Los caballos de Pablo Hermoso de Mendoza viven como reyes

El mejor rejoneador del mundo nos abrió las puertas de la finca del industrial Fabio Echeverry, donde guarda los 15 caballos que trajo para la temporada taurina en Bogotá.
Los caballos de Pablo Hermoso de Mendoza viven como reyes

Estos son los secretos para tener la cuadra más refinada y famosa del mundo del rejoneo.

Pablo Hermoso de Mendoza dice que sus caballos no tienen precio. Hay quienes aseguran que un solo ejemplar de su cuadra puede costar un millón de dólares, pero él, con toda templanza, insiste en que no están en venta. Solo una pequeña parte de la producción de su finca en Estella, ciudad de Navarra, al norte de España, está disponible para el público. El grueso de la caballada hace parte de esa búsqueda de la perfección en la que se embarcó hace ya 22 años cuando decidió ser el mejor rejoneador del mundo.

En esa búsqueda ha empleado la genética, pero sobre todo le ha dedicado las 24 horas de la mayoría de sus 45 años a hacer cruces, domar caballos, buscar las mejores yeguas para los ejemplares que le dejaron glorias pasadas y que ya han obtenido la merecida jubilación. No es gratuito el orgullo con el que habla de cada uno de sus animales ni el alarde con el que los exhibe. No es para menos. Sabe que no solo es de lejos el mejor torero de a caballo sino que sus equinos ya son famosos en el mundo por el porte y la valentía con los que enfrentan al toro.

Diez años tuvieron que esperar los aficionados colombianos para tener a Hermoso en estas arenas. La primera vez fue hace un año, cuando escribió páginas históricas en la Santamaría de Bogotá al cortar dos orejas y un rabo, después de casi 60 años sin esta hazaña. Esta semana cumplió su segunda cita con la afición bogotana y, aunque no logró igualar esa faena de 2011, hizo que lo aplaudiera de pie en varias oportunidades. Una de ellas cuando, montando a Pirata, un hermoso corcel blanco, se acercó hasta besarle la cabeza al toro, luego de agarrarlo literalmente por los cachos y danzar, los tres, en una simbiosis inexplicable.

Ese tipo de suertes las logra con Pirata, el caballo con más personalidad de su cuadra. “Es fuerte, agresivo, rebelde y se trenza en una verdadera lucha de poder a la hora de enfrentar al toro”, dice Hermoso. Pero semejantes características hacen que su relación con los seres humanos no sea la mejor. Ha mordido y pateado a sus cuidadores (y a los toros también) y en las plazas y establos tienen que reservarle un lugar especial para que no agreda a otros caballos ni a las personas que se le acercan, rendidas ante su figura elegante y su impecable color blanco.

A pesar de eso, Pirata no es el mejor caballo de su cuadra. La joya de la corona es Chenel. Fue el primero que le mostró a CROMOS, cuando nos abrió las puertas de las caballerizas donde aloja sus animales mientras están en Colombia. Apenas abre la puerta, el caballo se acerca al domador con docilidad y dulzura. Mientras Hermoso se explaya hablando de las inmejorables condiciones que reúne el animal, explicando que es un artista, que se enfrenta con agilidad felina a todo tipo de toros, que se recrea y transmite mejor que nadie sus pensamientos, este ejemplar castaño se queda viéndolo como si entendiera la cascada de elogios que acaba de pronunciar su amo. “Chenel expresa como nadie lo que yo siento, es como una prolongación de mi cuerpo”.

La relación que construye Pablo Hermoso con sus animales es única. De otra forma no se explica semejante derroche de plasticidad que logra en el ruedo. Los entendidos aseguran que el arte del rejoneo cambió con este navarro, porque no usa el equino para desplazarse y dar la estocada, sino que literalmente torea con el caballo.  

Pablo convive con sus caballos. Los ve nacer, los cuida, los doma. Son más de tres años de trabajo continuo con un ejemplar antes de que pueda salir a la plaza a torear. Y no es difícil imaginar que estos animales viven rodeados de cuidados. El principal, dice él, es psicológico, porque el animal debe prepararse para enfrentarse a situaciones extremas y es el jinete el encargado de cuidar su moral para que no se acobarde, para que aprenda a conocer los toros hasta dominar todos los secretos de la lidia.

La filosofía de este rejoneador se basa en la relación de fidelidad que nace entre el caballo y su jinete. El animal confía en su montador, porque es él quien manda, quien lo guía en la plaza y va en busca del toro, por fidelidad a él. Y por esa misma razón, los ejemplares asumen la carga de estrés que significan los largos trayectos de traslado y la llegada a la plaza directo al calentamiento y la preparación previos a una corrida. 

En el caso de los quince caballos que trajo para la presente temporada en Colombia, viajaron 30 horas, por tierra, de España a Amsterdam, en Holanda, donde existe una desarrollada industria del transporte de carga especializada. De allí salieron en un vuelo chárter especial para este tipo de animales. Al llegar a Colombia, el 20 de diciembre, cumplieron con una cuarentena impuesta por las autoridades para verificar el estado de salud de cada animal.

Llegaron a la finca del industrial Fabio Echeverry Correa, reconocido caballista, porque el sitio cumple las condiciones que Hermoso considera necesarias para sus animales. Con ellos viajaron Pepito (español), Isabela (rumana) y Lucía (francesa), los tres palafreneros que no los desamparan ni de noche ni de día.

En España se les dice mozo de caballos y son los encargados de alimentar, bañar, herrar, peinar y vigilar la salud de los animales. Velan su sueño y revisan hasta las heces en busca de una señal de alarma. Lucía, la francesa, lleva cinco años trabajando en la cuadra de Hermoso y conoce la personalidad de cada ejemplar. Sabe que para tratar a Pirata se necesita hablarle duro y que si echa las orejas para atrás es porque está tan bravo que puede lanzarle un mordisco.

Hay tres aspectos que deben observar con atención: la posición de la cabeza, los ojos y las orejas. “Si está tristón, se revuelca y se mira la tripa, puede tener cólico”, explica con una graciosa mezcla de acento francés y español de España. “Si las orejas están gachas hay que revisar que la temperatura no pase de 38,5 grados”.Hermoso supervisa cada tanto la labor de los cuidadores y de sus nuevos prospectos. Sin embargo, en su hacienda tiene también un área especial dedicada a los caballos que le dieron grandes glorias y que ya están retirados. Viven libres en el campo, sin montura, sin más trabajo que montar yeguas para prolongar su descendencia, disfrutando de una vida apacible en las praderas. Allá está Cagancho, el caballo más grande del rejoneo al que nunca más han vuelto a montar.