museo Nacional. Sobresale la muestra de cortos del País Vasco, ofrecidos por el Festival de Cine de San Sebastián; la muestra francesa, que incluye más de 50 cortos, y la retrospectiva de Lotte Reiniger, pionera de la animación alemana. Las proyecciones son gratis.